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sábado, noviembre 10, 2012

Joven colombiana fue violada por su padre pero rechazó el aborto

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Verónica Cardona, una mujer colombiana de 21 años que quedó embarazada a los 16, tras ser violada por su propio padre, reveló el drama que pasó y cómo Dios le dio fuerzas para continuar, y ahora exhorta a las mujeres que pasan por casos similares a que “¡no tengan miedo de decirle sí a la vida, no tengan miedo de decirle sí al amor!”. 

 Entiendo que usted sufrió una violación y de aquello quedó embarazada. ¿Cuál fue el primer impacto al enterarse del embarazo y cómo llegó a aceptar a la nueva vida que llevaba consigo?

Bueno, el primer impacto fue sentirme totalmente destrozada. Fue un impacto muy grande el darme cuenta de que estaba embarazada. En ese preciso momento sentí que mi vida se había frustrado, más aun porque sabía que el bebé que venía en camino era el “producto” de una violación por parte de mi propio papá. Caí en depresión unos días, no quería matar a un ser inocente pero tenía miedo, quizás el mismo miedo que sienten muchas mujeres al enterarse de que están embarazadas. Miedo a que no fuera capaz de salir adelante, miedo a los prejuicios, miedo a que me vieran con lastima, miedo a afrontar la realidad, miedo a quedarme sola. Naturalmente casi toda mi familia, doctores, jueces, en fin todos querían que abortara y más aún aquí en Colombia, que se acababa de hacer “legal” el aborto en tres casos: por violación, por malformación y por riesgo de la vida de la madre. Yo cumplía con todos los requisitos: violación, una posible malformación por la información genética, y mi vida estaba en riesgo pues era un embarazo de alto riesgo
 Por otra parte, recodaba un día en el cual mi mamá llorando me pedía perdón pues ella había intentado abortarme, no quería que yo viviera, y pensé que yo no tenia el derecho de arrancarle la vida a nadie y menos a una personita indefensa que no podría defenderse, una personita que no me había hecho nada a mí. Y así, aunque en mi familia me dejaron de hablar por unos días, sólo mi mamá me apoyaba en mi decisión, pues me había dicho que fuera cual fuera mi decisión era mía y me iba a apoyar. Y así comenzó a crecer en mí el más grande milagro de amor. Fue una experiencia aunque dura, hermosa, cuando veía las ecografías podía darme cuenta del gran milagro de la vida, sentir sus pequeños pero inofensivos golpecitos en mi estomago. Y luego ver su ternura al nacer. 
  
¿Recibió consejería, o algún auxilio durante este proceso? ¿De quién y cómo fue? 
Para este tiempo mi mamá se encontraba asistiendo a una comunidad católica, y ellos me ayudaron bastante. Me animaban a seguir en mi decisión de traer vida al mundo, ya fuera que al nacer diera a mi hija en adopción, o decidiera quedarme con mi hija y salir adelante. Hablábamos de los muchos niños que han sido abortados. 

  ¿Qué papel jugó Dios para usted durante este tiempo? 
Durante este tiempo quise olvidarme de Dios. Me enojé con Él porque no podía entender cómo un Dios tan bueno y con tanto amor hacia mí podía permitir que me pasara esto, que no había hecho nada malo en la vida, y que desde antes de nacer ya estaba sufriendo bastantes dificultades pues desde el vientre de mi mamá ya no era deseada. No podía entender, mas sin embargo me refugiaba en Él y le pedía fuerzas para continuar adelante, y hoy estoy segura de que Él siempre estuvo conmigo en mis noches y días de llanto. ¡Era Él quien me animaba y me levantaba!  

¿Cómo se animó a compartir su experiencia y participar en marchas en favor de la vida? 
 Después del nacimiento de mi hija, me sentía con muchos vacíos y busque llenar mis vacíos y refugiarme en muchas cosas: amigos, fiestas, trago, trabajo. Por esa época, los papás de mi mejor amiga se iban a separar y los invitaron e ellos a un retiro espiritual de parejas en la comunidad Lazos de Amor Mariano. Ellos asistieron a pesar de haber hablado ya con sus abogados para empezar el proceso de separación, y cuando regresaron de este retiro era impresionante, parecían novios. Se decían amorcito, mi vida, se daban bocados de comida, se cogían de la mano. En los años que llevaba de conocerlos nunca había visto esto y yo soy como parte de la familia, incluso me encontraba trabajando con ellos. Ellos quisieron que yo fuera a un retiro de conversión en la misma comunidad. Tengo que admitir que sentí miedo de ir, porque sabía que me iba a encontrar con Dios, iba a entender muchas cosas. 
Sentía miedo porque hacía un tiempo le había dado la espalda a ese mismo Dios que siempre estuvo a mi lado. ¡Estando en el retiro pude volver a vivir! Pude perdonar a mi papá y a todos los que alguna vez me habían hecho daño. Entendí muchas cosas, me sentí digna nuevamente, ¡volví a nacer!, ¡fue hermoso! Cuando salí del retiro, sentí un gran deseo de pertenecer a esta comunidad, así que empecé un proceso. Por gracia de Dios, empecé a servir y me di cuenta de que la vida es un don. 
 Me indignaban, como me indignan ahora, los argumentos de los abortistas, que se escudan en casos como el mío para matar a un inocente y llenar sus bolsillos con dinero manchado de sangre inocente, diciendo que cada vez que veas a ese niño vas a recordar el momento tan doloroso en que fuiste abusada, o que si tiene alguna malformación va a ser un niño infeliz, o que si mueres quién cuidara de tus hijos. Argumentos tan tontos como el que me dio una feminista ecuatoriana, Diana Rodríguez, estos días por Twitter, donde me decía que en la conquista de la sociedad no participan los que han sufrido las circunstancias, y yo digo que absurdo es esto. Y al preguntarle que entonces quiénes participaban, me responde que es un insulto a su inteligencia debatir conmigo y bloqueó mi cuenta en su Twitter. Sentí la necesidad enorme de gritar la verdad al mundo, que es que un hijo nunca te recordará las circunstancias, porque es una persona absolutamente diferente, por el contrario te ayudará a sanar las heridas, le dará alegría y sentido a tu existir
Lo digo desde mi propia experiencia y no como los abortistas que hablan sin siquiera conocer o haber pasado por una experiencia de estas, porque la mayoría que apoyan el aborto no han abortado, pues las mujeres que, engañadas, abortan después son defensoras de la vida. No son infelices los niños con malformación. Además, la mayoría de diagnósticos médicos en estos casos se han equivocado. Según ellos, mi hija iba a ser un ogro y bueno, hoy es el más bello ogro. No tiene ninguna dificultad, no tiene ninguna enfermedad, no tiene ningún retraso. Y si lo tuviera, como una primita mía, no sería infeliz, por el contrario ella es absolutamente feliz. Y eso de que se puede abortar por riesgo de vida de la mamá, pues mueren mas mujeres abortando que mujeres dando vida. 

