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viernes, abril 16, 2021

Detengamos la desintegración social: Defendamos el matrimonio

Detengamos la desintegración social: Defendamos el matrimonio

Padre Shenan J. Boquet

Presidente

Human Life Internacional

Publicado originalmente en inglés el 4 de enero de 2021 en: https://www.hli.org/2021/01/stop-societal-breakdown-build-up-marriage/

“La familia está llamada [al verdadero amor] a lo largo de la vida de sus miembros, desde la concepción hasta la muerte. La familia es verdaderamente el santuario de la vida…, el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Por esto, el papel de la familia en la edificación de la cultura de la vida es determinante e insustituible.”

- Papa San Juan Pablo II, Evangelium Vitae, no. 92.

“¿El matrimonio se está volviendo irrelevante?” Ese es el discordante titular del sitio web de Gallup, que informa los resultados de una nueva encuesta. La respuesta a la pregunta, desafortunadamente, parece ser un rotundo “sí”. De maneras clave, el matrimonio se está volviendo irrelevante para un gran número de personas [1].

Los resultados de la encuesta muestran un cambio angustiosamente rápido en las actitudes públicas en cuanto a la importancia del matrimonio en relación con el acto conyugal y la transmisión de la vida humana. Según Gallup, ahora solo el 29% de las personas creen que es “muy importante” que una pareja se case antes de tener hijos. Ello es una caída del 49% en comparación con 2006. Mientras tanto, el 72% de los encuestados dijo que es moralmente aceptable participar en un acto sexual fuera del matrimonio. Ello constituye un aumento del 53% con respecto a la respuesta dada en 2001. Esta encuesta revela la triste situación actual en cuanto a cómo la gente en general ve la sexualidad humana, el matrimonio, la procreación, los niños y la familia.

Además, un hallazgo especialmente desalentador es lo dramático que ha sido el cambio de opinión entre las personas que asisten a la iglesia. En 2006, el 65% de los encuestados que iban a la iglesia semanalmente dijeron que era “muy importante” que las parejas que engendraran hijos se casaran. En 2020, sin embargo, fue solo del 45%, ¡una caída de 20 puntos porcentuales! Entre los que van a la iglesia mensualmente, el número ha bajado del 58% al 32%, ¡una diferencia de 26 puntos porcentuales!

La buena noticia es que las personas que asisten a la iglesia son más propensas que las personas que nunca asisten a la iglesia a pensar que el matrimonio es importante (solo el 19% de las personas que no asisten a la iglesia dijeron que estar casados ??es “muy importante”, en comparación con el 32% en 2006); la mala noticia es que las opiniones de las personas que asisten a la iglesia han empeorado mucho más rápidamente que las de las personas que no asisten a la iglesia.

La encuesta de Gallup también encontró que solo el 38% de las personas creen que es “muy importante” para las parejas que quieren pasar el resto de sus vidas juntas casarse. Como era de esperar, el número de encuestados que dicen estar casados ??actualmente ha disminuido significativamente en las últimas décadas. A principios de la década de los 80, el 64% de las personas encuestadas dijeron que estaban casadas, sin embargo, desde entonces, ese número ha caído a solo el 49%.

Los efectos negativos de la desintegración familiar

Desafortunadamente, ninguno de estos hallazgos es una gran sorpresa. Desde la introducción de la anticoncepción a pedido y el divorcio express, hemos sido testigos del gradual e inexorable colapso del matrimonio y la vida familiar. Esto se ha visto reforzado por la proliferación de una actitud hedonista hacia la sexualidad humana que pone mayor énfasis en el placer personal, el romance y la gratificación, que en el verdadero amor conyugal y la procreación. Esta actitud, en conjunción con la mentalidad y el comportamiento que promueve, falsea la sexualidad humana y divorcia el acto conyugal (acto destinado a ser exclusivo de los cónyuges) de sus dos fines inseparables: el unitivo y el procreador. Este tipo de acto sexual es muy diferente y contrario al que Dios ha creado para ser único y complementario entre los esposos. La falsificación de los bienes inherentes al matrimonio y al acto conyugal tiene consecuencias nefastas, que impactan la visión de uno mismo, los demás, el matrimonio y la familia.

