miércoles, junio 03, 2020

El momento es ahora



El momento es ahora

El otro día oí en la radio que en Madrid es imposible tener hora en el psicólogo hasta septiembre, y creo que en el psiquiatra tampoco. Al hablar con las personas es la sensación que tengo también, todo el mundo anda mal, cada uno con su especialidad, el que tiene tendencia a la depresión, pues se deprime, el que tiene algún acontecimiento traumático en el pasado como un aborto, un abuso, se le viene a la cabeza una y otra vez, el que tiene una adicción recae y esto sin hablar de aquellos a quien les ha tocado más de cerca, como el que ha tenido una perdida de un familiar, el que ha perdido su trabajo o ve su negocio hundirse o el que el mismo ha estado enfermo.
Al hilo de esto me he acordado de la historia de una persona que creo que puede ilustrar muy bien algunas reflexiones.
Esta persona, María vamos a llamarla, llevaba casi 40 años yendo al psiquiatra y sufriendo las consecuencias de su aborto provocado. Porque antes de aprobarse la ley del aborto también se abortaba en España, y no precisamente en Londres ni personas de alto nivel adquisitivo.
No quiero desacreditar la labor de los psiquiatras y la necesidad de medicación, pero es cuando menos llamativo que media España tome antidepresivos y la otra media ansiolíticos: algo está fallando.
Lo primero que creo que falla es que damos tratamientos físicos a enfermedades del alma, o por lo menos únicamente físicos y el ser humano es una unidad, y el cuerpo se resiente con las enfermedades del alma y de la psique como el alma y la psique se resienten con las enfermedades del cuerpo, pero en el momento en que lo separamos algo se rompe.
En segundo lugar, fallamos en atacar los síntomas sin ir al origen del problema, a María, nadie le había preguntado nunca si tenía algún aborto provocado y sorprendentemente, tampoco sospecharon que había sufrido abusos.
En tercer lugar, hay un porcentaje de sufrimiento psicológico que es consecuencia de un hecho traumático y que es absolutamente inevitable. Cuando perdemos un familiar tenemos que pasar el duelo, y eso duele y duele muchísimo, tanto más cuando no hemos tenido la oportunidad de despedirnos, de manifestarle cuanto le queríamos y lo importante que es en nuestra vida y cuando no hemos podido velarle y honrarle como merecía.
En cuarto lugar, lo peor del sufrimiento es la falta de sentido, y creo que eso donde también tenemos nuestro talón de Aquiles. Cuando sacamos a Dios de nuestra vida, de la sociedad las cosas empiezan a perder su sentido y empiezan a desmoronarse. Si no hay Vida Eterna, si no hay Cielo e Infierno, si no hay Bien y Verdad absolutos, si Dios no es un Padre que nos cuida y que es capaz de sacar un bien mayor de cada acontecimiento, si nuestro sufrimiento, absolutamente inevitable no tiene sentido ni valor, entonces la vida se convierte en absolutamente insoportable.
Hay una anécdota que me contó María que me hizo reír mucho pero que también tiene mucha miga. Ella iba a revisiones trimestrales, y cuando le decía a la psiquiatra que se encontraba mal, recibía estas respuestas: cuando iba en verano «mujer, con estos calores como vas a estar», cuando iba en invierno «mujer, con estos fríos como vas a estar» y cuando iba en otoño y en primavera le decía «mujer, con estos cambios de tiempo como vas a estar» y la pobre María se preguntaba «¿y en qué estación por fin voy a estar bien?»
Y es que el momento ideal nunca existe, la situación de calma total y ausencia de problemas en la cual por fin voy a ser feliz y por fin voy a poder empezar a hacer lo que tengo planeado, esa nunca va a llegar, por lo menos en esta vida.
El momento de convertirse es ahora, el momento de ser feliz es ahora, el momento de hacer lo que queremos hacer es ahora, y no hay otro. Recuerdo el soneto de Lope de Vega que dice
¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
¡verás con cuánto amor llamar porfía!»
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
¡para lo mismo responder mañana!
Se me ocurren un millón de ejemplos de como posponemos las cosas buscando el momento ideal que nunca llega, algunas pequeñas como «el lunes empiezo a comer bien o el lunes empiezo a hacer ejercicio» y otras muchas más importantes como «ahora no tengo tiempo de rezar, estoy muy ocupado» y otras verdaderamente dramáticas «Ahora no es el momento de ser madre, este bebé no puedo tenerlo, más adelante tendré otro». Y es que la más común argumentación para abortar es esa «no es el momento porque… no tengo trabajo, no tengo pareja, no tengo edad, no tengo…»
Quizá no es el mejor momento, por la crisis, por el famoso virus, por un millón de causas, todas ella razonables, pero es el momento, el único que tenemos, el hoy, aprovechémoslo para el mejor negocio de nuestra vida, convertirnos, volvernos a Dios, y por experiencia propia sé que todo lo demás viene por añadidura.



jueves, mayo 28, 2020

¿De qué te sirve la Pascua si sigues enamorado de tus cadenas?