  ¿Qué opina de que casos como el suyo sean usados como bandera por quienes promueven el aborto? 
 A los abortistas no les importa la mujer como quieren aparentar. Si les importara verdaderamente, no ofrecerían un aborto sino, por el contrario, ayuda para salir adelante con su hijo, aceptarían realidades como el síndrome post- aborto, aceptarían que la vida comienza en la fecundación del óvulo como lo dicen los científicos. Reclaman “derechos” de la mujer y ellos son los primeros en pasar por encima de ellos, pues las mujeres tenemos derecho a saber la verdad, algo que ellos no hacen. Las mujeres tenemos derecho a una maternidad, y ellos pasan por encima de este hermoso don, convirtiendo el vientre de las mujeres en la tumba de su propio hijo. ¡El aborto no desembaraza a nadie! Matar no es una opción, es la peor decisión. La vida engendra vida, la muerte, por el contrario, engendra muerte, dolor, llanto, desesperación, angustia y una culpa que muy difícilmente se borrara de tu mente, de tu alma, de tu ser. Los abortistas no deben jugar con el dolor de la mujer y de muchos hombres también que son victimas de una aborto. Por último, quiero invitar a todos los católicos, cristianos, evangélicos, ateos y a todos los que están a favor de la vida, a que no nos cansemos de ser la voz de aquellos, que aunque tienen voz y derechos, han querido callarlos desde el vientre. ¡No tengan miedo a decirle sí a la vida, no tengan miedo de decirle sí al amor! Quisiera terminar con una frase de nuestro fundador, Rodrigo Jaramillo, “quien aborta a un niño de su vientre, aborta a Jesús de su corazón”. Y añado yo: “pues Jesús es la misma Vida”. 

 ¿Lograste perdonar a tu padre? Por gracia de Dios pude perdonar a mi papá, mirarlo a los ojos y darle las gracias por haberme dado la vida. Tu hija ¿sabe lo que ha pasado? o ¿eventualmente se lo explicarás? Mi hija aún no sabe bien todo lo que pasó, pero poco a poco le iré contando. Ella tiene derecho a saber la verdad. 

 Aciprensa.com

jueves, marzo 29, 2012

Testimonio que nos ofrecen Stefano y Maria Lanzani, padres de Anna Michelle



El extraordinario testimonio que nos ofrecen Stefano y Maria Lanzani, padres de Anna Michelle en esta carta.


Queridos hermanos y amigos:

Con mucha dificultad he logrado encontrar un momento para escribir los acontecimientos que en estos últimos días nos han acompañado. He tenido muchas veces el deseo de encontrar un minuto para contar y también para tener un memorial de lo que Dios nos ha regalado en este tiempo tan precioso.

Hemos esperado el nacimiento de esta niña durante 9 meses y tres semanas, un tiempo que al final parecía no pasar, ya que según las previsiones de los médicos, Anna Michelle tenía que nacer prematura. Así que desde Diciembre ya estábamos esperando las primeras contracciones de un momento a otro, y el parto que también se suponía iba a ser rapidísimo.

Yo dejé de tener citas de trabajo lejos de casa para no arriesgarme a estar lejos cuando el parto comenzara, pero las contracciones no aparecían. El tiempo transcurría entre las visitas al hospital, matronas y médicos que nos preparaban para las posibles evoluciones de un nacimiento que tampoco para ellos resultaba nada claro. Pasada ya la tercera semana de retraso, después de 3 intentos fallidos para inducir el parto, donde los médicos trataban que se diera por vía natural, he tenido una fuerte pelea con la cirujana responsable de la zona neonatal, que quería intentar por cuarta vez inducir el parto, esta vez rompiendo la bolsa amniótica. Habrían así matado a la pequeñita ya que su cabecita, para nada protegida, se vería perjudicada por el instrumental médico que habrían utilizado. La pelea que he tenido con ella se basaba únicamente sobre el hecho que desde el punto de vista médico y ético-hospitalario, los médicos consideraban de menor importancia el valor de la vida de esta niña en comparación con los riesgos de una cesárea que tal vez podría tener consecuencias para María. Esto simplemente porque se trataba de una niña terminal que aún naciendo por cesárea su destino no iba a cambiar.

Con mucha insistencia e implorando por una cesárea que nos negaron inicialmente, los médicos nos concedieron la operación para el martes 7 de febrero. No podían darnos una fecha peor: Davide, el hermano de Maria, sacerdote en Roma, tendría que irse. Costanza, hermana de María y su marido Dario, también viajaban a Italia. Mi hermano Simon Pietro y su mujer Annalisa también regresaban a Roma el mismo día. Maurizia, la madre de María, iba a ser operada ese mismo día en el mismo hospital. En fin, muchas de las personas que habían estado a nuestro lado en estos momentos, justo ese martes ya no iban a estarlo.