Como escribió el Papa San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, no. 23:

Así se deforma y falsifica el contenido originario de la sexualidad humana, y los dos significados, unitivo y procreador, innatos a la naturaleza misma del acto conyugal, son separados artificialmente. De este modo se traiciona la unión, y la fecundidad se somete al arbitrio del hombre y de la mujer. La procreación se convierte entonces en el “enemigo” a evitar en la práctica de la sexualidad. Cuando se acepta, es sólo porque manifiesta el solo propio deseo, o incluso la propia voluntad, de tener un hijo “a toda costa”, y no, en cambio, por expresar la total acogida del otro y, por tanto, la apertura a la riqueza de vida de la que el hijo es portador.

Lo que parece que no nos hemos dado cuenta todavía, o al menos no a gran escala, es cuán devastador ha sido el colapso del matrimonio y la vida familiar para la salud de nuestra sociedad. Me sorprende, por ejemplo, la cantidad de diálogos y discursos públicos en los que se habla sobre la pobreza, la violencia, la mala educación y la falta de vivienda, pero lo poco que se dice de las razones sistémicas detrás de estos graves problemas y de dónde se puede encontrar el remedio.

Estudio tras estudio ha descubierto que los niños que no crecen con sus dos padres (papá y mamá) en el hogar sufren todo tipo de consecuencias negativas. Como señaló The National Review en respuesta a un artículo del New York Times que minimiza el impacto de las familias monoporentales en las tasas de pobreza, los datos son inequívocos: las familias monoparentales están significativamente vinculadas a un grave nivel de pobreza [2].

“Las ciencias sociales nos dicen que los niños criados por padres solteros o madres solteras tienen muchas más probabilidades de tener hijos jóvenes, de abandonar la escuela secundaria y de trabajar menos cuando son adultos jóvenes”, escribió W. Bradford Wilcox autor del artículo de respuesta por parte del The National Review al desafortunado artículo del New York Times. “No es sorprendente que los hijos de familias monoparentales tengan más probabilidades de terminar siendo pobres cuando sean adultos jóvenes”.

Por su parte, un estudio irlandés encontró que el impacto del divorcio en los niños puede ser incluso peor que si uno de los padres hubiera muerto. Según ese estudio, los hijos de padres divorciados tienen “más probabilidades de desarrollar depresión, les va peor en la escuela y tienen pocas habilidades sociales en comparación con otros niños”, informó la agencia católica informativa LifeSiteNews.com que dio a conocer el estudio [3].

Una de las investigadoras de este estudio irlandés dijo que esperaba que su investigación contrarrestara la narrativa común que describe el divorcio como algo intrascendente. “Nadie debería engañarse a sí mismo pensando que el divorcio es fácil”, dijo. “Mantener unido un mal matrimonio es difícil, pero proteger a los niños después de un divorcio puede ser aún más difícil. Los matrimonios deben darse cuenta de esto”.

Una amenaza para el bien común

El simple hecho es que la redefinición y la desintegración del matrimonio, exacerbados por la falsificación de la sexualidad humana, la anticoncepción y la aceptación del divorcio y el concubinato, plantean amenazas genuinas y graves para el bien común y el bienestar de la sociedad. El matrimonio entre un hombre y una mujer, algo que puede entenderse simplemente a partir de la ley natural, ha sido durante milenios la piedra angular de la sociedad civil.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, en el no. 2207:

“La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad… La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad”.

Los niños siempre deben ser bienvenidos como una bendición en cualquier circunstancia. Tienen derecho a ser criados por sus padres biológicos y alimentados dentro de la familia, escuela de aprendizaje de los genuinos valores instituida por Dios. Hoy, sin embargo, los niños sufren ampliamente por el rechazo, el abandono, el divorcio y los hogares monoparentales y de múltiples relaciones. Debido a la falsificación de la sexualidad humana y la amplia aceptación de la anticoncepción, los niños ya no son vistos como el fruto del amor conyugal; en cambio, se etiquetan como una carga, una consecuencia no deseada del acto sexual. Además, los niños son tratados como objetos de explotación, engendrados fuera del acto conyugal en cajas de Petri en laboratorios, convirtiendo la procreación en una “producción” que deshumaniza a los niños.

