viernes, noviembre 29, 2019

La vida de Berta floreció cuando dijo la verdad

La vida de Berta floreció cuando dijo la verdad pidiendo perdón a Dios y a su hijo mayor


La vida de Berta floreció cuando dijo la verdad pidiendo perdón a Dios y a su hijo mayor


"«Madre yo la perdono, pero no llore más». Yo le dije: «¡No mi amor! déjame llorar porque tengo mucho que reparar, algún día no lloraré más»".

“No hay nada imposible para Dios porque Él llega a lo profundo del corazón cuando uno se deja amar y se deja seducir por Él. Hace maravillas con uno. Lo digo yo que soy una pobre mujer…”

Es la certeza que comparte Berta Alarcón, una madre de 59 años, residente en Popayán (Colombia), quien decidió dejar registro en Portaluz del proceso y las consecuencias benéficas que atrajo a su vida el enfrentar y sincerar la verdad, de la mano de Dios.

“En mi vida hice muchos disparates”

A fines de la década de los ochenta, con casi 30 años, Berta era madre soltera y apenas si había alcanzado a terminar el Bachillerato. Vivía allegada en casa de sus padres, ocupada en las labores de casa y el cuidado de sus dos hijos, de padres distintos, que los chicos ni siquiera conocían de nombre.

“De verdad que en mi vida yo hice muchos disparates” comenta Berta y recuerda que por entonces seguía equivocando el rumbo de su vida pues mantenía una relación afectiva con un hombre casado. “Me duele haber puesto los ojos en un hombre casado, para que me diera cualquier peso, para comprarle los zapatos o lo que mis hijos necesitaran”, sincera.

Pero pronto la vida de Berta sería remecida al fallecer su madre y hoy está convencida que aquél inmenso dolor fue una oportunidad para ella y en la que Dios tomaría el protagonismo. “Dios, como buen papá y pedagogo que es, me causó el dolor más grande de mi vida quitándome a mi madre, pues ya había perdido a mi padre. Aun así, no dejé a ese hombre casado. Entonces, al mes de morir mi mamá, se enfermó mi hijo menor y lo internaron en la clínica…” En este momento crítico, estando el hijo en riesgo vital, Berta suplicó a Dios y decidió, dice, “arrancar a ese hombre casado del corazón e irme de la mano de Dios con lo que fuera, sacar adelante mis hijos, con las deudas con todo lo que tenía encima me puse en las manos de Dios”.

No hay nada oculto que no haya de saberse

La conciencia y voluntad de cambio eran un primer paso. Pero aún faltaba reconciliar de forma efectiva su historia y para ello decidió sincerar a su hijo mayor un doloroso secreto. Recibió las gracias necesarias para esto, cuenta Berta, en un retiro espiritual predicado por la hermana Blanca Ruiz, de las Religiosas de la Comunidad Hijas e Hijos del Fiat (pulse aquí para conocerles). “Ella fue a dar un encuentro sobre sanación de la familia, entonces habló sobre el perdón y Dios me dio esa fuerza de ir donde mi hijo y pedirle perdón…”.

El hijo mayor tenía 17 años cuando Berta le explicó el por qué no podía dar respuesta a la pregunta que por años había estado haciendo: a saber, quién era su padre. Con la angustia apretada en el pecho pudo finalmente decirle que cuando tenía 16 años quedó embarazada luego de ser violada.

Pero había algo más, agregó, y por lo cual quería pedirle perdón. “Desde el momento que me violaron pasé tres meses intentando abortar por todos los medios… gracias a Dios y a la Santísima Virgen María no sucedió, hijo”, cuenta Berta que logró expresar, rompiendo luego en llanto.

Sanada para dar gloria a Dios



Hoy Berta Alarcón (imagen adjunta) recuerda nuevamente emocionada la reacción del primogénito… “Fue ese momento muy lindo porque mi hijo es muy noble; él me abrazó y me dijo: «Madre yo la perdono, pero no llore más».  Yo le dije: «¡No mi amor! déjame llorar porque tengo mucho que reparar, algún día no lloraré más»”.

Con esta reconciliación vino un renacer de la fe en Berta, conversión que además generó otras buenas nuevas. Se casó con un hombre que asumió un rol protector hacia sus hijos a quienes apoyó en la educación; superó un cáncer; ha logrado sobrellevar el fallecimiento trágico en un accidente de su esposo; también pudo ver agradecida el desarrollo profesional y espiritual de sus hijos; y es una católica activa en su parroquia.

“Yo aprendí -destaca Berta- a descubrir a Jesús, el amor de Dios (…) No encuentro palabras para dar gracias a Dios porque mi vida es una alegría; yo me siento libre, y voy donde el Señor me quiere llevar”. 


Portaluz. Ana Beatriz Becerra.  



Elizabeth Peters cuenta el sufrimiento que produce el Síndrome post-aborto



Fue presionada para abortar: «Es fácil juzgar un pecado hasta que conoces a quien lo ha cometido»

“En mis pesadillas, veo como asesinan a un hombre. Siempre es un hombre. Yo sabía que mi hijo iba a ser un niño”, eso es lo que Elizabeth Peters ha estado contando durante años a su psicólogo. El recuerdo del aborto al que se sometió la ha perseguido durante mucho tiempo en forma de pesadillas y traumas.



Es lo único que podemos hacer
Peters había sido criada en el catolicismo. Cuando tenía 20 años, tuvo un aborto, según ha contado al CatholicSentinel. Su novio le decía que eran demasiado jóvenes para ser padres. “Es lo único que podemos hacer”, le decía. Pidieron cita y él pagó la factura. Ella no quería abortar.

Cuando intentó cancelar la cita, la clínica abortista le dijo que era difícil conseguir una y que, si no aprovechaba la oportunidad ahora, tendría que seguir adelante con el embarazo. Además, el reembolso del dinero no sería completo. “Era un miedo tras otro”, recordaba Peters.

Tras ver una ecografía de su bebé, Peters no quería tomar la pastilla abortiva que le ofrecían. “Pero eran tres personas presionándome. Solo quería acabar con aquello, así que me tragué la pastilla”, ha contado.


Pesadillas, cambios de humor y estrés post-traumático
Entonces comenzó el estrés post-traumático. Las pesadillas no la dejaron dormir durante años. Padeció una enfermedad mental que ni siquiera aparece en los códigos de medicina, el Síndrome post-abortivo.