El lunes por la mañana hemos vuelto al hospital, un poco preocupados pidiendo que adelantaran la cesárea un día antes del que habían programado, preocupados sobre todo por el hecho de que desde el día anterior María ya no sentía moverse a Anna Michelle como solía hacerlo en esos días. Pensábamos que la niña estaría sufriendo y que se estaría muriendo en el vientre materno por causa del retraso del parto, ya fuera de tiempo. Ese día hemos peregrinado de un departamento a otro del hospital, con la esperanza de que se liberara una cama y un sitio en la sala de operaciones, pero sin mucho éxito. He imaginado en esos momentos lo que ha tenido que sentir la Sagrada Familia de Nazareth cuando José y María iban de puerta en puerta pidiendo hospitalidad en los albergues donde pudiera nacer el niño Jesús y no encontraron lugar para quedarse. Con mucha aflicción, regresamos a casa después de que esta última esperanza se esfumara, pero con la certeza (después de un pequeño registro) que la niña estaba bien. Debo decir, sin embargo, que Dios siempre hace bien las cosas y con mucha más sabiduría de como nosotros pudiéramos pensar.

Fue así como el martes por la mañana Davide, Costanza y Dario pudieron cambiar sin demasiados problemas sus vuelos a Italia; Maurizia ya en la camilla de operaciones y lista para entrar en quirófano ha sido dada de alta sin ser sometida a la operación, y por último, para hacer que Simon Pietro y Annalisa pudieran estar junto a nosotros en estos momentos, la cesárea de María que estaba programada como tercera ese día, fue realizada con máxima prioridad, la primera de la mañana.

¡Ha sido un momento emotivo el nacimiento de Anna, un milagro de la vida! Es el tercer hijo que veo venir al mundo y cada uno de ellos me ha conmovido profundamente el alma. Ver un niño nacer a la vida es como rozar la esencia del Amor que Dios tiene para cada hombre.

A las 9:09 del 7 de febrero de 2012 he visto nacer a nuestra hija Anna Michelle. Llegó al mundo con un pequeño gemido y con un cuerpecito débil y frágil… frágil… sí, pero con un deseo de vivir como si dijera al mundo: La vida vale la pena vivirla toda hasta el fondo… vale la pena vivirla plenamente, aunque parece que no tenga sentido y se sufra, porque en el fondo ¡quien sufre, ama! Nuestro catequista en el ultimo escrutinio del Padre Nuestro me ha recordado una frase de Santa Teresa de Calcuta que he llevado conmigo durante esta experiencia cerca de Anna Michelle: “Ama hasta que te duela”.

En su corta vida he visto sufrir a Anna y os aseguro que se me encogía el corazón. No tenía voz, no emitía ningún gemido cuando sufría, como si no quisiera dar muestra de rechazo ante aquel sufrimiento, pero sufría… La he visto fruncir los ojos, abrir la boca y arquear la espalda por los dolores. Cada vez que le hemos cambiado un vendaje, que le debíamos curar la cabecita, se lamentaba en silencio. Su vida me ha recordado muchísimo la de muchos niños inocentes matados con los abortos, que sufren en el mismo silencio.

¡Ha nacido por cesárea y por gracia de Dios! ¡Ha nacido viva! ¡Ha nacido entre María y yo, que tanto la hemos querido!

En un lado del quirófano se preparaban los médicos colocando sobre una mesa el bisturí, las jeringuillas para la anestesia y demás instrumental necesario para la operación, mientras Davide, que había recibido permiso para entrar en quirófano, en el lado opuesto, sobre otra mesita, preparaba el agua para el Bautismo y los Santos Óleos para la Unción Crismal y la Santa Eucaristía.

Sin un gemido ha nacido como Jesús, entre un buey y una mula que de poco servían, solamente para darle calor con su aliento. Así como ellos, nosotros los padres en nuestro pequeño servicio prestado a la obra mucho más grande que Dios estaba empezando en ella, hemos simplemente decidido aceptar el Don de su vida entre nosotros. En cuanto salió del vientre, los médicos la apoyaron sobre el pecho de María y mientras empezaban a coser la herida de la cesárea, Anna Michelle ha recibido el Bautismo, con agua santificada del Jordán, derramada sobre su cabeza tan frágil. ¡Qué emoción! ¡Qué belleza! ¡Qué bien! ¡Es difícil expresar mi felicidad en ese momento! No pedíamos otra cosa al Señor: que nos la concediera viva por unos momentos. ¡Viva para que pudiera recibir este Sacramento!

Dayenú, dicen los hebreos, esto nos habría bastado, ¡nos habría bastado que hubiera recibido el bautismo, pero no!, Dios ha sido más generoso y le ha dado más. Pensar que después de una hora desde su nacimiento, estábamos en una habitación privada, toda para nosotros, en un hospital lleno de pacientes “aparcados”, hasta en los pasillos porque no había sitio. Y bien, nosotros estábamos en la habitación más grande que hubiéramos podido desear, rodeados de todos los hermanos de Maria, de sus padres, de mi hermano Simon Pietro y su mujer Annalisa.

En esta maravillosa circunstancia Anna Michelle ha podido recibir la plenitud de los sacramentos de la iniciación cristiana: la Primera Comunión y el Sacramento del Espíritu Santo, la Confirmación. ¡Dayenú! Ha celebrado su primer día de vida con muchas dificultades para respirar, luchando por respirar. Durante muchas horas ha tenido la carita morada, como si estuviera muriéndose en cada momento, pero ha vivido 12 días. ¡Ha vivido la vida plena! ¡Como la deseo yo también una vida así de plena y maravillosa en el abandono de los brazos de Dios Padre!

Esa misma noche han venido a la capilla del hospital todas las comunidades de nuestra parroquia que han estado a nuestro lado en este momento. ¡Qué maravilla ha sido tocar la belleza de la Iglesia Católica que en la Comunión de los Santos se reúne a hacer Pascua con una hermana que está a punto de irse, de pasar al cielo! ¡Hemos cantado las Vísperas!, ¡hemos dado gracias a Dios por su vida! Cantábamos ¡“Que amables son tus moradas Señor… solo estar en el umbral de Tu casa es con mucho lo mejor… pasando por el valle del llanto, Él lo cambia en bendición”! En esta liturgia, con los hermanos de nuestra parroquia alrededor, Anna ha recibido la vestidura blanca, ha recibido la vela del bautismo y la parte del rito del Effetha. Los hermanos han sido muy generosos, nos han regalado una tarta nupcial maravillosa, otros han llegado con el mejor champán que se podía encontrar en el mercado, hemos celebrado, hemos descorchado esta botella en el refectorio del hospital que en esta ocasión me pareció tan hermoso como la sala real de las recepciones.

