Mi silencio entre nubes y cementos,
de año tras año, y en el que se recrea,
al eco de mis propios pensamientos,
la plena placidez que los rodea.
Mi salir a la calle en soledad
-pisadas de algodón, mudos cláxones-,
"déficit de sonidos: la ciudad.
"superávit de paz: mis sensaciones
No existe el decibelio. Al cielo raso
sin tonos y sin timbres, ni rutina,
mi silencio... ¡es pentagrama a mi paso,
con corcheas y fusas sin sordina!
Ver moverse unos labios, intentar
desentrañar palabras en cadena.
Resolver el problema de escrutar
boca que va a alegrarme y traerme pena.
Sin pájaros cantores, calla el viento,
cascadas de agua, mudas entre riscos...
¿Mozart? ¿Beethoven? ¡Casi los presiento,
mientras gira en silencio un tocadiscos!
Mutismo en rendimiento del taller,
funcionar amordazado del motor...
¿labios trémulos?: la voz de una mujer
cuanto está musitando un gran amor.
¿Mi teléfono? Es un mágico instrumento
y el timbre de mi casa nunca suena.
¡ Pero, sereno, mientras silba el viento
permanezco impasible cuando truena!
Las olas que se agitan en el mar
dan rimas de asonancia a mi poesia...
¿Lluvia que no repica en el cristal?
Igual me llena de melancolía
Mis ojos van sedientos de mirar
Tranquilidad. sin sustos. Vibraciones
¿Nada canta? ¡ yo llevo mi cantar!
Soy un juglar, sobrado de canciones.
Un torbellino de gaya algarabía
mi gritó en la retina: Amanecer
(Caracola marina, ¡Un nuevo día,
con mil empresas por acometer!)
Mi silencio que aplaca y que serena
en su vaivén de inercia, hacia la calma,
que amplifica esa voz que me resuena
con millones de arpegios en el alma;
Tu palabra, Señor, si no la oyera
¡Entonces mi silencio abismo fuera!
Gracias a Félix Jesús Pinedo Peydró