«¿De qué te sirve la Pascua si sigues enamorado de tus cadenas?»
1 de mayo 2020
Queridos amigos de la misión.
¡Cristo nuestra pascua ha resucitado! Resurrexit sicut dixit!
¡Cuántas cosas han cambiado en la vida de la misión desde que os escribí la carta anterior! ¡Cuántas cosas han cambiado en el mundo! No cabe duda de que Dios es el Señor de la historia y que ¡sólo a Él pertenecen el honor, el poder y la gloria! Él nos habla a través de los signos de los tiempos y quien así lee la historia de los pueblos y las naciones, hace que la historia se convierta en verdadera historia de salvación.
Si es verdad que esta pandemia del virus a todos nos ha cogido desprevenidos, no es menos cierto que ni este ni ningún otro acontecimiento escapa de la mano amorosa de Dios y que: “para los que aman todo les sirve para el bien”, ya que… «¡todo es gracia!».
Aquí en Sudan del Sur, el virus covid-19 ha tardado mucho más en entrar que en el resto del mundo occidental y los casos son mucho menores en número. Nuestra única esperanza es que no haya un contagio masivo (el gobierno tiene contabilizado en este preciso momento que escribo, 34 casos de personas infectadas y ninguna muerte). Como el virus se extienda por esta región de África va a acabar con masas interminables de pobres gentes. No tenemos ni medicinas, ni enfermeras, ni médicos, ni hospitales… No tenemos nada.
Orad por nosotros. No hace falta que os diga que en África nuestras pandemias son muchas otras que, lamentablemente, no salen en las páginas de vuestros periódicos ni son noticia en las portadas de vuestros telediarios. Tenemos cólera, tétanos, fiebre amarilla, hepatitis A y B, meningitis, ébola, SARS, malaria, fiebres tifoideas… Oremos unos por otros para que, en todos, Dios sea glorificado en la vida y en la muerte.
Paso a contaros cómo van los proyectos que ya están en marcha, gracias a vuestra colaboración y los que próximamente iniciaremos.
Pozo de agua.
Una de mis grandes preocupaciones desde que llegué a Naandi, en estas selvas de la Ecuatoria Occidental de Sudán del Sur fue el acceso al agua potable. Si bien es verdad que aquí tenemos lluvias torrenciales ocho meses del año y cuatro meses en los que a los cielos le ponen cremallera y no cae ni una gota. De las escenas que más me han impresionado es ver a mujeres y niños (¡cómo siempre!) cargando garrafas de agua pesadísimas en la cabeza y caminar distancias verdaderamente inhumanas.
Nosotros mismos pasamos muchas dificultades, sobre todo en los primeros meses, para poder recoger agua de lluvia de los tejados de la casa, para beber, lavar, fregar, bañarnos y cocinar… ¡Cómo corríamos todos medio dormidos a las 2 o 3 de la madrugada a poner palanganas debajo de las canaletas y los caños del tejado en medio de la tormenta, empapándonos de arriba abajo!
Con vuestra ayuda pudimos construir una cisterna subterránea de más de 50,000 litros, junto a la casa y poner canaletas a los dos lados del tejado y así recoger toda el agua de lluvia. Ha sido un éxito. Aquí no llueve ni una gota desde primeros de diciembre y, sin embargo, no nos ha faltado el agua ni un solo día. Eso sí, aquí las gotas de agua que caen del grifo son más preciosas que los diamantes.
Contacté con una empresa que se dedica a la perforación de pozos y nos pusimos manos a la obra. Ya me habían advertido de que muchas otras organizaciones internacionales y ONGs lo habían intentado sin éxito. Perforamos cerca de la casa y después de llegar a los 120 metros de profundidad solo sacamos una nube de polvo de roca grisácea… Los ánimos de todos por los suelos…
Seguimos intentándolo donde los aparatos de los ingenieros decían que podría haber agua. Segundo intento y lo mismo. Más polvo de roca… Fracaso total.
El contrato firmado tenía una cláusula que decía que la compañía se comprometía a tres intentos. Buscamos un lugar dónde los más viejos del lugar creían recordar que en su tiempo habían instalado los misioneros una pequeña bomba manual… No recuerdo haber rezado tanto a la Virgen María tantos “Memorares» (Acordaos, Oh Virgen María…). ¡A 180 metros encontramos agua! No os podéis ni imaginar la alegría de todos. Aunque la perforación está a casi un kilómetro de casa, vamos a instalar una tubería para tener agua de sobra aquí en la misión y, por otra parte, vamos a poner una serie de grifos para que todo el pueblo pueda tener acceso a agua limpia.
Gracias con todo mi corazón por vuestra s ayudas económicas y vuestras oraciones.
Os adjunto un testimonio gráfico:
Primer intento fallido de perforación junto a la misión, que terminó en fracaso…
Segundo intento y más fracaso, más polvo de roca para nuestra desesperación …
Y a la tercera… ¡Fue la vencida! ¡Torrentes de agua viva!
Es verdad que ha supuesto un gasto enorme para la Fundación Misión de la Misericordia, en total serán unos 34,000 EUROS.
Nos faltan 10,000 EUROS por pagar, cuando se termine de instalar la bomba sumergible, el cableado eléctrico y la tubería de casi un kilómetro hasta la casa; pero creedme ¡ha valido la pena! ¡un día histórico para la misión, para este pueblo y para los miles de personas que por primera vez tendrán fácil acceso al agua, en vez de tener que caminar las pobres mujeres varios kilómetros con garrafas de agua sucia en la cabeza.
¡POR FAVOR AYUDADNOS A COMPLETAR EL PAGO QUE FALTA!
Escuela Primaria “Santa Teresa» o “Proyecto SUKURU»
Como bien sabéis, este fue nuestro proyecto-insignia desde que llegamos a esta misión en el corazón de la selva. Junto con la escuela secundaria “San Pedro y San Pablo”, también dependiente de nuestra parroquia.
Estamos totalmente convencidos de que la educación es el aporte más bonito y útil que puede aportar la Iglesia Católica a estos cientos de niños que por senderos y vericuetos llegan cada día al colegio de la misión. El encuentro con Cristo Maestro, Cristo Vida Nueva, es la esperanza de una vida diferente, en la que lleguen a ser verdaderamente personas, conscientes de su dignidad, de sus derechos, de haber sido creados para amar y para ser amados, creados a imagen y semejanza de Dios que es amor.
¡Queremos inaugurar la escuela!
Nos faltan aún dos aulas por pagar y el edificio administrativo – que no existía – para el director, los profesores, la contabilidad, almacén… Por favor ayudadnos cuanto podáis a completar esta obra.
La escuela también servirá para educación de adultos
Nuevas iglesias
Vivo ahora en Sudán del Sur porque soy sacerdote; hago todo lo que hago solo porque soy sacerdote. Que no lo olvide nadie y que nadie olvide lo que es un sacerdote, quienes son los misioneros.
Hay mucha gente, bienintencionada sin duda, que ya no sabe lo que es un misionero (lamentablemente, también me he encontrado misioneros que no saben, o se les ha olvidado lo que es ser misionero). No somos agentes de promoción humana católicos, no somos los sustitutos del ministerio de educación ni de salud pública. Yo no vine aquí, ni a construir escuelas ni a perforar pozos.
Vine porque siendo sacerdote, mi misión es anunciar a Cristo, ser testigo del amor de Dios, ser transparencia de Jesucristo sacerdote único, buen pastor, esposo de la Iglesia. Por tanto, lo más grande que hace un misionero es celebrar la Santa Misa. Su tarea fundamental – donde quiera que esté – es dar gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por la celebración de la santa liturgia, la predicación y anuncio de la Palabra de Dios, la oración…
Yo estoy aquí porque Dios le ha hecho una promesa a su pueblo: “Os daré pastores según mi corazón que os apacienten» (Jer 3:15). Cada sacerdote es expresión de que Dios cumple su promesa a su pueblo. Por eso cada misionero es manifestación, transparencia, icono del corazón de Cristo Buen Pastor.
Vivo y trabajo en esta misión para predicar la palabra de Dios como profeta que soy; para celebrarla Santa Misa y los sacramentos porque soy sacerdote; cuido del rebaño y lo alimento porque soy su pastor.
Soy sacerdote para dar gloria Dios y trabajar arduamente en la salvación de las almas. Toda ocupación que no sirva para lo uno y para lo otro, sencillamente no es misión del sacerdote por bonito y útil que pueda parecer.
A lo largo de mi larguísima vida misionera, una de las constantes que siempre se han repetido y que, sobre todo en los inicios más estupor me provocaba es que, invariablemente, en todas las misiones, en los lugares paupérrimos, si las gentes eran cristianas, cuando les preguntaba a las gentes: “¿Qué es lo que necesitan con más urgencia?» Siempre, todos, a una sola voz, aunque se estuvieran muriendo de hambre, respondían: “¡la iglesia!».
Tenemos en nuestros países tan ricos y secularizados, la mala costumbre de opinar en nombre de los pobres. Como si nosotros supiéramos y no ellos lo que necesitan. Los pobres serán pobres, pero ni son tontos ni son mudos. Los pobres tienen boca y se expresan muy bien.
Y los pobres saben que sin Dios en el centro de su vida y sin la iglesia (incluso el edificio) sus vidas no tienen sentido. Los ricos, lamentablemente, en su prepotencia, muchas veces piensan que Dios es algo superfluo decorativo que no sirve para casi nada. Y el rico piensa que los pobres deberían pensar como los ricos. Piensan que, si los pobres tuvieran escuelas, pozos y clínicas, serían felices y sus vida tendrían sentido. Y yo te pregunto ¿Tú, por tener acceso a la salud y a la educación, ya eres feliz y tu vida está repleta de sentido?