“Las mujeres que han sufrido un aborto pueden llegar a tener depresión, problemas de autoestima, dificultades para sentir afecto hacia otros hijos que tengan en el futuro,ansiedad e incluso cambios bruscos de humor”, ha dicho Emily Noack, psiquiatra del Catholic Charities of Oregon (catholiccharitiesoregon.org), que dirige el Proyecto Rachel (projectrachel.ca). Este proyecto también tiene presencia en España (Proyecto-raquel.com).

Ayuda profesional y espiritual personalizada
Noack y el equipo de Proyecto Rachel han abierto una cuenta de correo electrónico y una línea de teléfono para que tanto hombres como mujeres que hayan pasado una experiencia traumática relacionada con el aborto puedan pedir ayuda. El equipo colabora con otras parroquias, y ofrece una ayuda espiritual personalizada. El paciente puede elegir hablar con un compañero de oración, un sacerdote, una monja… etc.

“Esa colaboración entre las parroquias es clave”, ha explicado Hether Zarrilli, directora de Familia y Apoyo dentro de Catholic Charities of Oregon.  “Los sacerdotes no tienen ninguna clase de formación médica, y nosotros no tenemos ninguna formación espiritual. Cuando juntamos ambas disciplinas, el apoyo al paciente es total”.

Es muy fácil juzgar, hasta que conoces a la persona
Cuando Peters volvió a quedarse embarazada, dio a luz a su hija, pese a que el padre las abandonó. “Yo iba a querer a mi hija, pasara lo que pasara. Quería que ella supiera lo importante que era”, ha dicho Peters. También se quedó con su segundo hijo, que, al igual que la primera, llegó de forma inesperada.

Peters también tuvo que enfrentarse al rechazo social de su comunidad. Aunque ahora se siente bienvenida, su familia y amigos la juzgaron muy duramente tras tomar esta decisión. “Es muy fácil juzgar un pecado hasta que compruebas que tiene una historia y una cara”, ha dicho Peters.

Ahora Peters está casada. Su marido ha acogido a los dos hijos de Peters como suyos, y esperan un tercero. 




El médico que almacenaba abortos: se veía a menudo con un sacerdote y un provida


Ulrich Klopfer guardaba en el sótano de su casa los restos de más de 2.200 bebés abortados


Ulrich Klopfer guardaba en el sótano de su casa los restos de más de 2.200 bebés abortado








J. Lozano / ReL
El pasado día 12 de septiembre las autoridades encontraron en la casa de Ulrich Klopfer, médico abortista que había fallecido días antes, los restos de más de 2.200 bebés abortados “preservados médicamente”. Ahora la Fiscalía tanto de Illinois, donde vivía este abortista, como de Indiana, donde se encontraban sus abortorios, investigan este extraño suceso y por qué trasladó, vulnerando numerosas leyes, estos restos humanos de un estado a otro hasta su sótano.
Sin embargo, pese a lo llamativo del caso y los enormes interrogantes que genera la actitud de Ulrich Klopfer, la cobertura mediática ha sido escasa o nula por parte de los grandes medios estadunidenses. Así lo refleja y denuncia David Mastio en Usa Today, que recuerda que ya ocurrió algo parecido con Kermit Gosnell, condenado ahora por el asesinato de bebés que habían sobrevivido al aborto.
Unas preguntas para que los medios no buscan respuestas
Y además, lanza varias preguntas a estos grandes medios que hacen de una anécdota un mundo mientras silencian historias como esta: ¿Cómo se mete un médico en problemas en cinco estados y puede seguir practicando abortos en otros estados que dicen preocuparse por las mujeres? ¿Cómo acumula un médico tantos cadáveres en su garaje para hacer una imitación aceptable de una fosa común de la Segunda Guerra Mundial? ¿Sus empleados no se dieron cuenta de que se llevaba a casa restos de bebés? ¿Cómo una historia tan sensacional, que en parte tuvo lugar en la ciudad natal del candidato presidencial Pete Buttigieg, donde él es alcalde, no recibe más que la atención superficial de los medios de comunicación nacionales?
El padre Scheidt se reunió en varias ocasiones con el médico abortista 
El sacerdote que conoció al médico abortista
Quien sí puede ofrecer más datos sobre este médico abortista que ha practicado más de 30.000 abortos es el sacerdote Daniel Scheidt, que durante su homilía dominical el pasado 15 de septiembre habló sobre Klopfer, al que tanto él como un voluntario católico de la parroquia San Vicente de Paúl en Fort Wayne conocieron y se reunieron antes de que muriera y se descubriera su horrorosa colección.
Este asesino era, según dejó entrever el sacerdote, un hombre muy herido, lleno de frustraciones, que no tenía amigos ni a nadie con quien hablar, y que era consciente del mal que había realizado durante tantos años. Por ello, solo como estaba, no dudó en hablar y reunirse cada semana con estos activistas provida y católicos.
El sacerdote recordó que Klopfer tuvo una clínica en Fort Wayne, en South Bend y en otros lugares. “Durante años, cada vez que él estaba en la ciudad, e incluso cuando no lo estaba, muchas personas iban y rezaban en ese lugar. Había un feligrés de San Vicente que durante muchos años hizo esto mismo. Y al final conoció personalmente a George Klopfer. Y George a él”, reveló.
Un encuentro cada jueves
Tal y como recoge Our Sunday Visitor, el sacerdote contó que cuando el estado de Indiana retiró la licencia médica a este abortista, Klopfer siguió yendo a su clínica para salir de su automóvil y sentarse en el asiento de copiloto de este católico provida de la parroquia para conversar. De hecho, todos los jueves este abortero conducía desde Chicago a Fort Wayne (270 kilómetros) para estar con su ‘amigo’.
“Lo sé porque su ‘amigo’ me invitó a unirme junto a George Klopfer en el coche. Hasta en dos ocasiones me senté junto a ese hombre que es responsable del final de más de 30.000 vidas humanas”, señaló.
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Imagen de la que fue clínica abortista de Ulrich Klopfer en Fort Wayne (Indiana)
Lo primero que este médico suspendido dijo al sacerdote tras conocerlo fue sobre el abuso que sacerdotes y obispos habían perpetrado contra niños. Para el religioso, “esta acusación fue en realidad una revelación de su corazón. Era un hombre que conocía el sufrimiento interno”.
Qué había en su corazón
El padre Scheidt le preguntó en uno de estos dos encuentros sobre su infancia. Le contestó que creció durante la II Guerra Mundial y que vio la guerra en primera persona con muchos cadáveres. “Tenía el recuerdo grabado en su mente de las tropas rusas ametrallando pequeños animales, no para comer, sino sólo por crueldad”, explicó.
Otra de las preguntas que realizó a este médico es qué le llevó a especializarse en abortos. Les habló de un fallo en una operación cardíaca en la que él participaba y en la que acabó falleciendo el paciente.
Bernard Nathanson, uno de los principales médicos abortistas de EEUU en la década de 1970 que se convirtió al catolicismo y se hizo provida, explicó que muchos médicos que acaban dedicándose a matar bebés han fracasado en otros ámbitos de la medicina previamente, encontrando su lugar en los centros abortistas.  Poner fin a una vida humana es menos complicado, médicamente, que tratar de salvarla, afirmaba Nathanson.
"Al cielo de Hitler y Stalin"
Igualmente, Klopfer les confesó que no tenía ningún amigo, y que las personas más cercanas en ese momento a él eran precisamente este activista provida y el sacerdote, motivo por el cual conducía tantos kilómetros para encontrarse con ellos.
En uno de estos encuentros, este médico abortista les dijo: “Creo que iré al cielo de Hitler y Stalin”. Había interiorizado el sufrimiento que provocaba. Sabía lo que era y lo que había hecho. Incluso les llegó a hablar de sus pecados y todos sus fracasos.
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Una situación surrealista
La última vez que el sacerdote vio a este médico abortista vivió una situación difícil de creer. En el coche estaban el religioso, el voluntario provida y el médico abortista. Este último vio entonces que un coche estacionaba y de él bajaba una mujer y su hijo. Sabía cómo se llamaba la mujer, que para colmo estaba abriendo un centro de la organización provida Right to Life en ese lugar.
Entonces Klopfer les dijo de bajarse del coche y saludar a esta mujer. “Fue uno de los momentos más surrealistas de toda mi vida. El sacerdote, el abortista, la mujer  que trabajaba en Rigth to Life, su hijo y un feligrés que intercede por un médico abortista”.
Una "oveja perdida" que hay rescatar
¿Qué sacó en claro el sacerdote de todo esto? El padre Scheidt dijo a los feligreses durante aquella homilía que “debemos ir en busca de la imagen divina de cada persona. Vi en George Klopfer no sólo a una persona que asesinó, sino una oveja perdida, alguien infinitamente más valioso que una moneda, alguien que necesitaba conocer su filiación". Precisamente, aquel domingo el Evangelio era el de las tres parábolas.
La última vez que el feligrés se encontró con el abortista le dijo: “George, no es demasiado tarde. Eres como el ladrón que está en la cruz al lado de Jesús. Perteneces a Jesús. Acepta a Jesús, aunque sea ahora a última hora”. Y este católico que tangas veces abandonaba sus encuentros con el médico frustrado por no ver cambios en él se despidió aquel día creyendo que esto le había llegado a su corazón.
Por ello, este sacerdote recordó que “sólo Dios sabe que ocurrió a última hora” y que “Dios posee la capacidad de transformar y sanar la vida humana”. Para ello, cuenta con instrumentos como este voluntario que dedicó su esfuerzo, tiempo e ilusión para intentar rescatar a un gran asesino
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martes, abril 02, 2019