La noche pasó, el día siguiente también, y el siguiente. Días en el hospital marcados por las visitas de tantos peregrinos que llegaban también desde muy lejos. El jueves de esa misma semana los médicos nos han dejado salir del hospital y han trasladado a María y Anna Michellea una casa de cura para niños terminales durante un par de días. Una casa de voluntariado con un espíritu maravilloso que me ha recordado mucho el de la Domus Galilae. Todo estaba al servicio de las personas y por amor a las personas, pacientes y no pacientes, y de manera especial para los que sufrían casos difíciles que se estaban curando allí. Es una estructura entre un hospital y una casa muy acogedora. Nos hemos quedado allí hasta el Sábado, llevando con nosotros también a Paolo y Rebecca, nuestros otros dos hijos, que sumergidos en el paraíso de juguetes que han encontrado allí, ¡han estado con una enorme sonrisa todo el día marcada en lacara! No nos parecía verdad, y esa misma noche ¡hemos regresado a casa con nuestra hija en brazos! He arreglado una cunita que tenía en el trastero a prisa y corriendo, no estaba preparado, no habíamos pensado en volver a casa con Anna Michelle viva, y aún así esa noche ha dormido en la habitación entre María y yo.

Ha sido una niña buenísima, nunca ha llorado, solamente una vez la escuché emitir un gemido, quizás por el dolor, quizás por los cólicos, quizás por la sed, no sabría. Pero ha sido ciertamente muy buena. Daba ternura ver como trataba de digerir la leche que le dábamos a través del pequeño tubo que le entraba por la nariz. Maria no tenía leche, en el hospital nos habían dado un poco antes de volver a casa, leche materna de otras madres que la habían donado, leche que lógicamente pronto terminó. Se dice que Dios provee, ¡pues si!, ¡nos ha conmovido ver su Providencia! Las hermanas de comunidad que daban de mamar a sus hijos, nos han traído a casa su propia leche, ¡la leche de sus hijos! ¡Imaginaos que las matronas y las enfermeras que pasaban por nuestra casa cada día para controlar la situación, no podían creer lo que estaban viendo!

Los días pasaban y Anna Michelle parecía estar cada vez mejor, dándonos la esperanza de que aun pudiera vivir durante muchos días. Mientras tanto ya formaba parte de ese 5% de niños que con su misma patología sobrepasan los 5 días de vida ¡Dayenú… Dayenú… esto nos habría bastado!

Los días que hemos pasado con ella han sido maravillosos. Es cierto que Dios acompaña las pruebas con gracias particulares. Lo que hemos experimentado es que estas gracias son dulcísimas y que las pruebas con las que Dios las acompaña Él nos las vuelve suaves. Finalmente he entendido la palabra que dice el Señor: “mi yugo es suave y mi carga ligera”.

El sábado 18 de Febrero, nos hemos preparado para ir a la Eucaristía con nuestra comunidad. Habían venido los hermanos a preparar a nuestra casa la noche antes, y esa noche hemos descorchado otra botella de champán, siempre del bueno, junto con unas galletas deliciosas.

A Anna Michelle, lógicamente, nos la hemos llevado a la celebración. Una Eucaristía estupenda, festiva, con el Evangelio de ese Domingo, que hablaba de la curación que Cristo ha hecho, la tercera contada en los últimos tres Domingos. Ha estado junto a nosotros, y también en esta ocasión ha recibido la Santa Eucaristía. A menudo nos han recordado durante estos pasados días cómo teníamos un Ángel entre nosotros, pero en este momento de la Comunión, una cosa estábamos pensando: Anna Michelle tenía en el fondo más de lo que un Ángel desearía: los Ángeles anhelan recibir la Comunión, y no pueden; en cambio, ¡Anna Michelle ha podido alimentarse de ella!

Esa misma noche nuestra pequeñita era más débil de lo normal y llevaba ya algunos días sin poder abrir los ojos. María, en un dialogo entre madre e hija, le había susurrado: “Querida Anna, cuando quieras irte, hazlo, nosotros hemos estado contentísimos de haberte tenido en este tiempo…” Es como si la hubiera escuchado en ese momento…

Eran casi las 4 de la mañana y Maria se despertó para darle la leche a través del pequeño tubo que le entraba por la nariz y ha notado una respiración muy irregular con momentos muy largos de apnea. Poco a poco se estaba apagando. Hemos empezado a rezar el Rosario con ella a nuestro lado. Le di la última bendición paterna. Así terminado el rosario, al finalizar ya las letanías marianas, después de haber recibido la Eucaristía unas horas antes, Anna Michelle, con las últimas fuerzas, ha levantado su cabecita, ha abierto los ojos por última vez como para despedirse, ¡y expiró! Ha sido un momento sorprendente, Anna Michelle ha esperado hasta el amanecer del Domingo por la mañana, momento en el que Cristo Resucitó, para parecerse al esposo que iba a su encuentro, ¡hasta en la hora en la que resucitó! Al alba del primer día de la semana, a las 5:20 del domingo por la mañana, ha subido al Padre entre mis brazos y los de Maria.

La sensación a esa hora para mí ha sido igual a la del Domingo de Pascua cuando salimos a las 6 de la mañana de una vigilia que ha durado toda la noche, de la cual salimos cansadísimos, pero ciertamente con una alegría en el corazón que nadie te la puede robar. Estaba cansado, al final de 12 días bastante intensos, pero con una alegría en el corazón bastante difícil de describir.