El sacerdote, ¡todo cristiano! Está llamado a ser como Jesucristo. Deberíamos preguntarnos todos, con la mayor honestidad posible, el día que Jesucristo ascendió al cielo, en realidad, ¿qué había cambiado en el mundo? ¿Había menos pobres el día que Jesús ascendió al cielo? Jesús, con su venida no abolió el hambre, ni la injusticia, ni la ceguera; no hizo desaparecer los parapléjicos, la gente seguía usando camillas… el mundo seguía lleno de leprosos…
Y con toda razón alguno me podría preguntar, entonces ¿por qué al comienzo de esta carta nos hablas de escuelas y pozos?
No os voy a responder yo. Os responde el Catecismo de la Iglesia Católica con un párrafo del todo antológico:
547 Jesús acompaña sus palabras con numerosos “milagros, prodigios y signos» (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en Él. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf, Lc 7, 18-23).
548 Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Jn 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Mc 5, 25-34; 10, 52). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios (cf. Jn 10, 31-38). Pero también pueden ser “ocasión de escándalo» (Mt 11, 6). No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado por algunos (cf. Jn 11, 47-48); incluso se le acusa de obrar movido por los demonios (cf. Mc 3, 22).
549 Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6, 5-15), de la injusticia (cf. Lc 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11,5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. Lc 12, 13. 14; Jn 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn 8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.
Las obras de caridad y de desarrollo que realizan los misioneros no son el fin de su misión ni de su sacerdocio. Son «signos mesiánicos» que, como dice el CICat: «manifiestan que él Reino está presente en Cristo». Los pozos y las escuelas no son la razón de mi vida misionera. No me he hecho sacerdote para perforar pozos. Sino para que las gentes más pobres y olvidadas, en los rincones más recónditos de la tierra encontraran en Jesucristo “el tesoro escondido”, «la perla de gran valor».
El peor enemigo del hombre es el demonio, no la lepra o la tuberculosis. Y la cosa más horrible que le puede pasar a una persona no es no saber leer, es no tener fe en Jesucristo, pensar que Dios no existe y que la vida inexorablemente termina en un cementerio corroído por los gusanos. Vivir y morir sin la esperanza de la vida eterna.
El día que llegué a esta diócesis se celebraba una ordenación de diáconos. En la homilía el obispo dijo de manera lapidaría algo que jamás había oído, así tal cual, a ningún obispo en una predicación: «yo me hice sacerdote, yo soy obispo, para que todos vosotros vayáis al cielo».
Pues yo no lo sé decir mejor. Yo soy sacerdote, soy misionero para que todas estas gentes ¡todos vosotros! ¡todos vayamos al cielo!
Las impresionantes catedrales góticas, las pequeña y maravillosas iglesias románicas de nuestros pueblos, no las construyeron gente con mucho dinero en el banco, con tablet, lavadora, acceso universal a la salud y una magnifica pensión de jubilación. No, las construyeron pueblos que, viviendo en mucha pobreza y precariedad, tenían gran fe.
Yo, por ejemplo, me quedé horrorizado cuando hace unos años me reuní con la presidenta de Manos Unidas, no recuerdo su nombre, una mujer encantadora. Al preguntarme por mi proyecto le dije que lo más necesario era un convento para las monjas que vinieran a servir en la misión. La mujer ni siquiera me dejó terminar la frase. «¡NO! – me cortó en seco – ni conventos, ni iglesias, ni casas de curas, ni locales parroquiales». Me vio la cara de horror y sorpresa y añadió: «padre, comprenda que muchos de nuestros donantes insisten explícitamente en que su dinero no vaya a nada que tenga que ver con la Iglesia» ¡Toma ya! Una organización católica, fundada por mujeres católicas y dependiente de los obispos españoles. ¿Cómo hemos llegado a esto?
Porque hemos perdido la fe.
Aquí no la hemos perdido. Aquí la fe es lo que da sentido a la vida; la que enjuga sus lágrimas, sostiene la esperanza de un pueblo. Cada mañana, cuando aún se está desperezando el alba y camino hacia esta iglesia, me la quedo mirando en medio del silencio virginal de esta interminable selva; y pienso ¿quiénes serían los hombres y mujeres que construyeron este impresionante monumento, testimonio de su fe y de su amor a Jesucristo y a su Santa Iglesia? ¿Por qué no construyeron clínicas y proyecto para la promoción de la mujer? Qué diferentes, hermanos, aquellos misioneros de ayer de los que hoy nos llamamos misioneros…
Mirad estas fotos. Lo dicen todo. Hace ochenta años, los misioneros combonianos llegaron hasta aquí, con sus hábitos al viento y a la intemperie, a la lluvia torrencial, a golpe de machete y cuentas de rosario… Soy muy consciente de que aquí pisamos tierra santa, caminamos los misioneros de hoy sobre las huellas de los gigantes que ayer nos precedieron en la fe y en el amor, en la obra misionera.
Aquellos primeros misioneros sufrieron penurias incontables; aquí había leones, elefantes, rinocerontes, serpientes pitón, todos los insectos venenosos del mundo, sin energía eléctrica ni agua corriente, sin medicinas, sin caminos, sin Internet, sin correo postal que mandar a sus familias. En aquellos tiempos, ser misionero era un viaje solo de ida; te despedías de tu tierra y de tus gentes hasta la vida eterna. Algunos de ellos están enterrados aquí…
Me siento tan pequeño a su lado…
Pero como decía Francisco Javier en el Divino Impaciente: «que también tiene sus derechos la pobre imaginación». Pues a mí, aun con el paso de los años todavía me rebosa la imaginación y mis sueños se agrandan con el paso del tiempo.
Por eso os informo de que la semana pasada, en los dos siguientes poblados, donde no lograron llegar aquellos primeros misioneros y para continuar su obra, hemos comenzado la edificación de dos iglesias muy grandes para casi mil personas cada una.
La primera es la iglesia de Andari. Mi segunda parroquia, que se llama Santísima Trinidad. Recién erigida canónicamente por el señor obispo. Desde que llegué LO ÚNICO QUE ME HAN PEDIDO es «padre, queremos una iglesia».
La segunda está en la comunidad de Baragum, uno de los centros parroquiales de Andari. Con ambas poblaciones hice un trato (¡en vuestro nombre!). Yo les ayudaría edificar la iglesia si ellos fabricaban con sus manos los ladrillos y los donaban a la construcción. Hemos tardado justo un año. No tengo palabras para describir la alegría de las gentes. Quizá las fotos lo digan mejor que mis palabras…
¡Con sus manos han fabricado 85,000 ladrillos!
Bendiciendo e inaugurando la obra. Un día verdaderamente histórico. Estas maravillosas gentes me dan cada día extraordinarias lecciones de fe y de vida. Para ellos la Iglesia (con mayúscula) lo es todo… la Iglesia es su casa, su vida, su refugio, la puerta del cielo, su protección, la cercanía de Dios… Y la iglesia, el lugar donde llorar sus penas, buscar fuerza y esperanza, el lugar de la fraternidad y el pan de vida compartido; el lugar de la reconciliación, el perdón y la gracia…
¿Nos ayudaréis a construir estas iglesias? El coste total son unos 85,000 EUROS. Ayudadnos a edificar un lugar precioso y digno para la gloria de Dios, para hacer presente a la Iglesia Católica, un lugar donde este pueblo martirizado pueda encontrarse con Dios y pueda construir la paz tan necesitada en este país.
Al final de la carta tenéis los datos de la cuenta del banco para hacer vuestros aportes. No os podéis imaginar la alegría que siento al poder comenzar en fe estas obras. Me trae tantos recuerdos de aquellas iglesias y capillas que pude ayudar a construir en la misión de San José de Los Llanos…
Para que a nadie se le olvide lo que es un verdadero sacerdote, os dejo esta preciosa oración…
Vivir en medio del mundo sin desear sus placeres… Ser un miembro de cada familia y no pertenecer a ninguna… Compartir todos los sufrimientos; penetrar todos los secretos; sanar todas las heridas… Ir diariamente de los hombres hacia Dios para ofrecerle sus peticiones… Regresar de Dios hacia los hombres para ofrecerles Su esperanza… Tener un corazón de fuego para la caridad y un corazón de bronce para la castidad… Bendecir y ser bendecido para siempre. Oh Dios, qué vida, y es tuya, Oh Sacerdote de Jesucristo! Padre Lacordaire
Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.
Padre Christopher
OS RUEGO, POR FAVOR, QUE RENVIÉIS ESTA CARTA A TODOS VUESTROS AMIGOS, A TODOS VUESTROS CONTACTOS, A TODOS LOS QUE SEPÁIS QUE NOS HAN AYUDADO Y A QUIEN NOSOTROS NO TENEMOS MANERA DE CONTACTAR ¡SEGUID AYUDÁNDONOS, OS LO RUEGO EN NOMBRE DE DIOS Y ESTAS POBRES GENTES!
Para colaborar con la misión de Sudán del Sur, aquí tenéis los datos.
Titular: Fundación Misión de la Misericordia Entidad: BANKINTER Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293 Iban: ES080 1280014730100029293 Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX
Visitad por favor http://www.missionmercy.org  nuestras páginas web