Los anticonceptivos hormonales causan abortos

Los anticonceptivos hormonales causan abortos,
    según confirma un estudio

Martín M. Barillas

WASHINGTON, D.C., 29 de marzo de 2019 (LifeSiteNews.com). En una revisión de la bibliografía científica disponible, tres investigadoras médicas han hallado evidencia de que las mujeres que usan anticonceptivos hormonales sí conciben bebés, los cuales luego son destruidos por las sustancias químicas en abortos tempranos.

Las investigadoras Donna Harrison, Cara Buskmiller y Monique Chireau publicaron sus hallazgos en el artículo “Systematic Review of Ovarian Activity and Potential for Embryo Formation and Loss during the Use of Hormonal Contraception” (Revisión sistemática de la actividad de los ovarios y formación y pérdida potencial de embriones durante el uso de la anticoncepción hormonal”, traducción libre). El estudio fue publicado en la edición de enero de 2019 de la revista de medicina Linacre Quarterly, una publicación revisada por colegas de la Asociación de Médicos Católicos de EEUU (CMA, por sus siglas en inglés).

Las investigadoras examinaron estudios científicos que habían sido publicados desde 1990. Estos estudios investigaron el uso de los anticonceptivos hormonales. Dichos estudios arrojaron evidencia de elevados niveles de hormonas de estrógeno y progestina, que circulaban cuando los ovarios producían óvulos. Estas hormonas eran acompañadas por la concepción de bebés en la etapa embrionaria, que luego morían. 

En una respuesta a un correo electrónico enviado por LifeSiteNews.com, la Dra. Harrison explicó que el estudio mostró que los óvulos “son liberados con mucha más frecuencia durante el uso de anticonceptivos hormonales que lo que antes se pensaba”. La científica expresó en su estudio que cuando los óvulos son liberados durante el uso de la anticoncepción hormonal, la progesterona (la hormona que es necesaria para el sostén del embarazo) no se produce muy bien. Y añadió que la anticoncepción hormonal interfiere con la “capacidad de la mujer de producir progesterona para sostener al embrión humano”. Aunque reconoció que se necesita mucha más investigación, la Dra. Harrison, expresó preocupación por “la cantidad de embriones que de hecho son producidos durante el uso de los anticonceptivos hormonales y qué les ocurre a esos embriones que son producidos pero que no viven lo suficiente como para producir una prueba de embarazo que dé un resultado positivo al final de un ciclo”.

En el abstracto o resumen del estudio, las autoras expresaron que debido a que [el nivel de] la progesterona producido durante el uso de la anticoncepción hormonal es más bajo que lo que previamente se conoce, ello puede causar la pérdida de embriones. Las autoras recomendaron que esta información deba ser incluida cuando se está estableciendo un consenso informado por parte de las mujeres que están considerando el uso de la anticoncepción hormonal.

En efecto, en el resumen, las autoras expresaron que las mujeres que usan anticonceptivos hormonales (incluyendo la píldora anticonceptiva) puede que experimenten “una ovulación anormal o la liberación de un óvulo seguida de niveles hormonales anormales”. Y añadieron: “Este hecho puede aumentar el número de embriones en una etapa muy temprana que se pierden antes de que la prueba de embarazo dé un resultado positivo. Para las mujeres que están pensando acerca del uso de la anticoncepción hormonal, esta información es importante”.