He pensado como verdaderamente no hay alegría más grande para un padre y una madre. Traer al mundo un hijo y saber ¡que lo hemos acompañado a la vida celeste, a la vida eterna! Pensaba como un padre se sacrifica en darle a un hijo lo mejor que puede, el mejor par de zapatos, la mejor oportunidad en los estudios, el curso de violín… yo que sé, y aun así todo lo que realmente al final nos queda y que verdaderamente vale la pena, es que el hijo se salve, y se salve para la eternidad. Tener la certeza de que nuestra hija ahora está en el cielo, es el consuelo más grande que un padre puede recibir en la vida.

La hemos mimado un poco, acariciándola, besándola, luego la hemos limpiado, cambiado, la hemos vestido de blanco y la hemos puesto de nuevo entre nosotros. Unas horas más tarde junto con nuestros otros dos hijos, hemos rezado los Laudes del domingo, poniendo a Anna Michelle entre ellos en el sofá, explicándoles que su aliento había subido al Paraíso. Hemos leído y comentado el Evangelio de la Resurrección y cantado con mucha conmoción “Quienes son y de donde vienen… son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus túnicas y las blanquearon en la sangre del cordero” (Apocalipsis).

Unas horas más tarde estábamos celebrando otra vez la Eucaristía, la misma que habíamos celebrado la víspera anterior en la asamblea de nuestra Comunidad, pero esta vez solo con el cuerpo de Anna Michelle. Ahora la celebraba con nosotros pero desde la otra orilla. No cuento todos los detalles, si no debería escribir un libro, pero muchos han sido los memoriales de estos días ¡y esta Eucaristía ha sido uno de ellos! ¡Dayenú, esto nos habría bastado! ¡Dios ha sido tan generoso… mucho… mucho!

Queremos dar gracias a Dios por la vida de Anna Michelle, por sus doce días de vida, por lo que ella ha recibido y lo que hemos recibido nosotros a través de ella, por la cercanía y las oraciones de tantos hermanos y hermanas que aunque sin nosotros saberlo, nos han sostenido con sus oraciones. Damos gracias a Dios por el Don de nuestras Comunidades Neocatecumenales.

“Mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche. ¡Más tu Señor estas cerca! ¡Enséñanos a contar nuestros días para que entre la sabiduría en nuestro corazón!” (Salmo 89)

El viernes 2 de Marzo de 2012 a las 10:30 en nuestra parroquia “Our Lady Of Sorrows” en Peckham (Inglaterra) celebraremos los funerales. ¡Estáis todos invitados! ¡Venid a hacer Pascua con nosotros!

Os pedimos que sigáis rezando por nosotros, pienso que pronto llegarán los momentos difíciles en los que el demonio querrá hacernos blasfemar contra la vida. Rezar para que podamos resistirle.

Stefano y Maria Lanzani

“Anna Michelle Lanzani. Nacida y bautizada el 7 de Febrero de 2012. Nacida para el Cielo el 19 de Febrero de 2012. Bendito sea el Señor. Os pedimos que sigáis rezando por nosotros, pienso que pronto llegarán los momentos difíciles en los que el demonio querrá hacernos blasfemar contra la vida. Rezar para que podamos resistirle.”


martes, octubre 04, 2011

«¿Si aborto, se me va a olvidar la violación? ¿Si me deshago de mi bebé, olvidaré al violador?»

Por Alejandra Diener

«¿Si aborto, se me va a olvidar la violación? ¿Si me deshago de mi bebé, olvidaré al violador?» Estas preguntas le hizo Lianna Rebolledo al médico que la atendió cuando ella llegó a los 12 años al hospital de emergencia por una sobredosis de tranquilizantes que le habían recetado a causa de la violación que sufrió en Los Ángeles, California, cuando caminaba por una calle y dos tipos la amagaron.

El médico no le contestó, simplemente le dijo que le sería muy difícil cuidar a su bebé a su edad y en su condición económica, puesto que ella originaria del D.F. se había ido a vivir con su madre, que había sufrido violencia por parte de su padre, a Estados Unidos huyendo, sin papeles, sin dinero y buscando suerte con sus tres hijos. Uno de los cuales padece una discapacidad, no puede mover sus piernas.

Lianna, a pesar de su corta edad era una niña madura, ella fue la que respondió a las preguntas del doctor, y su madre simplemente la acompañó. En entrevista para Informando y Formando Radio, me dijo que su madurez no se debía a que fuera una niña agrandada, sino que más bien, la pobreza en la que vivían era la que la había hecho crecer.

Ella explicó claramente en el programa que pueden escuchar en el #PODCAST http://itunes.apple.com/us/podcast/testimonios-aborto-y-violacion/id458928669?i=98519014 que su preocupación era la violación que había sufrido. Y antes de saberse embarazada, la pobre mencionó que aunque se bañara mil veces sentía un asco horrible, que sentía repudio, y sobre todo ganas de morir. Por eso fue que abusó de los calmantes que, semanas antes de saberse encinta, le habían recetado.

Las náuseas y los malestares que sentía se los achacaba a la violación. Nunca pensó que estaba esperando una nueva vida, sin embargo ese día en el que abusó de los fármacos, fue cuando le dieron la noticia. Lianna dice haberse sentido feliz, puesto que una nueva vida la acompañaría en su dolor y a pesar de que el médico le dijo que abortara, ella se negó cuando se dio cuenta de que practicarse un aborto no haría que se le olvidara la violación.

Lianna tuvo a una niña, Jeannette, esta niña hoy en día es una mujer de 21 años. Sabe su procedencia, y  es idéntica a su madre. Nada que recordar a ese monstruo que abusó de su progenitora. Ella le agradece a diario a Dios que su mamá, Lianna la haya dejado vivir, y se dedica a ir a las clínicas abortistas de Estados Unidos a hablar con las mujeres que quieren abortar. Las ayuda a pensar con claridad y les cuenta su testimonio para que no aborten.

Lianna Rebolledo, hoy en día es locutora de un programa de radio católico y también ayuda a mujeres que sufren por haber sido violadas, las orienta y las acompaña en su recuperación. Ella se ha acercado a Dios, porque dice que nunca había conocido al Creador cuando era pequeña, que su madre estaba más preocupada por darles de comer y sacar adelante a todos sus hijos y nieta que nunca les inculcó la parte espiritual.