¡NO NOS OLVIDEIS, EN NOMBRE DE JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR!


martes, mayo 19, 2020

Pequeñas historias llenas de esperanza


En esta situación tan compleja que estamos viviendo, nos hace tanta falta mantener la llama de la esperanza, avivar nuestra confianza en Dios, dejar que nuestro corazón se esponje y descanse en el divino corazón. He rescatado algunas historias que he vivido hace algunos años acompañando a mujeres embarazadas en riesgo de aborto. Son sencillas, inocentes, pequeñas, cotidianas, pero llenas de esperanza y sobre todo llenas de Dios. Ahí va la primera.
Cada vez que me llaman para ir a hablar con una mujer en peligro de aborto conozco un poquito más a Dios, conozco un poco más su modo de actuar. Dios piensa en todos, pero necesita brazos. Así es, en este caso, Dios se acordó de Sonia y le inspiró a su hermano seminarista que fuera aquella noche por casualidad a cenar a casa de su hermana y que esta, que, ya había tomado la firme decisión de abortar y que tenía ya la cita dada, se lo dijera a su hermano. En realidad, había hecho algo más que tomar la decisión, se había tomado hasta 4 pastillas de Cytotec, así como todo tipo de cócteles caseros para abortar ella misma. Pero Dios tenía otros planes, quería darle otra oportunidad, estaba empeñado en salvarla y ninguno de esos «remedios» caseros funcionó.
Hablé con su hermano, me dijo que al oír la noticia se había ido a rezar el rosario y que había acudido a un santuario mariano y, después de eso, había decidido llamarnos. Nada en esta vida produce tanto gozo como saberse «parte» del plan salvador de Dios.
Ella vive en un pueblo a las afueras y ahí fuimos, en realidad, dos veces, porque la primera no cogía el teléfono ni respondía al whatsapp, y ya nos volvíamos, pero finalmente llegamos. Nos abrió la puerta su hijo, un precioso niño de 3 años que me dejó encandilada. ¿Su historia? la de siempre: pareja que no quiere saber nada del tema, falta de medios económicos, sentimiento de enorme soledad, verse desbordada por la situación... y como siempre, la famosa frase de parte de todos de «es tu decisión». Todo el mundo sabe que esa frase lo que en realidad significa es: «es tu problema, a mí me da igual que decidas porque igualmente tú cargarás con las consecuencias» Y como siempre, ella no quiere abortar, solo que le parece el único camino viable que la queda. Además, tiene miedo de que si continúa le haya podido afectar al bebé todo lo que se había tomado.
El niño que tiene ya, acaba de cumplir 3 años. En un momento su madre le regañó y se echó a llorar. Yo le cogí en brazos y le acuné y le acaricié y sorprendentemente él se dejó. Lo disfruté enormemente. Al irme me dio un beso y me dijo que me quería. Me derretí.
Afortunadamente ella consintió en hacerse una ecografía y la llevamos. Yo en esa no estuve, pero me dijeron que fue la ecografía más bonita que habían visto nunca, que el niño hizo toda clase de monerías ante el ecógrafo. En realidad, no le llamamos a partir de entonces «niño» sino «nuestra negrita», porque decidimos que tenía que ser niña, y que íbamos a estar locas a ponerle coletitas en un pelo rizadísimo como el de su hermano que al acariciarlo parece de velcro. Todo estaba bien, esa negrita está muy protegida por Nuestro Señor, tiene mucha gente rezando por ella y parece que ya se nos ha metido a todos en el corazón.
A la semana siguiente volvimos a verla. Había encontrado un trabajillo, aunque temporal, y seguía convencida de abortar, decía que sus amigas lo habían hecho, y que no pasaba nada, se puso a la defensiva, parecía que empezaba a sentirse molesta ya. Llegamos así al día antes de su cita para abortar y no estábamos dispuestas a asumir que íbamos a perder a nuestra negrita y el estado en el que iba a quedarse Sonia.
Así que, que Dios nos perdone, pero dijimos una mentirijilla, la llamamos para decirle que teníamos otro caso en su pueblo y de los juguetes que yo quería dar elegimos un juguete para su niño de 3 años y un peluche precioso para nuestra negrita y nos plantamos otra vez en su casa. A las 11,30 de la noche y heladas de frío fuimos a su casa, todavía no había llegado y menos mal que alguien nos abrió la puerta del portal. Mientras esperábamos en el descansillo estuvimos riendo y haciéndonos fotos con el peluche. Dios estaba con nosotros y lo sabíamos, parecíamos unas locas ahí tiritando a esas horas, pero locas por Nuestro Señor.
Cerca de las 12 de la noche llegó Sonia y nos sentamos, estábamos ya como en casa, yo hasta le puse el pijama al niño. Era la una y media de la mañana y Sonia no cedía, había decidido abortar y nada la iba a hacer cambiar de opinión. De repente, dijo: «me estáis haciendo dudar»... ¡¡¡nos alegramos tanto!!! Quedamos en hablar por la mañana nuevamente porque su cita era a las 3 de la tarde. Volvimos en el coche rezando el rosario, los misterios dolorosos, ofreciéndolo por la vida de nuestra negrita. Todo estaba en manos de Dios. Quedamos en hablarnos al día siguiente.
Yo ofrecí la misa de la mañana y llamé para tener noticias, pero aún no se sabía nada. Finalmente me llaman ¡no había ido! no iba a abortar! ¡Alabado sea el Señor!
Esta historia es real 100 por 100, aunque obviamente la mujer no se llama Sonia. El embarazo llegó a término y efectivamente nació una hermosísima nena negrita a la que conocí y tuve en brazos. No existe una sensación de alegría y plenitud tan grande como ver a esos bebés y el agradecimiento y felicidad de sus madres. Es tocar a Dios. Más, es abrazar a Dios.