[Nota del traductor-editor: La ley moral universal o ley natural y la Iglesia Católica enseñan que el uso de cualquier anticonceptivo es un acto intrínsecamente y gravemente malo y los que lo cometen con plena libertad y pleno conocimiento de este hecho incurren en un pecado mortal. Sin embargo, aquí el autor y a quienes él se refiere se concentran en el carácter abortivo de los anticonceptivos hormonales y en que por lo menos las mujeres deben saber este dato. Por supuesto, el carácter abortivo de estos anticonceptivos convierte su uso en un acto aún más grave.]

En un congreso sobre doctrina católica acerca de la anticoncepción y el aborto en 2006, la Dra.  Maria Kraw, especialista en endocrinología, que vive en Toronto, Canadá, describió cómo los anticonceptivos hormonales de hecho actúan de tal modo que pueden destruir la vida de un pequeñito ser humano durante el comienzo del embarazo. En una conferencia titulada “Medical Consequences of Contraception” (“Las consecuencias médicas de la anticoncepción”, traducción libre), la Dra. Kraw dijo que ella se abstenía de utilizar el término “anticoncepción”.

“Esto es así porque implica solamente el impedir la concepción”, dijo la experta. Y añadió que las dosis de hormonas causan abortos y otras consecuencias negativas. Señaló que la anticoncepción hormonal funciona por medio de la introducción de estrógeno artificial y progesterona artificial (progestinas) de 4 a 10 veces la cantidad producida de manera natural por el organismo humano. Estos elevados niveles de hormonas, añadió, hace que el cerebro cause que la ovulación se detenga, ya que dicha detención fue desencadenada por un aparente embarazo.

Es posible que la anticoncepción pueda impedir la concepción impidiendo que los espermatozoides penetren la cérvix y de esa manera imposibiliten que uno de ellos fertilice el óvulo que ha sido liberado por los ovarios a través de las trompas de Falopio. Pero también puede impedir que un embrión (el bebé durante sus primerísimas etapas de existencia) se implante en el útero de su madre. Ello ocurre cuando un nuevo ser humano ya ha sido concebido, declaró Kraw, luego de que las hormonas artificiales hayan adelgazado la capa que recubre el útero. “De manera que, en vez de anidarse en un útero acogedor y lleno de nutrientes para continuar su desarrollo,” explicó la científica, “el útero se convierte en un ambiente hostil y el embrión es descartado”.

[Nota del traductor-editor: Además de la píldora anticonceptiva y la “píldora del día siguiente” (incluyendo el Plan B), los otros anticonceptivos hormonales que actúan de manera abortiva son los siguientes: el Nuvaring o anillo vaginal; el OrthoEvra o “el parche”; el “OrthoTriCyclen Lo, píldoras anticonceptivas, conocidas también como anticonceptivos orales combinados; el. Depo-Provera o “la vacuna”; “El acetato de medroxiprogesterona; el Implanon, método que dura tres años y que se inserta en el brazo; la píldora de solo progestina o “la mini-píldora”, “ORTHO MICRONOR®; el “Ella” o “EllaOne” (ulipristal).  Aunque su mecanismo es distinto, los dispositivos intrauterinos también pueden actuar de manera abortiva: el Mirena y el Paragard, que es de cobre.]

Fuente LFN

lunes, marzo 18, 2019

Le soir approche et déjà le jour baisse

Nicolas Diat et Cardinal Robert Sarah 
Pour Benoît XVI, artisan incomparable de la reconstruction de l’Église.

Pour François, fils fidèle et dévoué de saint Ignace.

Pour les prêtres du monde entier, en action de grâce à l’occasion de mon Jubilé d’or sacerdotal.


« Si Dieu est pour nous, qui sera contre nous ? »
Lettre de saint Paul aux Romains

Hélas, Judas Iscariote
« Si eux se taisent, les pierres crieront » (Lc 19, 40).
« Un traître est un homme qui jure et qui ment. »
William Shakespeare, Macbeth
Pourquoi prendre à nouveau la parole ? Dans mon dernier livre, je vous invitais au silence. Pourtant, je ne peux plus me taire. Je ne dois plus me taire. Les chrétiens sont désorientés. Chaque jour, je reçois de toute part les appels au secours de ceux qui ne savent plus que croire. Chaque jour, je reçois à Rome des prêtres découragés et blessés. L’Église fait l’expérience de la nuit obscure. Le mystère d’iniquité l’enveloppe et l’aveugle.

Quotidiennement nous parviennent les nouvelles les plus terrifiantes. Il ne passe pas une semaine sans qu’un cas d’abus sexuel ne soit révélé. Chacune de ces révélations vient lacérer notre cœur de fils de l’Église. Comme le disait saint Paul VI, les fumées de Satan nous envahissent. L’Église, qui devrait être un lieu de lumière, est devenue un repaire de ténèbres. Elle devrait être une maison de famille sûre et paisible, et voilà qu’elle est devenue une caverne de brigands ! Comment pouvons-nous supporter que parmi nous, dans nos rangs, se soient introduits des prédateurs ? Nombre de prêtres fidèles se comportent chaque jour en bergers attentionnés, en pères pleins de douceur, en guides fermes. Mais certains hommes de Dieu sont devenus les agents du Mauvais. Ils ont cherché à souiller l’âme pure des plus petits. Ils ont humilié l’image du Christ présente en chaque enfant.
Les prêtres du monde entier se sont sentis humiliés et trahis par tant d’abominations. À la suite de Jésus, l’Église vit le mystère de la flagellation. Son corps est lacéré. Qui porte les coups ? Ceux-là même qui devraient l’aimer et la protéger ! Oui, j’ose emprunter les mots du pape François : le mystère de Judas plane sur notre temps. Le mystère de la trahison suinte des murs de l’Église. Les abus sur les mineurs le révèlent de la manière la plus abominable. Mais il faut avoir le courage de regarder notre péché en face : cette trahison-là a été préparée et causée par beaucoup d’autres, moins visibles, plus subtiles mais tout aussi profondes. Nous vivons depuis longtemps le mystère de Judas. Ce qui apparaît désormais au grand jour a des causes profondes qu’il faut avoir le courage de dénoncer avec clarté. La crise que vivent le clergé, l’Église et le monde est radicalement une crise spirituelle, une crise de la foi. Nous vivons le mystère d’iniquité, le mystère de la trahison, le mystère de Judas.