Lianna aprendió a conocer a Dios y encontró ese vacío que la tenía sumida en una tristeza inmensa, no obstante, su hija Jeannette fue quien le dio nuevamente sentido a su vida después de aquella noche en que su cuerpo fue ultrajado y su cara marcada. Su peor temor no era haber quedado embarazada, dice, su peor miedo era que no hubiera salido viva de ese infierno.

Una mujer que sufrió la violación de unos hombres desalmados a una edad muy temprana, una mujer que no tenía los recursos para vivir de manera cómoda, decidió que la nueva vida, sin importar de donde venía era un milagro y una bendición. Ella a sus 12 años comprobó que el aborto no borra heridas ni sufrimientos, al contrario el aborto los acrecienta. Asimismo, corroboró que la nueva vida, por muy precarias que sean las condiciones en las que llegue, siempre es un aliento para continuar y vivir con sentido de trascendencia.

Lianna Rebolledo una mujer que hay que oír y ver, pero sobre todo darla como ejemplo para que se escuche a los cuatro vientos que el aborto no es la solución.








 

jueves, julio 15, 2010

Fue violada por su padrastro, y después por un novio, que la dejó embarazada.

Una madre que fue más fuerte que todo el odio del mundo

«Sí, ¡valió la pena!»

El chico se desentendió; su familia también, y se vio durmiendo en la calle... Las penas se le quitaron al ver a su hija. Quiso para ella otra clase de vida, sin mezquindades, y cuando la niña cumplió los tres años, se la llevó consigo a África, voluntaria en una ONG. Es hoy una feliz abuela. «Cuando echo la vista atrás y recuerdo mi pasado, no me queda ni tristeza ni rencor en el corazón. Cuando te entregas a los demás y sanas sus heridas, las tuyas también se sanan». No hay odio en el mundo que pueda con el impresionante testimonio de esta mujer...


La hija y la nieta de quien da este testimonio, en una fiesta de cumpleaños de la pequeña

Soy una asidua lectora de Alfa y Omega. Vivo en Madrid y tengo 56 años. De un tiempo a esta parte veo que están tratando el tema del aborto y son unos de los artículos que más me impresionan por los testimonios que allí se reflejan. Creo que, por la solidaridad hacia aquellas personas que se encuentran ante la encrucijada de decidir qué hacer ante un embarazo no deseado, debo contar con mi experiencia.

A mis diez años, sufrí abusos sexuales por parte de mi padrastro. A partir de este momento, no consentía que ninguna persona del sexo opuesto me tocara, e incluso se me erizaban todos los pelos del cuerpo cuando tenía a hombres cerca. Yo pensaba que, cuando el amor llamara a mi puerta, se me pasaría esta fobia, pero no fue así.

A los veintidós años me enamoré de un chico y nos hicimos novios, pero yo no me dejaba besar ni tocar. Entonces un día, harto de mi resistencia, me tomó por la fuerza y me violó mientras me decía: «Lo que no me quieres dar por las buenas, lo tomo yo por las malas». ¡Me sentí tan sucia, tan traicionada, tan desesperada...! Parecía como si yo no tuviese valor a los ojos de nadie, como si fuera un objeto de uso y disfrute, sin alma. Y lo peor de todo es que me culpabilizaba de todo lo ocurrido por haber hecho resistencia.

Poco después descubrí que estaba embarazada. Fue un golpe tremendo para mí, pues aún seguía muy traumatizada por lo que me pasó. Le di la noticia al padre de la criatura y la única respuesta que obtuve fue: «Pues aborta».

Yo no estaba dispuesta a matar a una criatura inocente por muy mala que hubiera sido mi experiencia y decidí que lucharía por ella costase lo que costase. Su padre se desentendió del problema y se marchó a Francia para acabar sus estudios. Yo dejé los míos, mis amistades y la ciudad donde vivía y volví a Madrid.

Aquí me encontré con el rechazo de mi familia al completo. No querían enfrentarse al qué dirán de la sociedad. No les importó que hubiese sido víctima de una violación. No intentaron sanar mis heridas (las del alma). Sólo se preocuparon de alejarme de su vida para que no empañara su buen nombre.

Fui llamando de puerta en puerta a las casas de mis amigas de infancia, pero los prejuicios de sus padres me las cerraron. Busqué trabajo, pero en cuanto se percataban de mi estado, me despedían. También me echaron de la pensión para chicas donde fui a vivir por la misma razón que los demás. Así me encontré durmiendo en un banco de la calle, y sin tener ni siquiera un pedazo de pan que llevarme a la boca. Pero no desesperé. Yo confiaba en el Amor de mi Padre Dios y me repetía una y otra vez: «El Señor es mi pastor, nada me faltará, aunque ande por valles de sombra de muerte no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me sostienen».

¡Se hizo la luz!

¡Y por fin se hizo la luz! La hermana casada de una amiga me acogió en su casa (ella no tenía prejuicios). Una chica que vivía en la pensión donde estuve un tiempo viviendo me llevó a trabajar con ella; y así, poco a poco, me fui recuperando.

A medida que se iba acercando el momento del alumbramiento, me acechaban más y más temores. Pensaba: ¿Nacerá sana? ¿En qué medida le habrá afectado tanta necesidad? ¿Cómo será mi vida con un bebé en los brazos habiendo sufrido tanto rechazo cuando aún lo llevaba dentro? ¿Podré sacarlo adelante?

Cuando nació mi niña, tan sana y bonita, se me olvidaron todas las penas y calamidades por las que pasé, aunque era consciente de que aún me quedaban muchas cosas por pasar. Viendo cómo me trató la sociedad civilizada, no me resigné a vivir una vida egoísta y monótona. Mientras trabajaba y cuidaba de mi bebé, retomé los estudios, entré en una ONG y, cuando mi niña cumplió los tres añitos, me fui con ella de voluntaria a África.

Yo me realicé como persona, y ella creció sana, alegre y generosa. Cuando volvimos a Europa, estudió enfermería y ahora se dedica a sanar y reconfortar enfermos. Se casó felizmente, y me ha dado una nietecita preciosa que ya tiene ocho años.