jueves, abril 09, 2020

Al pie de la Cruz, como María


Al pie de la Cruz, como María
María José Mansilla*
Presidenta Spei Mater

Hay algo que nos resulta insoportable, quizá más insoportable que nuestro propio sufrimiento, y es el sufrimiento de las personas a las que queremos. Nos resulta tan doloroso que a veces preferiríamos tenerlo nosotros y evitárselo a ellos. Qué madre no ha deseado cuando ha visto a un hijo suyo enfermo que fuera ella la enferma y el hijo el sano.
El sufrimiento ajeno duele y por eso tratamos de huir de él de distintas maneras. Cuando alguien está llorando y le pedimos que no llore ¿no habrá también una parte de que no soportamos verlo llorar porque nos incomoda?
Esto resulta también evidente en la eutanasia, ¿realmente estamos tratando de evitar sufrimientos al paciente o es que no soportamos verle así? A veces puede prevalecer lo segundo, puesto que un paciente sedado no sufre, ni aquellos que pasan meses o años inconscientes, el que sufre es el que lo ve y no quiere verlo.
Desgraciadamente normalmente podemos hacer poco o muchas veces nada para solucionar el sufrimiento del otro. Podemos procurarle atención médica si el sufrimiento es físico y podemos procurarle ayuda para salir de una situación que le ocasiona un grave sufrimiento emocional, pero poco más.
En una serie de televisión en la que se narran distintos casos atendidos en urgencias me llamó mucho la atención que en el encabezado de la serie sale la jefa de urgencias del hospital en el cual se ha grabado la serie y dice lo siguiente: “nosotros hacemos todo lo posible para salvar la vida de las personas que vienen a urgencias, pero lo que verdaderamente necesitan es tener la mano cogida de un ser querido y que le diga que nada malo va a pasar”. Obviamente que una cosa no quita la otra, pero resalta la importancia de sentirse acompañado y confortado y la necesidad de una esperanza.
Lo que la persona que está sufriendo necesita principalmente es estar acompañado. Recuerdo la formula antigua que se decía en los funerales “Te acompaño en el sentimiento”, verdaderamente que las frases populares a menudo tienen mucho trasfondo. 
En esta Semana Santa pensemos en el sufrimiento de María viendo los indecibles padecimientos de su hijo. No creo que haya sufrimiento comparable “ved si hay dolor semejante a mi dolor” y sin embargo Jesús no quiso ahorrárselo ni ella lo hubiera querido. Jesús también necesitó en su pasión poder mirar a los ojos de su madre entre la multitud, mirarla desde lo alto de la cruz y encontrar en ellos comprensión, apoyo, refugio.
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A veces sentimos una enorme impotencia ante el dolor y el sufrimiento y nos preguntamos '¿qué puedo hacer?' Y la respuesta es que no podemos hacer nada. ¿O sí? Lo que podemos hacer es acompañar en el sufrimiento, esto es, compartir el dolor con el que sufre y darle fortaleza para no desesperar. A menudo es lo que realmente la otra persona más necesita, sentir que no está sola, sentir que es querida, que todo tiene sentido, porque lo realmente insoportable no es tanto el sufrimiento sino el sufrir solo y sufrir sin sentido
Cuantas veces he comprobado en los distintos acompañamientos que realizamos en Spei Mater cómo simplemente “estar ahí”, ayuda más a la persona que todos los esfuerzos asistenciales por solucionar sus problemas.
En estos momentos en que nos sentimos impotentes para ayudar a todas las personas que están sufriendo por esta pandemia, hay algo que siempre podemos hacer, acompañar, estar al pie de la cruz, como María, quizá podemos físicamente, quizá solo telemáticamente quizás ni siquiera eso, sino solamente con la oración. Sea como sea y sea el sufrimiento que sea, el recurso de estar disponible, de acompañar, siempre está disponible y siempre es el remedio más eficaz.


Publicado en REl

*María José Mansilla es la fundadora y presidenta de la Asociación Spei Mater. Es Licenciada en Ciencias Económicas y empresariales (ICADE) y miembro certificado del Consejo Europeo de Coaching y Mentoring y de la Asociación Internacional de Coaching pastoral. Después de varios años en el mundo de la empresa y la docencia decidió dedicarse en cuerpo y alma a su vocación: la proclamación del Evangelio de la Vida y la Misericordia y la atención a las víctimas de la cultura de la muerte a través de la fundación de Spei Mater, del acompañamiento individualizado y  de la impartición de diversos cursos, capacitaciones (Proyecto Raquel y Proyecto Ángel) y conferencias sobre la implantación de la Cultura de la Vida.



viernes, abril 03, 2020

Resulta que sí que hay Vida Eterna


Resulta que sí que hay Vida Eterna
María José Mansilla
Presidenta Spei Mater


En estos tiempos de crisis se está hablando mucho de la vida, de la importancia de salvar vidas. A pesar de que está saliendo a la luz una ética utilitarista de que unas vidas son más prioritarias que otras, resulta esperanzador pensar que ahora por lo menos se hable de la vida, de su sacralizad y de que todos los esfuerzos son pocos cuando se trata de salvarla. Si no hay vida no hay nada, esto es una obviedad, que sin embargo se pone en duda cuando el derecho a la vida choca con los deseos y la ideología de algunos. El primer derecho y del que emanan todos los demás es el derecho a la vida

Pero hay algo de lo que se habla poco o nada. La vida no es solo la vida corporal, es que la vida es eterna, no acaba aquí, aquí solo estamos de paso y aquí no nos quedamos nadie.

Hay otro detalle del que se habla también poco o nada. Resulta que no solo hay vida eterna, sino que hay cielo y hay infierno, y son eternos. Y ya que vamos con los detalles importantes el cielo y el infierno depende de nuestra vida aquí, de que acojamos o no la salvación de Jesucristo, y acoger la salvación de Jesucristo no es decir si o no, que también, sino hacer su voluntad “no todo el que dice Señor, Señor se salvará sino el que hace la voluntad de mi Padre”. Hasta aquí nada nuevo, los novísimos.

La primera implicación de que se me ocurre es si a la vida temporal le quitamos la dimensión de la eternidad, pierde su sentido y su horizonte y las personas estamos como estamos, como ovejas sin pastor.

En la dimensión de la eternidad y el plan de Dios puedo dar un sentido a mi vida y a mi muerte, puedo saber para que vivo, puedo establecer prioridades en función de ello y tengo una base solida para asentar mi vida.