Permettez-moi de méditer avec vous sur la figure de Judas. Jésus l’avait appelé comme tous les apôtres. Jésus l’aimait ! Il l’avait envoyé pour annoncer la Bonne Nouvelle. Mais peu à peu le doute s’est emparé du cœur de Judas. Insensiblement, il s’est mis à juger l’enseignement de Jésus. Il s’est dit : ce Jésus est trop exigeant, peu efficace. Judas a voulu faire advenir le Royaume de Dieu sur la terre, tout de suite, par des moyens humains et selon ses plans personnels. Pourtant, il avait entendu Jésus lui dire : « Vos pensées ne sont pas mes pensées, vos voies ne sont pas mes voies » (Is 55, 8). Judas s’est malgré tout éloigné. Il n’a plus écouté le Christ. Il ne l’a plus accompagné dans ces longues nuits de silence et de prière. Judas s’est réfugié dans les affaires du monde. Il s’est occupé de la bourse, de l’argent et du commerce. Le menteur continuait à suivre le Christ, mais il n’y croyait plus. Il murmurait. Le soir du Jeudi Saint, le Maître lui a lavé les pieds. Son cœur devait être bien endurci pour ne pas se laisser toucher. Le Seigneur était là devant lui, à genoux, serviteur humilié, lavant les pieds de celui qui devait le livrer. Jésus a posé sur lui une dernière fois son regard plein de douceur et de miséricorde. Mais le diable s’était déjà introduit dans le cœur de Judas. Il n’a pas baissé les yeux. Intérieurement, il a dû prononcer l’antique mot de la révolte : « non serviam », « je ne servirai pas ». Lors de la Cène, il a communié alors que son projet était arrêté. Ce fut la première communion sacrilège de l’histoire. Et il a trahi.
Judas est pour l’éternité le nom du traître et son ombre plane aujourd’hui sur nous. Oui, comme lui, nous avons trahi ! Nous avons abandonné la prière. Le mal de l’activisme efficace s’est infiltré partout. Nous cherchons à imiter l’organisation des grandes entreprises. Nous oublions que seule la prière est le sang qui peut irriguer le cœur de l’Église. Nous affirmons que nous n’avons pas de temps à perdre. Nous voulons employer ce temps à des œuvres sociales utiles. Celui qui ne prie plus a déjà trahi. Déjà, il est prêt à toutes les compromissions avec le monde. Il marche sur la voie de Judas.
Nous tolérons toutes les remises en cause. La doctrine catholique est mise en doute. Au nom de postures soi-disant intellectuelles, des théologiens s’amusent à déconstruire les dogmes, à vider la morale de son sens profond. Le relativisme est le masque de Judas déguisé en intellectuel. Comment s’étonner lorsque nous apprenons que tant de prêtres brisent leurs engagements ? Nous relativisons le sens du célibat, nous revendiquons le droit à avoir une vie privée, ce qui est contraire à la mission du prêtre. Certains vont jusqu’à revendiquer le droit à des comportements homosexuels. Les scandales se succèdent, chez les prêtres et chez les évêques.
Le mystère de Judas s’étend. Je veux donc dire à tous les prêtres : restez forts et droits. Certes, à cause de quelques ministres, vous serez tous étiquetés comme homosexuels. On traînera dans la boue l’Église catholique. On la présentera comme si elle était entièrement composée de prêtres hypocrites et avides de pouvoir. Que votre cœur ne se trouble pas. Le Vendredi Saint, Jésus était chargé de tous les crimes du monde, et Jérusalem hurlait : « Crucifie-le ! Crucifie-le ! » Nonobstant les enquêtes tendancieuses qui vous présentent la situation désastreuse d’ecclésiastiques irresponsables à la vie intérieure anémiée, aux commandes du gouvernement même de l’Église, restez sereins et confiants comme la Vierge et saint Jean au pied de la Croix. Les prêtres, les évêques et les cardinaux sans morale ne terniront en rien le témoignage lumineux des plus de quatre cent mille prêtres à travers le monde qui, chaque jour et dans la fidélité, servent saintement et joyeusement le seigneur. Malgré la violence des attaques qu’elle peut subir, l’Église ne mourra pas. C’est la promesse du Seigneur, et sa parole est infaillible.

Les chrétiens tremblent, vacillent, doutent. J’ai voulu ce livre pour eux. Pour leur dire : ne doutez pas ! Tenez ferme la doctrine ! Tenez la prière ! J’ai voulu ce livre pour réconforter les chrétiens et les prêtres fidèles.
Le mystère de Judas, le mystère de la trahison, est un poison subtil. Le diable cherche à nous faire douter de l’Église. Il veut que nous la regardions comme une organisation humaine en crise. Pourtant, elle est tellement plus que cela : elle est le Christ se continuant. Le diable nous pousse à la division et au schisme. Il veut nous faire croire que l’Église a trahi. Mais l’Église ne trahit pas. L’Église, pleine de pécheurs, est elle-même sans péchés ! Il y aura toujours assez de lumière en elle pour ceux qui cherchent Dieu. Ne soyez pas tentés par la haine, la division, la manipulation. Il ne s’agit pas de créer un parti, de nous dresser les uns contre les autres : « Le Maître nous a mis en garde contre ces dangers au point de rassurer le peuple, même à l’égard des mauvais pasteurs : il ne fallait pas qu’à cause d’eux on abandonnât l’Église, cette chaire de la vérité […] Donc ne nous perdons pas dans le mal de la division, à cause de ceux qui sont mauvais », disait déjà saint Augustin (lettre 105).

L’Église souffre, elle est bafouée et ses ennemis sont à l’intérieur. Ne l’abandonnons pas. Tous les pasteurs sont des homme pécheurs, mais ils portent en eux le mystère du Christ.
Que faire alors ? Il ne s’agit pas de s’organiser et de mettre en œuvre des stratégies. Comment croire que par nous-même nous pourrions améliorer les choses ? Ce serait entrer encore dans l’illusion mortifère de Judas.
Face au déferlement des péchés dans les rangs de l’Église, nous sommes tentés de vouloir prendre les choses en mains. Nous sommes tentés de vouloir purifier l’Église par nos propres forces. Ce serait une erreur. Que ferions-nous ? Un parti ? Un courant ? Telle est la tentation la plus grave : les oripeaux de la division. Sous prétexte de faire le bien, on se divise, on se critique, on se déchire. Et le démon ricane. Il a réussi à tenter les bons sous l’apparence du bien. Nous ne réformons pas l’Église par la division et la haine. Nous réformons l’Église en commençant par nous changer nous-mêmes ! N’hésitons pas, chacun à notre place, à dénoncer le péché en commençant par le nôtre.
Je tremble à l’idée que la tunique sans couture du Christ risque à nouveau d’être déchirée. Jésus a souffert l’agonie en voyant par avance les divisions des chrétiens. Ne le crucifions pas à nouveau ! Son cœur nous supplie : il a soif d’unité ! Le diable craint d’être nommé par son nom. Il aime à se draper dans le brouillard de l’ambiguïté. Soyons clairs. « Mal nommer les choses, c’est ajouter au malheur du monde », disait Albert Camus.

jueves, enero 17, 2019

¡No soy un producto!

