viernes, junio 20, 2008

Objeción de conciencia, derecho y deber

La objeción de conciencia del profesional sanitario es un tema muy debatido que está de actualidad por el caso de un ginecólogo gaditano al que de forma cautelar un juez le ha eximido de hacer pruebas de diagnóstico prenatal. El autor respalda este derecho-deber, que emana de la Constitución e implica ser fiel a las propias convicciones morales.

José Jara Rascón. Presidente de la Asociación de Bioética de la Comunidad de Madrid 06/06/2008
Llamativamente en estos días la objeción de conciencia vuelve a ser noticia. El caso de un ginecólogo de Algeciras que, desde hace años, se había declarado objetor al diagnóstico prenatal por considerar que dicha prueba no sirve para curar o mejorar la vida del feto sino para someter a un riesgo el embarazo en curso y plantear a los padres si desean proceder a un aborto, ha encontrado un respaldo legal inicial al aceptar el juez las medidas cautelares que le permitirán por ahora mantener su situación (ver DM del 5-VI-2008).

Lógicamente, esta objeción no se hace, como quieren ver algunos, a una técnica diagnóstica en particular, sino que se encuadra, de modo más amplio y fácilmente entendible a todo aquel proceso diagnóstico o intervencionista que tenga como medio o fin ocasionar la muerte de una vida humana en gestación. Por tanto, nada nuevo bajo el sol. El Código de Deontología de la Organización Médica Colegial (OMC) ya recoge esta posibilidad en su artículo 26 al mencionar que "el médico tiene el derecho a negarse por razones de conciencia a aconsejar algunos de los métodos de regulación y de asistencia a la reproducción, a practicar la esterilización o a interrumpir un embarazo".

¿Dónde está por tanto el interés de esta noticia? A diario la objeción de conciencia se ejerce pacíficamente en muchos hospitales por médicos y personal de enfermería que, quizás ya desde el momento de firmar sus contratos o desde las primeras situaciones incómodas en las que se vieron inmersos, notificaron a sus responsables jerárquicos directos su deseo de no verse involucrados en prácticas que violentaban sus convicciones morales. Desde luego, este tipo de decisiones no suelen ser cómodas ni fáciles. Pueden recibirse con incomprensión o incluso causar el rechazo de los compañeros de trabajo que piensan de modo contrario y suelen conllevar el tener que asumir otra carga asistencial que compense el trabajo no realizado para equilibrar el reparto de actividad laboral dentro del equipo. En situaciones ocasionales de conflicto, en las que un superior se ha empecinado en no respetar este derecho emanado de nuestra Constitución (artículo 16) y reafirmado en varias sentencias del Tribunal Constitucional (15/82, 53/85) los colegios de médicos han ofrecido un importante papel de mediador aclarando situaciones equívocas y poniendo las cosas en su sitio.

Listas de objetores
Por eso, resulta poco comprensible y quizás menos aceptable que, desde el Ministerio de Sanidad se haya manifestado recientemente un deseo de configurar listas de objetores, de un modo similar al que se ha decidido para iniciar un listado o registro de pederastas.

Es de suponer que dichas listas, al pertenecer a un organismo público, serán también públicas. Es decir, de fácil acceso "confidencial" para quien desde el Ministerio quiera consultarlas. ¿Se realizarán estas listas en beneficio de los objetores? Como la razón por la que se han decidido hacer no ha quedado suficientemente clarificada, es de suponer que no se harán para enviar felicitaciones de Navidad, sino para otros fines que pueden servir para primar contratos de trabajo, o no, en función de las convicciones o ideología de los que allí hayan quedado retratados.

¿Avance o retroceso?
La pregunta más básica que puede surgir ante esta posibilidad es si esta situación se puede considerar un avance o un retroceso en la conquista de derechos y libertades de los ciudadanos. Hasta ahora a nadie se le había exigido que manifestase sus convicciones ni su ideología o religión por escrito para acceder a un puesto de trabajo público o ante un organismo dependiente del poder estatal. ¿Por qué se quiere hacer esto con los médicos? ¿Están seguros los asesores jurídicos ministeriales de que estas listas negras no vulneran el respeto a no ser discriminado por motivos ideológicos que consagra nuestra Constitución o, simplemente, no les importa?