Desafortunadamente, los vicios que se alimentan en la privacidad de una vida familiar disfuncional tienen la tendencia a perpetuarse a través de las generaciones y de ahí a extenderse a la sociedad en general. Una de las consecuencias del divorcio es que, a su vez, los hijos de familias rotas tienen más probabilidades de divorciarse [4]. El divorcio engendra el divorcio, se propaga como un virus y trae consigo todas las diversas consecuencias negativas personales y sociales que hemos señalado.

Construyamos una cultura de vida defendiendo el matrimonio

Mi pregunta, entonces, es la siguiente: ¿Cómo podemos reconstruir una sociedad basada en las virtudes, que ame, respete, defienda y sirva a la santidad de la vida y la dignidad de la persona, si la célula original de la vida social (el matrimonio y la familia) sobre la que se deconstruye la sociedad es rechazada, comprometida o redefinida a imagen de las deconstrucciones y el lenguaje ambiguo y equívoco que utilizamos hoy en día?

Después de todo, un edificio construido sobre arena colapsará.

Desafortunadamente, con la legalización del “matrimonio” entre personas del mismo sexo y el triunfo casi total de la mentalidad anticonceptiva y la revolución sexual, incluso muchos conservadores y activistas provida y a favor de la familia han perdido de vista la importancia de la batalla por el matrimonio, que es ampliamente visto como “una causa perdida”.

Bueno, la batalla bien puede estar “perdida” por ahora. O parece estar perdida. Pero el hecho que debemos enfrentar es que la batalla por una Cultura de la Vida nunca se ganará a menos que cambiemos la dirección en la que va nuestro barco y comencemos a hacer algunos progresos en la batalla por el matrimonio también.

Los datos muestran claramente que la tasa de abortos entre las mujeres solteras y que conviven es mucho más alta que entre las mujeres casadas [5]. Esto no es de extrañar. Biológicamente, las mujeres soportan la peor parte de la carga de tener un hijo. Estar en un matrimonio estable proporciona a las mujeres la seguridad que necesitan para traer un hijo al mundo. Sin embargo, si el padre del niño se ha ido, o es probable que se vaya en el futuro, es mucho más probable que la madre se sienta tentada a tomar medidas drásticas cuando quede embarazada, como la de recurrir al aborto.

Sin embargo, el problema es aún más básico. Si la mayoría de los hombres y mujeres no ven ninguna conexión entre las relaciones sexuales y el matrimonio, es más probable que tengan relaciones sexuales extramaritales. Cuantas más personas hagan esto, habrá más embarazos no deseados y más abortos. Las vidas de innumerables niños por nacer dependen de que defendamos el matrimonio y rechacemos las mentiras de la revolución sexual.

En la lucha contra la “cultura” de la muerte, la Iglesia necesita volver a lo fundamental. Los cristianos siempre han enseñado que la fornicación y el adulterio son pecados graves. Sin embargo, como sugieren los resultados de la encuesta de Gallup, las iglesias no están formando a sus congregaciones en las verdades bíblicas sobre la sexualidad humana y el matrimonio. Como proclamó el Papa San Juan Pablo II, “el futuro del mundo y de la Iglesia pasa a través de la familia” (Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, no. 75). Sin matrimonios y familias fuertes como fundamento, la sociedad seguirá desintegrándose. Sin embargo, si restauramos la centralidad del matrimonio y la familia, tal como los diseñó nuestro Creador, servirán de catalizador para rejuvenecer la vida social. Solo defendiendo el matrimonio y fortaleciendo la familia se puede revitalizar la sociedad.