Este testimonio me ha recordado la confidencia de una amiga muy querida, ya fallecida. ¡Cómo afecta el aborto de los hermanos! Ellos también  sufren el síndrome postaborto. No importa qué religión tengan.
Cuando tenía 16 años tuve una conversación con mi madre que me cambió para siempre. Mi madre y mi padre nunca se casaron, se separaron cuando yo tenía 9 meses y nunca conocí a mi padre hasta que tuve 28 años. Mi madre silenciaba todo lo que se refería a su relación con mi padre. Nunca supe nada de la misma hasta una tarde cuando tenía 16 años en que mi madre decidió darme detalles de su noviazgo con mi padre.
Durante la conversación mi madre se mostraba muy triste y me dijo que conoció a mi padre cuando ella tenía 19 años y mi padre tenía 21 años. Él estudiaba en la universidad y mi madre vivía con mi abuela. Durante su noviazgo, mi madre me dijo que resultó embarazada; supuse que se refería a mí. Entre llantos me dijo que no se refería a mí; mis padres habían engendrado otro hijo antes que yo. Para ser más específica mi madre me dijo que era una niña y que yo tenía una hermana mayor. Mi pregunta natural fue que pasó con ella y mi madre me manifestó que ella y mi padre no se sentían preparados para tener una hija. Mi padre, aunque lo amo, cobardemente consiguió dinero y le sugirió a mi madre que se hiciera un aborto. Mi madre por temor o por amor, fue a una clínica clandestina a practicarse un aborto.
Cuando mi madre abortó, no salió un producto de ella, salió una niña. Hay grupos en la actualidad que no quieren llamarlos bebés o fetos, los llaman «productos»; ¡Que mentira más grande!, mi madre vio los brazos, piernas y cuerpo de mi hermana mientras era mutilada para «terminar» con el embarazo. No era un producto, era una vida, era mi hermana. No terminaron con un embarazo, asesinaron a mi hermana. El aborto no es una solución: es la salida más primitiva y horrenda que se pueda hacer. Asesinar a alguien nunca solucionará tus problemas. El día que mi madre abortó me privaron de mi hermana, de mi familia, de mis futuros sobrinos o sobrinas. Me privaron de amar y de ser amado por una hermana. En la actualidad las personas que favorecen el aborto dicen que quieren emancipar a las mujeres, que quieren liberarlas, ¡qué absurdo!
Mi madre después de 40 años aún se lamenta y llora por haber abortado a mi hermana. Aun ahora mi madre me pide perdón y llora cuando habla de la niña que fue asesinada antes de nacer. Nunca he visto a una mujer que haya abortado promover el aborto. Les aseguro que mi madre no apoya el aborto, todo lo contrario, aun siente la culpabilidad y la miseria de haber abortado. Mi madre está encerrada en una culpabilidad que le persigue hasta el día de hoy, aún no se puede perdonar a ella misma la cobarde decisión que tomo de terminar una vida. Cuando veo a mi madre no veo a una mujer liberada. Todo lo contrario, veo una mujer esclavizada por la tristeza de haber matado a su propia hija. Mi madre aún no había terminado con su relato. Me dijo que a los 20 años quedo otra vez embarazada de mi padre. Ambos pensaron que si abortar había funcionado antes seguramente funcionaría otra vez. Una vez más mi padre consiguió el dinero y mi madre fue a la misma clínica clandestina para abortar. Mientras estaba sentada en la clínica se tocó su estómago y recordó el vil asesinato de mi hermana. No pudo más, se puso a llorar, sintió una culpabilidad aplastante y entre lágrimas le habló al niño en su vientre. Se armó de valor y se fue de la clínica con un bebé en su vientre. Le dijo a mi padre que no abortaría, que prefería dar vida antes que quitarla otra vez. Ese bebé al que le habló en su vientre mientras estaba en la clínica era yo. Me prometió cuidarme, amarme y ha cumplido.
Mi nombre es Oliver Campos y no soy un producto. Tengo 36 años, vivo en Arizona, Estados Unidos. Estoy casado con una mujer maravillosa, tengo dos hijos que son el regalo más grande que Dios me ha dado. Yo no soy un producto, soy un ser humano. Sirvo en una iglesia como pastor desde hace 10 años. He trabajado para la oficina del alguacil y como policía en el estado de Arizona. He ayudado a personas en sus momentos más difíciles, incluso he salvado vidas. Yo no era un producto cuando estaba en el vientre de mi madre, no soy un producto ahora, soy una persona. Si mi madre me hubiera abortado se hubiera perdido toda una generación. Una conversación con mi madre me cambió la vida, espero que esta conversación cambie tu manera de pensar sobre el aborto o confirme tu decisión de apoyar la vida. ¿Sabes? en mi familia hay un espacio vacío, es el de mi hermana, nunca la conocí, pero la extraño tanto. A veces me pregunto cómo sería mi vida si la hubieran dejado vivir. Piensa por un momento, si mi madre no hubiera salido de esa clínica, yo no existiría y esta charla nunca la hubiéramos tenido. Que no te mientan no somos productos, somos vidas. Por favor, elige proteger las dos vidas.
Biografía: Oliver está felizmente casado en Arizona y es padre de dos niños. Es pastor en una Iglesia protestante.
Leído en Salvarel1

sábado, diciembre 29, 2018

¡Jesús es más barato y más seguro!

Monette cedió a la presión de su marido y abortó dos veces. Sintiéndose condenada al infierno, se alejó de Dios y acudió al esoterismo. Ella misma cuenta en L'1visible cómo salió de él: ¡Jesús es más barato y más seguro!