Si solo tenemos esta vida ¿qué sentido tiene arriesgarla por los demás? ¿qué sentido tiene esforzarme cuando de un día para otro puedo perderlo todo? ¿por qué voy a tener un comportamiento moral si a menudo los que no tienen escrúpulos son los que mejor les va (o por lo menos eso parece). Todo el edificio se derrumba si no hay vida eterna.

La segunda implicación es que si el infierno no existe yo no soy libre, porque entonces Dios se me impone y Dios no se impone nunca, si yo no quiero ser salvado, si yo no quiero ser redimido, Él respeta mi decisión. Y si el infierno no existe no habría justicia, sería indiferente ser Santa Teresa de Calcuta que Mao, que según las estadísticas es el mayor genocida de la historia.

Y vamos con la tercera implicación que es de la que quería hablar: me pregunto si el mismo esfuerzo o prioridad que tenemos en salvar vidas (por lo menos de los afectados por el coronavirus) lo tenemos también para que esas personas tengan Vida con mayúsculas, es decir, que una vez pasado el umbral en la muerte gocen de la felicidad eterna en el Señor.

Porque es muy importante salvar la vida física de las personas, y todo esfuerzo es poco para salvar una vida, pero tan importante o más si cabe el destino eterno de las personas, salvar su alma.

No es verdad que todo el mundo se salva, Jesús nos los repite continuamente en el Evangelio, no podemos caer en el “buenismo” de pensar que nuestras acciones en nuestra vida son indiferentes porque total Dios es bueno.

Tanto en estos tiempos de pandemia como en el tiempo ordinario no podemos centrarnos únicamente en ayudar solo materialmente, socialmente o médicamente a las personas, que, por supuesto es fundamental, sino también en las obras de misericordia espirituales: Enseñar al que no sabe, corregir al que se equivoca, dar buen consejo al que lo necesita, orar por los vivos y los muertos…

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” No hay mayor bien para una persona que anunciarle la verdad y salvación de Jesucristo... Incluyendo la verdad sobre el pecado, porque el seguimiento de Jesucristo implica una moral bien concreta y esta no es opcional

Entonces, pongamos también todo nuestro esfuerzo y afán en que la salvación de Jesucristo llegue a todas las almas, puesto que esta es la mayor obra de misericordia, el mayor bien para las personas y finalmente nuestra principal misión como Iglesia.


Publicado en REl  Cuestión de vida 02 abril 2020

jueves, marzo 26, 2020

¿Cuánto vale una vida?


¿Cuánto vale una vida?
Cuestión de vida
26 marzo 2020
No me parece casualidad que esta tremenda crisis que estamos viviendo haya coincidido con la Jornada por la Vida y con la aprobación en España de la ley de la Eutanasia que nos han introducido a marchas forzadas nada más empezar esta legislatura, marcada por un innegable sesgo ideológico y dictatorial.
La crisis en torno a la vida es muy profunda, y tiene su raíz en el propio concepto del ser humano, en quien es y en que valor tiene su vida y en su dignidad intrínseca, es esto lo que esta en juego.
Las decisiones en torno a la vida, quien vive y quien muere, quien tiene o no derecho a vivir son siempre decisiones que tiene que ver con la dignidad, si cada vida vale lo mismo o hay una serie de criterios que están por encima de esta dignidad : ¿Vale más o menos la vida de un bebé por nacer por el hecho de que sea deseado o no deseado? ¿vale más o menos la vida de un bebé por el hecho de que sea o no discapacitado o enfermo?
Parece que este envite contra el no nacido que muchos ya consideran una batalla perdida, esta dando paso a un nuevo envite, la ancianidad y la enfermedad. Esta crisis esta siendo sin duda especialmente la de los ancianos.
Se esta marginando y abandonando a su suerte a los ancianos y a los discapacitados. Pongamos tres ejemplos
Según los datos del Ministerio de Sanidad del día 22 de marzo los pacientes de más de 80 años, que son el 25% de los hospitalizados, solo son el 7% de los derivados a las UCI y son más del 67% de los fallecidos.
La semana pasada, la Dirección General de Coordinación Sociosanitaria de Madrid envió a las residencias de mayores un documento con el protocolo, dictado por la Consejería de Sanidad, a seguir en cuanto al Covid-19. En ese documento, se indican los pasos a seguir por parte de los centros geriátricos en caso de que acumulen positivos. Este protocolo considera que no se debe mandar al hospital a aquellas personas que, aunque tengan infección respiratoria, no puedan ser independientes en sus movimientos o tengan alguna discapacidad intelectual.
Este miércoles ha habido un intento de agresión a un autobús procedente de Alcalá del Valle, donde viajaba un grupo de ancianos de la residencia donde se había producido un foco de coronavirus, con destino a la residencia Tiempo Libre de La Línea.
No soy médico para juzgar cómo se gestiona un hospital, pero me pregunto quién es el que decide quien vive y quien muere y en función de que criterios se toma esta decisión:
La edad parece ser uno de ellos puesto que mueren los ancianos y mueren los bebes no nacidos, porque parece ser que los abortorios siguen abiertos, debe de ser que es una necesidad prioritaria para el país seguir matando gente. Y por supuesto, ellos no carecen de material sanitario.
La discapacidad física o intelectual y la enfermedad también debe de ser uno de ellos puesto que a cualquier edad son discriminados
No debe de ser criterio que a alguien le importe esa vida o no, puesto que no quiero ni imaginar el sufrimiento de los hijos viendo cómo a sus familiares se les sin atención médica para atender a otros
Me pregunto en que momento empezaremos cualquiera de nosotros a ser una vida de segunda categoría en función de cualquier otro criterio que se decida.
Se me ha venido a la cabeza la película sobre el Titanic, no sé que hasta que punto fiel a los hechos o no, pero el criterio fue “las mujeres y los niños primero”.
Me llama la atención que en la supuesta sociedad “heteropatriarcal” se salvaran primero las mujeres, y esto era porque el valor de la mujer como santuario donde se gesta la vida era innegable, mientras nacieran niños había esperanza, la supervivencia de la especie humana estaba asegurada. Ya no es así, la dignidad de las mujeres ha sido degradada hasta extremos inimaginables por el feminismo marxista y la supervivencia de la especie ya no está asegurada porque en los países occidentales hay más defunciones que nacimientos.
También en el Titanic se salvaron muchas menos personas de las que pudieron por aplicar criterios económicos: primero el no tener botes para todos para ahorrarse costes y segundo porque se priorizaba a los pasajeros de primera clase y hubo botes que salieron a medio llenar. Todo esto suena muy actual ¿verdad?
El meollo de la cuestión es si una vida tiene un valor intrínseco e infinito por el hecho de ser vida humana, porque si es así, no es aplicable ningún otro criterio que la haga de mayor o menor valor según las circunstancias cambiantes.
El valor de una vida, de una sola vida es infinito, su valor es el de la sangre de Cristo, así de sencillo. El universo entero no puede contener al Creador y una persona humana si, con 3 días de concebido o con 90 años, con una enfermedad o sano, productivo económicamente o dependiente.
Y el valor de la vida, no lo trae la democracia, la democracia es una forma de organización del Estado, sin duda de momento la mejor que hemos encontrado hasta la fecha, pero no es la fuente de los valores y cada vez es más evidente que el hecho de votar cada 4 años no implica que la sociedad tenga más valores ni que seamos más libres.
Los valores sobre los que se asienta la cultura occidental son los valores cristianos. Cuando desechamos estos valores en pro de los “nuevos derechos” que no son más que imposición de los deseos de unos pocos sobre los verdaderos derechos de todos, caemos en el abismo de la destrucción.
Como explica Antonio Socci en su libro “El genocidio censurado”, el valor de la persona no la ha traído la declaración de los derechos humanos, ni la revolución francesa, ni muchísimo menos las supuestas ideologías liberadoras del siglo XX, el convencimiento de que todo ser humano es intocable y que nadie puede disponer de su vida y de su dignidad es algo que nos trajo Jesús de Nazaret y que solo Él puede restaurar.
En todas las civilizaciones precristianas ser un humano no era suficiente para tener derecho a la vida, no había respeto para la vida de los esclavos, ni extranjeros, ni neonatos, y de repente ocurrió algo, un cambio radical e impensable, la difusión de que todo ser humano es sagrado.
Evidentemente, cuando la sociedad se descristianiza, cuando se intenta erradicar de las democracias modernas su raíz cristiana se vuelve a los dioses paganos, todo el edificio de la libertad y de la dignidad humana cruje y se precipita hacia la barbarie.
Tenemos un mensaje que transmitir al mundo, un mensaje de Esperanza, la buena noticia del Evangelio de la Vida, que toda vida es sagrada y toda vida tiene un valor infinito, y que ningún criterio ni económico ni de ningún otro tipo puede decidir que una vida valga más que otra. 