Vida Humana Internacional agradece a José Antonio Zunino la traducción de este artículo.

jueves, octubre 19, 2006

Propuestas para revitalizar el matrimonio


Un nutrido grupo de investigadores americanos lanza un debate intelectual sobre las ventajas del matrimonio


18-10-2006
109/06

En los últimos años está presente en la sociedad civil norteamericana un fuerte movimiento a favor de revitalizar el matrimonio. Un debate que vaya más allá de los adjetivos tópicos de conservador o progresista, exige tener en cuenta lo que las ciencias sociales han revelado sobre los efectos y costes sociales de distintas formas familiares. Esto es lo que se han propuesto un nutrido grupo de profesores universitarios norteamericanos de primera fila, en un documento (1) que destaca por su análisis y sus propuestas.

No es nada fácil sintetizar en poco más de cuarenta páginas las ventajas que supone el matrimonio para la pareja y para la sociedad, así como identificar las tendencias que hoy lo amenazan y formular unas propuestas de reforma asequibles. Y citando en cada caso las investigaciones que avalan lo que se afirma. Los más de 70 profesores universitarios firmantes del documento "Marriage and the Public Good: Ten Principles" lo consiguen de modo brillante y sereno.

Se nota que entre los autores hay intelectuales relevantes, de universidades prestigiosas. Juristas como Mary Ann Glendon, de Harvard, o Roger P. George, de Princeton; filósofos como Ralph McInerny, de la Universidad de Notre Dame, o Daniel N. Robinson, de Georgetown; psicólogos como Paul C. Vitz o Roger Scruton; bioéticos como Leon R. Kass, de la Universidad de Chicago; expertos en política pública como James Q. Wilson o Jean Bethke Elshtain... Historiadores, economistas, biólogos, expertos familiares... Católicos, judíos, protestantes o no creyentes. Lo que les une es que tienen a sus espaldas años de docencia y abundantes publicaciones. Y su determinación de defender el matrimonio.
Argumentos racionales

No lo hacen por su apego a una tradición o por motivos estrictamente religiosos. Defienden una comprensión del matrimonio que "es el fruto trascultural de una amplia reflexión y experiencia humanas, y está apoyada en un considerable número de pruebas proporcionadas por las ciencias sociales". Pero también advierten que "una cultura matrimonial no puede florecer en una sociedad cuyas instituciones básicas –universidades, tribunales, legislaturas, religiones– no solo no defienden el matrimonio, sino que lo debilitan tanto conceptualmente como en la prática".

Su contribución sigue varios pasos. Primero, establecen "Diez principios" que sintetizan su modo de entender el papel del matrimonio y la familia en la sociedad. En segundo lugar, aportan los resultados de investigaciones en ciencias sociales y biológicas que avalan su análisis, citando siempre la bibliografía para quien quiera comprobarla; ahí predominan los datos empíricos, referidos sobre todo a EE.UU. Pero la defensa racional del matrimonio no puede basarse solo en la utilidad; por eso sigue el análisis desde el punto de vista de la filosofía política y moral. Finalmente, hacen sus propuestas sobre políticas que fortalezcan el matrimonio como institución social.
Cuatro amenazas

Estos expertos señalan cuatro tendencias que están minando los beneficiosos efectos sociales que tiene el matrimonio. El primero es el aumento de las rupturas matrimoniales:

"Desde 1960 a 2000, la tasa de divorcio en los Estados Unidos creció más del doble, pasando del 20% al 45% de todos los primeros matrimonios, aunque se aprecia un ligero descenso desde 1980. Los datos muestran que aproximadamente dos tercios de los divorcios de matrimonios con hijos tuvieron lugar en parejas con bajo nivel de conflicto, en las que la causa del divorcio no fue la violencia doméstica o el maltrato psicológico. Por desgracia, la mayor carga del divorcio de los padres recaerá sobre esos niños".

Y aquí los autores citan los abundantes estudios que han comprobado la mayor probabilidad de repercusiones sociales negativas en los hijos de divorciados (fracaso escolar, escasa relación con uno de los padres, problemas mentales, consumo de drogas, más riesgo de divorcio al llegar a adultos...).
Hijos nacidos fuera del matrimonio

"Desde 1960 a 2003, el porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio creció del 5% al 35%. Aunque un creciente número de estos niños nació en parejas que cohabitaban –el 42% según una reciente estimación– la mayoría pasarán gran parte de su infancia en un hogar monoparental, entre otras cosas porque la gran mayoría de las parejas no casadas acaban separándose, también las que tienen hijos".