Cuando echo la vista atrás y recuerdo mi pasado, no me queda ni tristeza ni rencor en el corazón. Cuando te entregas a los demás y sanas sus heridas, las tuyas también se sanan. Pero, sobre todo, pude superar todo lo que me pasó, porque sentí que el Señor fue realmente mi (nuestro) Pastor. Me agarré a Él y no le solté.

Si después de haber leído mi testimonio alguien se queda aún con la duda, yo le digo con el corazón en la mano: Sí, ¡valió la pena!

lunes, junio 07, 2010

Andrea Bocelli cuenta que propusieron el aborto a su madre

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Al frente del piano, el famoso cantante cuenta la historia de una joven que rechaza abortar a un niño que nacería con discapacidades. El vídeo llega a su culmen de máxima emotividad cuando desvela que «esa mujer era mi madre... y yo el niño».

El cantante italiano Andrea Bocelli revela la historia del embarazo de su madre, durante el cual los médicos le sugirieron que abortara porque nacería con una discapacidad. En un nuevo vídeo elogia a su madre por tomar «la decisión correcta», diciendo que otras madres deben sentirse alentadas por este esta historia, informa CNA.

En un vídeo de YouTube titulado «Andrea Bocelli cuenta una “pequeña historia” sobre el aborto», el cantante se sienta al piano y le narra a su audiencia una historia sobre una joven esposa embarazada hospitalizada por «un simple ataque de apendicitis».

«Los médicos tuvieron que aplicar un poco de hielo en el estómago y cuando los tratamientos finalizaron los médicos le sugirieron que abortara al niño. Le dijeron que era la mejor solución porque el bebé nacería con alguna discapacidad».

«Pero esta valiente joven esposa decidió no abortar, y el niño nació», continuó.

«Esa mujer era mi madre, y yo era el niño. Tal vez soy parcial, pero puedo decir que la decisión fue correcta».

Dijo que espera que la historia anime a muchas madres en «situación difícil», pero que quieren salvar la vida de su bebé.

Bocelli tiene glaucoma congénito y perdió la visión por completo a los 12 años tras ser golpeado en la cabeza durante un partido de fútbol.

El vídeo es producido por www.IamWholeLife.com una iniciativa de la «Organización Derechos Humanos, Educación y Socorro» (HERO, por sus siglas en inglés), socia de la estrella de cine pro-vida Eduardo Verástegui.



Quiero vivir así con el sol en mi cara, y me cantan felices, con gracia. Quiero vivir así, con el aire de las montañas, porque este encantamiento no cuesta nada.

domingo, mayo 30, 2010

Testimonio Ana Mendez: Fundación Madrina

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Ana Méndez Álvarez es una de esas jóvenes que han sido madres antes de lo que esperaban. Un día dejó de utilizar métodos anticonceptivos con su ex novio, sin ser consciente de las consecuencias. "Fue una idea un poco absurda, de críos", reconoce. Y, así, de buenas a primeras, dio a luz a los 18 años a Brian.

Venía de sufrir un aborto por otro "accidente" con su antigua pareja, pero esta vez no quería repetir la interrupción del embarazo. Una decisión que su familia no apoyaba, por lo que que se marchó sola de casa, sin la ayuda de su madre ni de la del padre de la criatura, y finalmente acudió a un piso de acogida en Madrid de la Fundación Madrina.

A primera vista, Ana no aparenta 20 años. Carece de esa inocencia propia de su edad, de esa chispa. Con 20 años, lo normal es preocuparse por los exámenes de junio, por el chico de tu barrio que tanto te gusta, por ahorrar para un viaje con los amigos... Pero ahora Ana sólo tiene ojos para su pequeño.

"A veces no me llego a creer lo que hecho", señala. "Cuando te quedas embarazada con 18 años te miran como a un bicho raro", lamenta. "Ha sido una experiencia muy dura, pero si ahora me quitaran a Brian no sería nadie".

En la actualidad, Ana trabaja como comercial telefónica, aunque quiere ponerse a estudiar para lograr un puesto como administrativa. Y tiene claro que cuando su hijo crezca, le aconsejará que "no tenga prisas".




miércoles, mayo 19, 2010

La madre que salvó a Víctor Galeone, futuro obispo, de un aborto

Víctor Galeone, Obispo de San Agustín, en Florida, Estados Unidos, se enteró en el Día de la Madre del regalo que ella le hizo con todas las circunstancias en su contra: su nacimiento. «Por primera vez en mi vida comprendí lo que significa el regalo de la vida, y lo precioso que es», admite.

Suso Trillo/La Razón

La vida del obispo de San Agustín (Florida) cambió cuando el Día de la Madre de 1970, Rita, le confesó el secreto de su nacimiento. En una revista americana, St.Augustine Catholic, explicó su historia.

Él, que entonces era un cura diocesano americano e hijo de italianos, le dijo a su madre la decisión que acababa de tomar; se iría a los Andes peruanos durante cinco años como misionero. Ella, al escuchar estas palabras, rompió a llorar. Víctor le recomendó que tendría que aprender a olvidarse un poco de él, pero ella no lloraba por su inminente viaje. El verdadero motivo era otro.

En 1935 se vivía en todo el mundo una profunda crisis económica. El padre de Víctor, inmigrante italiano, llevaba tiempo buscando empleo y lo único que conseguía eran trabajos temporales mal pagados. Así era difícil mantener a una familia con tres hijos.

Rita se dio cuenta de que había perdido dos periodos, y fue a ver a una trabajadora social ante la posibilidad de que pudiera estar embarazada. Esta le recomendó que fuera a ver a un médico para ver si recuperaba el periodo. Ella se dio cuenta de que le estaba proponiendo abortar, por lo que se negó en rotundo. «Moriría yo primero», le dijo. La trabajadora le recordó que tener el hijo sería un fallo porque «su marido apenas puede manteneros a usted y sus hijos, y es una irresponsabilidad que lo tengan», le reprochó. Pero Rita seguía negándose a abortar. La trabajadora, ante la negativa de la madre, la amenazó con que el Gobierno le retiraría las ayudas que las familias cobraban por entonces, dos tarjetas que daban derecho a una bolsa de frijoles secos cada dos semanas y alguna prestación de carbón para el invierno. Rita le contó la amenaza a su marido que la apoyó, a pesar de que podrían quitarles una ayuda muy necesaria. «Muy bien, déjalos y devuelves las tarjetas, Dios sabrá recompensarnos», le respondió su marido.