MARÍA JOSÉ MANSILLA

Publicado en REL
María José Mansilla es la fundadora y presidenta de la Asociación Spei Mater. Es Licenciada en Ciencias Económicas y empresariales (ICADE) y miembro certificado del Consejo Europeo de Coaching y Mentoring y de la Asociación Internacional de Coaching pastoral. Después de varios años en el mundo de la empresa y la docencia decidió dedicarse en cuerpo y alma a su vocación: la proclamación del Evangelio de la Vida y la Misericordia y la atención a las víctimas de la cultura de la muerte a través de la fundación de Spei Mater, del acompañamiento individualizado y  de la impartición de diversos cursos, capacitaciones (Proyecto Raquel y Proyecto Ángel) y conferencias sobre la implantación de la Cultura de la Vida.

viernes, marzo 20, 2020

La Providencia

La Providencia
por
María José Mansilla, Presidenta de Spei Mater
Hay un refrán que me gusta mucho y que dice “Si quieres hacer a Dios reír, cuéntale tus planes”. Parece ser que existe en otros idiomas porque me sorprendió oírselo a Abby Johnson, directora de una clínica abortista y actual activista provida después de que Dios le abriera los ojos a la maldad del aborto y se encontrará a si misma rezando a la puerta de la clínica de Planned Parenthood que ella misma había dirigido.
La Providencia es un tema capital no solo de nuestra fe sino de nuestra vida y sin ella nos derrumbamos sin solución.
Las personas necesitamos una seguridad, nos genera una inquietud insoportable no saber que es lo que va a pasar, pensar que nuestra vida está en manos de un destino que no controlamos y que nos pueden ocurrir cosas terribles a nosotros y a nuestros seres queridos.
Intentamos buscar esa seguridad en cosas que no son Dios: pensamos que si nos ponemos malos los médicos nos cuidaran, que si nos quedamos en paro la Seguridad Social nos subsidiará, que si tenemos dinero en la cuenta podremos afrontar todos los imprevistos, que si tenemos un buen plan de pensiones tendremos una vejez tranquila y a veces hasta acudimos al tarot y a los horóscopos para saber que va a pasar.
Y de repente nos damos cuenta que todas estas cosas no sirven, que los médicos no lo pueden todo, que nuestro negocio y nuestro empleo está en peligro de un día para otro, que todo lo que habíamos previsto se viene abajo y nuestro mundo se cae al suelo.
Y es que nuestra vida no está en nuestras manos y está muy bien ser previsor, pero finalmente nos chocamos ante nuestra impotencia y nuestra pequeñez.
Solo hay una solución que hace que podamos tener paz y que nuestra casa este construida sobre roca: confiar en la Divina Providencia, saber que todo lo que pasa es permitido por Dios, que Dios nos ama y busca nuestro bien y salvación mucho más que nosotros mismos y que todo lo que ocurre, por desconcertante y doloroso que pueda ser, es parte de su plan amoroso que no comprendemos.
Claro que es más fácil confiar en determinados momentos que en otros. Puede que sea más difícil cuando el dolor de la separación de un ser querido o de una enfermedad nos desgarra el corazón, pero es más necesario y es un bálsamo que los suaviza.
Dice Jacques Philippe, “el principal enemigo de nuestra paz no son las circunstancias externas o el comportamiento de los demás, sino nuestra falta de fe en Dios, que nos hace perder la seguridad de que Él puede obtener un bien de cualquier cosa que nos suceda y de que no nos abandonará”.
Y es que nos gusta mucho hacer planes, nos gusta tener el control de nuestra vida, nos gusta la planificación.
Cuántas veces no se sigue adelante con un embarazo porque no es planificado, porque ahora no entraba en mis planes, o porque no entraba en mis planes tener un hijo con una discapacidad.
Cuántas veces se piensa en la eutanasia porque el estado de mi familiar ya no es el previsto y a veces nos preocupa más lo que vamos a sufrir viéndole a él y no lo que sufre él o lo que es un bien para él.
Tenemos un error de cálculo, que es creer saber lo que nos conviene y lo que no nos conviene, pero solo Dios lo sabe. En el fondo, lo que queremos es ser dueños de nuestra vida y que todo se ajuste a nuestros deseos y no somos capaces de aceptar la voluntad de Dios.
Confiar en la Providencia es preguntarse el para qué de las cosas y no el por qué. Recuerdo siempre el testimonio de unos amigos, padres de un hijo con una discapacidad grave que cuentan como la pregunta diabólica del 'por qué' es una trampa que destruye vidas, mientras que la pregunta para qué nos abre a un mundo de posibilidades.
El ¿POR QUÉ? es una pregunta sin respuesta, que muere en sí misma. Te instala en el pasado, cuando lo que necesitas es fuerza para afrontar el presente y estímulos para abordar el futuro. El por qué se genera en el YO. ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo debo soportar esta cruz?
Y entonces surgió el ¿PARA QUÉ? Ahí sí que había respuestas y todas ellas lanzadas al futuro, respuestas a favor de la unidad, la esperanza y la alegría, respuestas que identifican la acción de Dios en nuestras vidas

Los planes del Señor siempre son mejores que los nuestros por desconcertante que nos parezcan a veces. Pongamos nuestra seguridad solo en Él y dejemos sorprender con cuanto bien puede sacar incluso de estas circunstancias que estamos viviendo tan impensables para nosotros hace apenas una semana.
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martes, febrero 18, 2020

«Al amor que te lleva, no le preguntes dónde…»


«Al amor que te lleva, no le preguntes dónde…» 