El mayor problema de esta situación es que niega a los hijos la oportunidad de tener dos padres comprometidos diariamente con su bienestar material y psicológico. Y los niños de familias monoparentales sufren también las desventajas asociadas con los hijos del divorcio.
Cohabitación, relación débil

Los autores consideran que el crecimiento de la cohabitación es una tendencia negativa, pues las parejas que cohabitan son por regla general más débiles que los matrimonios y dan lugar a un tipo de relación más pobre. "La cohabitación no implica el mismo nivel de compromiso moral y legal que el matrimonio; estas parejas a menudo no están de acuerdo sobre el estatus de su relación; y no reciben de sus amigos y familiares el apoyo social que reciben las parejas casadas".

Citan estudios según los cuales las parejas que cohabitan presentan mayores tasas de violencia doméstica, infidelidad sexual e inestabilidad, en comparación con las parejas casadas. La mayoría de los estudios muestran que las parejas que cohabitan antes de casarse tienen mayor riesgo de divorcio, en comparación con las parejas que se casan directamente sin cohabitación previa (aunque el riesgo de divorcio no parece ser superior en las parejas que solo cohabitan después de comprometerse).

La cohabitación no es el mejor ambiente tampoco para la crianza de los hijos. Según un reciente estudio, el 50% de los hijos nacidos en parejas de hecho verán que sus padres se han separado antes de cumplir los cinco años, mientras que en las parejas casadas eso lo experimentarán el 15% de los hijos".
Hijos en parejas homosexuales

Los académicos advierten que "la actual investigación sobre los niños criados en parejas del mismo sexo es todavía inconcluyente y poco desarrollada: no tenemos estudios longitudinales, de amplia base y a largo plazo". "Sin embargo, amplia literatura científica sobre la crianza de los hijos indica que los dos sexos aportan diferentes talentos a la educación de los hijos, y que es beneficioso para los niños crecer estando a cargo de sus dos padres biológicos".

Más claro les parece que el matrimonio entre personas del mismo sexo solo puede perjudicar al concepto de matrimonio. "El matrimonio homosexual debilita más la idea de que procreación y matrimonio están conectados. Socava la idea de que los hijos necesitan un padre y una madre, debilitando aún más la norma social de que los hombres deben responsabilizarse de los hijos que engendran. Finalmente, el matrimonio homosexual corroerá probablemente las normas de la fidelidad sexual, desde el momento que los partidarios del matrimonio gay y las parejas de este tipo tienden a minusvalorar la importancia de la fidelidad sexual en su definición de matrimonio. Estudios sobre hombres que se han unido civilmente en Vermont indican que el 50% de ellos no valoran la fidelidad sexual, y que los índices de promiscuidad sexual son altos entre los varones gays".
Cambiar es posible

Los autores proponen prestar especial atención a cinco áreas.

1. Proteger la concepción pública del matrimonio como la unión de un hombre con una mujer como esposo y esposa.

"La definición legal del matrimonio es influyente. Los jueces no deberían tratar de redefinir el matrimonio imponiendo una concepción jurídica del matrimonio, o declarando falsamente que nuestra idea histórica del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer se deriva del prejuicio o la sinrazón. La ley no debería trasladar a la próxima generación el falso mensaje de que el matrimonio es irrelevante o secundario, extendiendo los beneficios del matrimonio a las parejas o individuos no casados".

Para proteger la institución del matrimonio los firmantes proponen dirigirse a los representantes electos para pedirles que voten contra cualquier ley que altere el significado del matrimonio.

Sin embargo, precisan, "no nos oponemos a que dos o más personas, tanto si son parientes como si no, lleguen a acuerdos legales para compartir la propiedad, los seguros, tomar decisiones médicas por el otro, etc.".