El obispo Galeone, permaneció sin dormir después de oír la confesión de su madre. «Por primera vez en mi vida comprendí lo que significa el regalo de la vida, y lo precioso que es», recordó.

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viernes, abril 23, 2010

Lianna Rebolledo Peralta, testimonio a favor de la vida




MÉXICO DF 23 Abr. 10 / 06:15 am (ACI)
Lianna Rebolledo es una mujer mexicana de 33 años de edad. En una reciente entrevista televisiva relató que tras haber sido víctima de una violación a los 13 años, nunca pensó el aborto para su hija, que ahora tiene 20 años. La muchacha le agradece haberla conservado pese a las presiones de su entorno para acabar con su vida.
Rebolledo, en entrevista concedida a Telestai, canal 159 de Cablevisión, contó lo difícil que fue haber pasado por el trauma de la violación. "Yo tuve mi niña a los 13 años producto de una violación. Me salvó la vida mi hija, haberla tenido en circunstancias tan difíciles. En mi caso nunca fue una opción el aborto, nunca fue considerado. Fue una situación difícil pero ella fue lo que me motivó a seguir viviendo", contó.
Lianna Rebolledo explicó luego que superar la violación fue "un proceso muy difícil porque nunca te imaginas. Siempre piensas que le puede pasar a cualquier persona pero que no te puede pasar a ti. Cuando tú lo vives sientes que es el peor momento de tu vida. Fue bastante agresivo, la situación fue muy violenta. Y no entendía, a esa edad tú no entiendes por qué estás viviendo una situación así".
Luego de contar que intentó suicidarse por haber sido víctima de una violación, y no por el embarazo, Lianna contó que "el médico me dijo no te preocupes, no se te va a lograr, tu matriz está muy infantil, estás muy débil, has bajado mucho de peso, va a ser un embarazo de alto riesgo, corre tu vida peligro así que voy a conversar con tu mamá. Las enfermeras me decían puede ser un embarazo ectópico, no te preocupes, no entendía por qué me decían no te preocupes".
Rebolledo relató entonces que fue fundamental para ella escuchar los latidos del corazón de su pequeña: "cuando yo escuché la palabra corazón pensé tengo algo conmigo, que es mío, me pertenece y no voy a estar sola".
"Había algo que me decía: ‘ya tengo por quien vivir’".
En estas circunstancias, dijo, muchas personas le sugerían el aborto y le aseguraban que la bebé le iba a recordar el trauma de la violación "toda la vida, siempre le vas a tener resentimiento. Nunca. Inclusive pese a que fue muy difícil porque fue embarazo de alto riesgo. No me podía parar porque lo podía perder".
"Esto es mío, yo lo tengo que cuidar", aseguró Lianna.
La mujer afirmó luego que a veces le "dicen tú le diste la vida a un ser tan especial. Yo les digo, ella me la dio a mí porque después de lo que yo viví hubiese terminado con el daño psicológico hubiese terminado no sé donde pero no estaría dando hoy dando a conocer que fue la vida de mi hija para mí".
"Vengo de un hogar disfuncional donde hubo mucha violencia doméstica. No hubo bases ni se inculcaron esos valores ni una cuestión religiosa", relató y explicó que lo que le daba fuerzas cuando estuvo embarazada fue "el hecho de saber que tenía que luchar por esa vida y tenia que protegerla y cuidarla para que no le pasara lo que me había pasado y que yo no quería que viviera el abandono emocional que sufrí".
Ahora con 20 años, su hija, dijo "va a llegar a ser algo grande, sé que su vida tiene un propósito".
Cuando estuvo embarazada, señaló Rebolledo, "mucha gente se burló de mí, muchos me decían ya nadie te va a querer, ya te echaron la vida a perder".
No se amilanó ante las dificultades y destacó que su hija: "es lo más gratificante que he tenido".
Tras indicar que su joven hija sabe toda la historia, Lianna resaltó "no me arrepiento de nada. Ella es la única que me consuela. La que está conmigo. La que ha estado conmigo en los momentos más difíciles".
"Hoy me pongo a pensar ¿cómo es posible que piensen que estos seres (los no nacidos) no tienen derecho a vivir? Cuando te traen tantas alegrías, llenan de vida, cuando en los momentos difíciles están ahí contigo".
Al hablar nuevamente sobre el aborto, Rebolledo dijo que "no creo que sea una opción. Si no lo quieren, pueden darlo en adopción. El embarazo no es el problema. El problema es ¿qué está pasando para que niñas tan pequeñitas queden embarazadas a temprana edad?", cuestionó.
Al ser preguntada sobre su "secreto" para salir adelante, Liana Rebolledo comentó que eso es darse cuenta de que "no importa las circunstancias en que se dé, y que todo tiene un motivo, una razón en la vida. Amor, mucho amor a la vida".
Refiriéndose luego a su activismo pro-vida voluntario, la mujer indicó que va "a las clínicas abortivas los sábados y tratas de platicar con ellas haciéndoles saber que hay solución, que hay esperanzas, que sí se puede. En todo el tiempo que he ido sólo vi un caso de violación".
A las muchachas que se encuentran en su situación, Liana las exhortó a creer "mucho en su capacidad. Sí se puede, tú puede salir adelante. Ten fe y esperanza para poder lograrlo. Visualiza tu meta. Cuando tienes estos seres a tu lado, puede hacerlo, ellos te apoyan. Al final del día te das cuenta que todo valió la pena".
Para concluir la entrevista y refiriéndose a su hija, Rebolledo aseguró: "si tuviera que volver a vivir lo mismo, lo haría con tal de conocerla a ella"