Realmente, es mucho lo que está en juego, no sólo para los objetores, sino para el sistema de valores de nuestra sociedad. La fidelidad a la propia conciencia no es un hecho negativo. Sólo quien no se respeta a sí mismo, quien es capaz de venderse o de traicionar sus convicciones para medrar o carece de convicciones puede desear que los demás también participen de esa situación moral. La argumentación de los que en un Estado de Derecho niegan validez al hecho de ser fiel a las propias reglas morales recuerdan patéticamente a la jocosa frase de Groucho Marx cuando afirmaba: "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros". Por eso es de esperar que la Comisión Deontológica de la OMC no se preste a este juego apoyando la creación de innecesarios registros de objetores, intención que ya alguien ha apuntado. A partir de esto, quizás la próxima idea podría ser que los objetores lleven algún distintivo en la bata que los reconozca como tales, alguna estrella de varias puntas de algún color, por ejemplo. Todo es cuestión de proponerlo. Siempre habría alguien que lo defendería en beneficio del "mayor interés del paciente".

Desde algunos ámbitos mediáticos, también desde la bioética, se ha querido presentar a los objetores como personas bajo sospecha o como equivocados incapaces de ejercer dignamente la medicina.

En un foro de debate, recientemente, una persona se ufanaba públicamente de haber amedrentado a un residente de Ginecología que había acudido a él pidiéndole su apoyo por razón de su cargo, conminándole a cambiarse de especialidad o incluso de carrera profesional.

Frente a esta actitud, Robert Spaemann, uno de los más brillantes expertos en bioética afirma: "La conciencia no es un oráculo infalible. Pero su voz nos marca la dirección, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Respetar la conciencia de los demás es respetarse a sí mismo".

El recurso, por tanto, a la simplista argumentación de que las leyes están hechas para ser cumplidas, debe ser matizado: las que deben ser cumplidas son las justas, que se promulgan en beneficio de la comunidad. Ante el sentimiento de que una norma es injusta, la más básica reacción de las personas justas es la de no colaborar.

Así se entendió en el juicio de Nuremberg que juzgó colaboraciones de médicos en las eutanasias realizadas bajo el régimen nacionalsocialista.

No a todo el mundo se le puede exigir que se oponga activamente contra legislaciones abusivas poniendo en juego sus intereses legítimos, pero sí que no se colabore activamente con aquello que se considera injusto.

No es un capricho
En el ámbito de las ciencias de la salud, las personas que objetan a ciertas actuaciones no lo hacen por un capricho injustificado o por escrúpulos enfermizos, sino porque consideran en conciencia que lo que se les pide no es en beneficio de la vida humana (en el caso del aborto, el resultado sin eufemismos es la eliminación de una vida en gestación). De hecho, lo que en ocasiones se presenta como un derecho a la salud son actuaciones que poco tienen que ver con los fines de la medicina: curar enfermedades o aliviar los sufrimientos derivados de ellas. Por estas razones, en nuestros sistemas políticos democráticos se justifica que las personas que han sido coherentes consigo mismas sigan siendo presentados como modelos morales de referencia cuando han luchado por causas sociales (y la defensa de la vida humana lo es) aun en contra del poder establecido. En cambio, quienes se han empeñado con medidas coactivas en obligar a los demás a que piensen como ellos, suelen merecer la repulsa más generalizada. En el fondo, todo esto sería un reflejo de la vieja incapacidad de lograr convicciones que, cuando se demuestra impotente, recurre a imponer coacciones.

Parece desear, por tanto, que las próximas noticias -entendiendo como noticia lo novedoso, lo extraño, lo insólito- no sea que alguien en el mundo de la medicina haya optado por su deber de ser fiel a su conciencia sino que realmente no haya sido capaz de mantener esa coherencia.




Adopcion Espiritual

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