Sí se oponen a que se dé a las parejas de hecho el mismo estatus que a las casadas. "Sería injusto e imprudente tanto imponer obligaciones maritales a gente que no quiere asumirlas como extender los beneficios del matrimonio a parejas que no están casadas".
2. Ensayar reformas en las leyes de divorcio.

"Bajo la actual legislación americana de divorcio, los tribunales ofrecen menos protección al contrato matrimonial que a un contrato mercantil ordinario. Algunos de nosotros apoyamos volver a un sistema de divorcio basado en la culpa, otros no. Pero todos reconocemos que el sistema actual ha fracasado, tanto en términos éticos como prácticos, y necesita una reforma profunda".

Frente a los que propugnan un divorcio fácil como medio para defender a la mujer y a los niños en caso de violencia doméstica, los autores responden que este es un falso remedio para un asunto importante: "Ya que tanto los niños como los adultos sufren un riesgo mucho mayor de violencia doméstica y malos tratos en las uniones de hecho, fomentar altas tasas de fragmentación familiar no es una buena estrategia" para protegerlos.

Como propuestas concretas para frenar las rupturas matrimoniales, sugieren:

a) Ampliar los periodos de espera para el divorcio unilateral sin culpa. Requerir a las parejas de matrimonios que no sufren violencia que reciban un asesoramiento (religioso, secular o público) que les ayude a resolver sus diferencias y a renovar su compromiso matrimonial.

b) Permitir los pactos prematrimoniales restrictivos del divorcio para aquellas parejas que prefieran un compromiso matrimonial más fuerte que el que la ley prevé ahora.

c) Desarrollar en los tribunales los programas que incluyen intervenciones para casos de divorcio, para facilitar la reconciliación y mitigar la acritud y la litigiosidad.

d) Tener en cuenta los criterios de culpa de los cónyuges a la hora de distribuir sus propiedades, cuando son compatibles con el interés de los hijos. Las propiedades no deberían distribuirse del mismo modo entre el cónyuge que ha sido infiel o abusivo y el cónyuge inocente.

e) Crear programas pilotos de educación para el matrimonio e intervenciones en casos de divorcio en comunidades de alto riesgo, con programas tanto religiosos como civiles.
3. No penalizar a los matrimonios de baja renta.

Los autores mantienen que el sistema fiscal y de asistencia social de EE.UU. trata sustancialmente mejor desde el punto de vista económico a las parejas de hecho que a las casadas. Citan los casos de las deducciones del impuesto sobre los rendimientos del trabajo y Medicaid.

4. Mejorar en el sistema fiscal las disposiciones a favor de la familia y de los hijos.

5. Proteger los intereses de los niños frente a la industria de la procreación artificial.

"Los padres que buscan descendencia merecen nuestra comprensión y apoyo. Pero no hasta el punto de crear deliberadamente toda una clase de niños privados de su derecho natural a saber sus orígenes y su profunda necesidad de un padre y una madre unidos".

Para proteger a los niños frente a los intereses de esta industria proponen:

a) Prohibir el anonimato en la donación de semen o de óvulos. "Los niños tienen derecho a conocer sus orígenes biológicos. Los adultos no deben privar a los niños de este derecho para satisfacer sus propios deseos de tener descendencia".

b) Considerar la posibilidad de que el uso de las tecnologías reproductivas se reserve a las parejas casadas.

c) Que la ley no permita crear niños legalmente huérfanos. "Exigir que los donantes de esperma (y/o las clínicas como agentes subrogados) sean responsables legal y económicamente de cualquier niño al que den origen y que no tenga padre legal".

"En definitiva, concluyen, las familias, las comunidades religiosas, las organizaciones comunitarias y los políticos deberían trabajar juntos para conseguir reforzar el matrimonio de modo que más niños sean criados por su madre y su padre en uniones duraderas y llenas de amor".
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(1) El documento, titulado "Marriage and the Public Good: Ten Principles", es el resultado de debates académicos patrocinados por el Witherspoon Institute (Princeton, New Jersey). Hasta julio de 2006 había sido firmado por 71 profesores. Puede encontrarse en: http://winst.org/

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