Nací en una familia bretona muy católica. Me casé muy joven, con 18 años. Tuve un primer hijo. Muy pronto volví a quedarme embarazada, pero mi marido no quería tener otro hijo tan rápido. Yo era muy joven y no pude resistir a su voluntad. Lloré mucho, muchísimo, al salir de aquella operación, que me arrancó el corazón. Así que, muy poco después, se anunció otro embarazo, y le dije: “¡No, esta vez vamos a tener este hijo!” Y nació nuestra hija. Algún tiempo después, volví a quedar embarazada. Una vez más, mi marido no quiso tenerlo. En aquel momento me sentí con muchas menos fuerzas para defender a ese pequeño y aborté. Y de nuevo, enseguida lo lamenté mucho… “¡Voy a ir derecha al infierno…” Fue entonces un drama para mí, y aún lo es hoy.

A partir de ese momento me alejé de la Iglesia, pues pensaba: “¡Soy una desgraciada! Me voy a condenar en cualquier caso, el Señor ya no me quiere. No vale la pena que piense en Dios, ni que vaya a la iglesia y a misa, se acabó. ¡Voy a ir derecha al infierno!”

Así que comencé a buscar mi felicidad en otra parte. La sociedad me decía que podía encontrarla en los bienes materiales, pero eso no funcionó. Así que visité otros lares. Toqué un poco todas las teclas: en las sectas, en el esoterismo, etc. Mi búsqueda de la felicidad a diestro y siniestro duró dos años. Pero me daba cuenta perfectamente de que la felicidad que nos ofrecen el mundo o las sectas es un engaño. ¡Eso no es la felicidad!

Palabras que surtieron efecto

Un día me encuentro a una amiga y le cuento todas mis experiencias en el esoterismo. Me dice sin más: “¡Eh! ¡Monette, me das miedo! ¡Jesús es más barato y más seguro!” Su reacción me cautivó, literalmente. Un auténtico electrochoque. ¡Como si un rayo hubiese caído ante mis pies! Así que cambié de rumbo y me acerqué de nuevo a la Iglesia. Comencé a seguir toda la rutina, pero todavía sin creer demasiado.

Luego conocí a un sacerdote a quien conté mi “conversión”. Me dijo: “Monette, todo eso está muy bien. ¡Pero no has venido a confesarte!” ¡Nuevo electrochoque! Me tiré de la silla, lloré, grité… Esa confesión fue un momento extraordinario.

Finalmente, este sacerdote me sugirió: “Dale un nombre a tus hijos”. Lo hice. Desde entonces, rezo por mis hijos. Es un gran consuelo.

A partir de esa confesión, me acerqué aún más al Señor. Todos los años hago un retiro. Un año, el último día del retiro el sacerdote dijo: “Hay aquí alguien que sufre en su matrimonio. El Señor está sanando su corazón”. Tomé estas palabras como dirigidas a mí, porque era exactamente lo que estaba viviendo. Al día siguiente, ya en el tren de regreso a casa, sentí que el amor de Dios inundaba todo mi ser. Sentí que el Señor curaba las heridas de mi alma, que restañaba los moratones. Fue muy dulce, muy bello, como una caricia.

Hoy, 25 años más tarde, soy cada vez más feliz. Al acercarme a Jesús y a la Iglesia encontré lo que buscaba: la felicidad. Vivo cada día un poco más esta fuerte relación con Dios. Con Él, mi vida es agradable. En ocasiones también puede ser dura, porque las cosas no salen siempre como yo quisiera. Pero lo cierto es que ya no podría vivir sin Dios. ¡Si Él no estuviese ahí, sería una vieja divorciada y amargada!

Traducción de Carmelo López-Arias.

viernes, diciembre 21, 2018

Hazte socio de SpeiMater

 En estas Navidad en que Dios se hace Niño, es tiempo de pensar en los niños no nacidos. 

  En esta Navidad en la que María, a punto de dar a luz, no encuentra posada es hora de pensar en las embarazadas que no encuentran apoyo. 

 Puedes rellenar el formulario de abajo, hacerle una  foto y mandarlo por WhatsApp o por email.
  En nombre de SpeiMater, muchas gracias 
 

lunes, diciembre 10, 2018

Cinco experiencias habituales en quienes dijeron sí al abortos


Sobre el impacto a largo plazo que el aborto ha dejado en sus vidas.

7 diciembre 2018  


El portal web FemCatholic acaba de publicar los resultados de una encuesta realizada a mujeres que han abortado. El objetivo, señalan, ha sido: “escuchar a las mujeres y aprender de ellas cómo podemos apoyarlas mejor cuando se enfrentan a embarazos inesperados o difíciles”.

Algunas mujeres hablaron de sus propios abortos, otras compartieron su experiencia como testigos del aborto realizado por alguien muy cercana a ellas. En este último grupo también dos hombres colaboraron.

Experiencias habituales -condicionantes/facilitadores- en quienes abortaron 

1.     Nadie le aconsejó que era posible tener el bebé, ni mostró confianza en su capacidad de ser madre. 

Varias mujeres detallaron experiencias que mostraban qué complejo les resultaba encontrar recursos para desenvolverse en la vida como madres jóvenes y solteras. "Ni una sola persona a mi alrededor me dijo que estaría bien tener al hijo.. Nadie mostró confianza en mí", escribe una de esas mujeres quien terminó abortando convencida, dice, de las mentiras que la cultura dominante promueve respecto a que “el aborto era la decisión más responsable que podía tomar una mujer joven en la universidad".

2.     Algunas no estaban informadas sobre los diversos servicios de ayuda a mujeres con embarazos inesperados, difíciles o en situación de vulnerabilidad. 

"¿Cómo puedo terminar mi carrera y ser madre? ¿Dónde puedo vivir? ¿Puedo continuar en la residencia de estudiantes? ¿Hay otras madres por ahí con carreras prósperas que comenzaron con un embarazo no planeado como mujer soltera?”, fueron interrogantes reiteradas. Una de esas encuestadas narró que después de haber tenido un aborto, descubrió que había una vivienda especial y ayuda financiera en su universidad para estudiantes "no convencionales" y que podría haber completado su título de una manera alternativa. "Me enferma pensar en ello. Si esa información hubiera estado fácilmente disponible, hoy tendría un niño de diez años", señaló.

3.     Los padres no la apoyaron.
"Vengo de una familia muy, muy tradicional. Me sentía tan sola, asustada. Sabía que mis padres me echarían de la casa y mi pareja huyó", recordó una mujer.

4.     Los mensajes de castidad-abstinencia contribuyeron a los sentimientos de vergüenza, a la percepción de falta de opciones y al miedo.

Uno de los varones encuestados relató la experiencia de su hermana, recordando que como su madre transmitía firmes enseñanzas en contra del sexo prematrimonial, esto sólo inflamó su sentido de aislamiento y vergüenza cuando se enteró de que estaba embarazada. "Creo que necesitamos un cambio cultural en la forma en que hablamos sobre el sexo y el embarazo para que las mujeres en esta situación no se sientan excluidas y avergonzadas tratando de resolverlo sin que nadie lo sepa", escribió.

5.     Las circunstancias eran adversas, y ella sentía que no tenía otra opción

"Todo apuntaba a elegir el aborto a causa de la pobreza; estaba soltera, en la escuela secundaria, no podría darle al niño una buena vida, era demasiado difícil, me rechazarían, no tendría ayuda, viviría del gobierno para siempre, nadie volvería a quererme", eran los miedos que condicionaron el aborto de muchas adolescentes y jóvenes.

Heridas a largo plazo

La encuesta también preguntó a las mujeres sobre el impacto a largo plazo que el aborto ha dejado en sus vidas. Muchas relataron los continuos problemas de salud física y mental con los que han quedado, incluyendo daños en el útero, ataques de pánico, depresión y dolor reiterado por la pérdida de sus hijos.

"Todavía pienso en mi hijo cada junio cuando él/ella habría nacido. Debería buscar ayuda. Sólo rezo para lograr sanar", escribió una mujer que todavía está deprimida.

 Tuve que encontrar la curación por mi cuenta y la encontré después de asistir a un retiro de Rachel viña.  Lo que todavía me duele es saber que las personas que me empujaron (exigieron) al aborto nunca me han pedido disculpas por sus acciones, palabras y, efectivamente, por su falta de confianza en mí

Mientras el dolor era aún intenso para muchas personas, otras hablaron sobre el apoyo que han recibido de sus esposos, familia, sacerdotes, y del ejemplo de figuras católicas como Dorothy Day. "Me siento sanada espiritual y físicamente", escribió una mujer en respuesta a la encuesta.

"Orar, la confesión y la unión a la Iglesia me ayudaron mucho. Lo que aún duele es que extraño a mi hijo. ¡Pero ahora tengo aún más motivación para luchar por el cielo para poder conocer a mi hijo!", dijo otra de las encuestadas.

Si estás buscando sanación después de un aborto, mira Proyecto Raquel  en España.



miércoles, noviembre 28, 2018

Una de cada 4 personas con síndrome postaborto es varón

ReL Ha publicado estos días una nota. ¡No olvidéis a quienes han abortado! Necesitan ayuda para superarlo.

La decisión del Papa de extender a todos los sacerdotes la facultad que les había concedido, con ocasión del Jubileo de la Misericordia, de levantar la excomunión por el aborto, hasta entonces reservada al obispo del lugar, fue acogida con ilusión por las personas que trabajan en el Proyecto Raquel en España. Llevan a cabo una tarea de ayuda a  mujeres que han abortado y hombres que lo han impulsado o consentido y padecen el síndrome postaborto, y dicha facilidad es un instrumento decisivo en el proceso de sanación.
El síndrome postaborto son las secuelas psicológicas que mujeres y hombres sufren después de haber abortado, es un dolor que en ocasiones los acompaña toda una vida. Entre los síntomas destacan la ansiedad, las pesadillas, el estrés post-traumático y la depresión acompañada de un sentimiento de culpa que se agudiza en la fecha en la que el bebé hubiera nacido.
En conversación con Blanca Ruiz Antón para ACI Prensa, la presidenta de Spei Mater y Proyecto Raquel en EspañaMaría José Mansilla, dijo que además de agradecer el anuncio del Santo Padre, es necesario “acompañar a estas personas, darles luz y acogida. Esto es un reto tanto para los sacerdotes como para los laicos”.
Según Mansilla, lo que hace su organización es “una ayuda psicológica y espiritual, porque se trata de un problema que afecta a toda la persona” y que se divide en diez sesiones que se realizan en unos tres meses aproximadamente, pero “todo depende de las necesidades de cada una de las personas que participan”. En ese itinerario hay tres figuras fundamentales: el consejero, el sacerdote y el profesional de la salud mental, que en ocasiones puede obviarse.
“Se sigue una metodología de acompañamiento y no de terapia para que, como dice San Juan Pablo II en la Evangelium Vitae, ‘se comprenda lo que ha sucedido y asuma la verdad de las cosas’”.
En ese sentido, Mansilla manifestó que, si bien es muy importante “el perdón y la reconciliación sacramental, muchas personas no son capaces de asimilarlo y por eso necesitan un proceso para también perdonarse a sí mismas”.
Es necesario “vivir el duelo por la pérdida del bebé, despedirse de él. En el proyecto se les hace un pequeño funeral en el que los padres y las madres se despiden del pequeño no físicamente sino con la oración”, sostuvo.
Pero no sólo las mujeres acuden al Proyecto Mater, sino que “una de cada cuatro personas afectadas por el síndrome postaborto es un hombre”. Ellos lo sufren de manera parecida a las mujeres, pero con algunas diferencias, “en muchos casos no se sienten con derecho a estar tristes y sufrir la pérdida de ese hijo”.
“El plan está adaptado en algunos puntos ya que ellos no han pasado por la experiencia física, y también depende del papel que tuvieron en ese aborto: si se negaron, si dejaron a la mujer sola o si lo supieron años después”, aseguró la presidenta.
“Los casos que más me llaman la atención son las personas que abortaron hace muchos años y que llevan como 40 años con ese dolor en su corazón y que llegan buscando acabar con un sufrimiento que les ha acompañado toda una vida”.
“A veces, después del acompañamiento dejan una medicación que tomaban desde años. Ahí se ve la mano de Dios, al igual que cuando acuden chicas muy jóvenes de apenas 15 años que tienen un dolor en el corazón que les hace pensar que nada tiene sentido”, expresó Mansilla.
“Tras esta ayuda vuelven a nacer. También hay quienes cambian su vida por completo y llegan a decir, que a pesar de que parece increíble, de algo tan horrible, puede salir algo bueno, porque conoces la misericordia y eso cambia la vida”.
El Proyecto Raquel comenzó en 2010 y actualmente se encuentra en unas 33 diócesis españolas. Si bien la institución no lleva una estadística “podemos atender a unas trescientas mujeres al año entre todas las diócesis, pero sería lo mismo si atendiéramos tan solo a una”, aseguró Mansilla.
Este proyecto de ayuda a mujeres y hombres afectados por este síndrome nació en Estados Unidos pero se ha extendido a distintos países en el mundo