3 de febrero 2020
Queridos amigos de la misión.
Hace más de veinte años, cuando me estrenaba como misionero en República Dominicana, escribí una carta con este mismo título ¡Qué poco sabía yo, ¿cómo podía imaginarme, a dónde me iba a llevar el Amor?!
Han pasado los años – para todos, para vosotros y para mí- y ¡qué buena pregunta para mirarse uno mismo en el caminar de la vida cristiana! Y a ti y a mí ¿A dónde y por dónde nos ha llevado el amor? Porque, si es verdad que como dice San Juan de la Cruz: “el mirar de Dios es amar… a la tarde de la vida te examinarán de amor” Solo allí dónde el amor nos haya llevado y lo que por amor hayamos hecho, habrá valido la pena… y valdrá para la vida eterna. Lo demás no habrá valido para nada.
La vida cristiana consiste en “ser encontrado, en dejarse encontrar por el Amor” A cada uno el Amor le sale al encuentro como en los evangelios, en un lugar diferente; cuando menos te lo esperas; cuando quizá ni siquiera lo buscas: junto aun pozo, a la orilla de un lago, por el camino de Damasco, en la mesa de un cambista aprovechado…
El Amor nos sale al encuentro cada día, en la monotonía del terrible cotidiano, en el rumor cansino del asfalto de la ciudad o en los lodazales de una selva tropical. Da igual, siempre es el mismo Amor.
Han pasado los años, me han pasado los años y veo – asombrado, perplejo y sobrecogido – como el Amor me sigue saliendo al encuentro, y quiera Dios, sea el Amor ¡y solo el Amor!, el que me siga llevando…
Sé que no hace mucho os escribí de las “andanzas y sucesos” de esta misión en Sudán del Sur; sin embargo, es tanto lo que ha sucedido que es importante compartirlo.
Escuelas por todas partes 
Como bien sabéis, la parroquia de San Pedro y San Pablo de Naandi, donde resido, tiene una escuela primaria, con ocho cursos y un total de 730 alumnos, se llama santa Teresa. Tiene también una escuela secundaria con cuatro cursos y pocos alumnos, por el terrible estado en que se encuentra el edificio y la falta de profesores.
Gracias a las ayudas que hemos comenzado a recibir, y a pesar de no disponer de la totalidad de los recursos, nos hemos lanzado en fe a la renovación de ambos edificios. Al final de la carta, os adjunto algunas fotos.
A mí me parece que van a quedar preciosos ambos edificios. A mitad de este mes se reanuda las clases, tendremos que hacerlo debajo de los árboles porque no vamos a terminar a tiempo – suponiendo que las obras no se detengan por falta de recursos -.
Como sabéis, soy también párroco de la Parroquia de la Santísima Trinidad. Ambas tienen varias escuelas rurales (¡por si donde vivo en la selva no fuese ya suficientemente rural!); suelen tener un promedio de 300 alumnos debajo de los árboles, los estudiantes que vienen muchos de ellos andando desde distancias lejanísimas por senderos en la selva, se sientan en troncos y muchos de ellos ni siquiera disponen de una humilde pizarra que clavar en el tronco del árbol.

Esas comunidades, con sus propias manos han construido sus capillas -troncos, ramas, hierba, barro… Todas esas comunidades están empeñadas en tener su capilla y su escuela de ladrillo. Las escuelitas rurales son cinco, las capillas son veinte.
Os ruego, por el amor de Dios que nos ayudéis todo lo que podáis, para que los niños puedan sentarse en pupitres, para que el pueblo santo pueda dar culto al Buen Dios en una iglesita bonita.
Renovación de la escuela primaria “Santa Teresa” Gracias a vuestras ayudas
Con la ayuda de un buen amigo ingeniero, hemos hecho un presupuesto aproximado, que siempre se adaptará a las necesidades concretas de cada comunidad, según el número de alumnos, de feligreses, condiciones del terreno, distancia a la que hay que transportar obreros y material de construcción, etc… Y calculamos que una iglesia se puede hacer por unos 30,000 EUROS y una escuela primaria por 75,000 EUROS aproximadamente.
A todos los poblados que quieren su iglesia les he hecho la misma promesa. Si la gente fabrica los ladrillos, les prometo construirles el edificio. ¡Ya hay comunidades que han fabricado más de 40,000 ladrillos!

Un buen ejemplo es la comunidad de Baragu. Creo que las fotos lo dicen mucho mejor que mis palabras. ¡Todo un pueblo fabricando ladrillos para su iglesia!
Profesores 
Hay muchas cosas que no se pueden comprar con dinero ¡gracias a Dios! Y son casi siempre las más importantes. Una de las necesidades más acuciantes es la falta de profesorado católico y cualificado. Si alguien se siente llamado a dar un año, o incluso un cuatrimestre de su vida, para dar clase en nuestras escuelas, seríais muy bienvenidos. No hacen falta grandes titulaciones, pero sí cierto nivel de inglés.
Si sabéis de alguien que sea católico practicante, que tenga buena salud y quiera pasar un tiempo aquí, con la misión específica de ser profesor, por favor, no dudéis en comunicaros conmigo.
Lo más hermoso de la misión 
Sin la menor duda, lo más bonito de la misión es compartir la fe católica con estas paupérrimas y maravillosas gentes. Las celebraciones de la Santa Misa, lo mismo en la iglesia parroquial medio destartalada, como en chozas o debajo de los árboles.
El Buen Dios, su infinito amor, su misericordia desbordante, vive, se acurruca en el corazón de estas gentes. Y yo vivo maravillado, cotidianamente maravillado, por los destellos de eternidad que continuamente me saltan al camino de mi andar misionero.

En el centro de la vida de la misión ¡La Santa Misa! Las Misas, preciosas y con toda la solemnidad posible, a rebosar de gente, su alegría, su fe y sus celebraciones sin reloj, su conciencia de estar en presencia de la majestad amorosa de Dios…
Si uno tuviera mirada más contemplativa que la mía, vería a Jesús pasearse por los vericuetos de estos senderos que selva adentro entretejen las vidas, las chozas, de tantas olvidadas gentes, cuyos nombres solo están registrados en el corazón de Dios…
Recuerdo con particular emoción, hace solo unas semanas, cuando el crepúsculo moría en brazos de la oscuridad, en el momento en que el monaguillo me ponía el paño de hombros para dar la bendición, y levantaba la custodia con Jesús en la Santa Eucaristía para bendecir al pueblo, como cada tarde; vi por la puerta principal abierta al fondo de la iglesia, una mujer que subía la cuesta que lleva al templo, con una garrafa de plástico de veinte litros de agua en la cabeza, con dos niños caminando, uno a cada lado… Mientras yo sostenía la custodia en lo más alto para bendecir, cual no fue mi asombro, cuando veo que la mujer se da cuenta de lo que está pasando dentro de la iglesia, se detiene, se arrodilla sobre las piedras puntiagudas del camino y hace indicaciones a los niños para que hagan lo mismo.
Quedé maravillado, con un nudo en la garganta, ante la fe sencilla pero recia de una pobre mujer, cuya vida, seguro era un rosario de miserias desde el día en que nació, que era capaz de arrodillarse con veinte litros de agua en la cabeza (¡vaya equilibrios!) y adorar a Jesús, postrarse ante el Señor de su vida en plena calle y enseñarles a sus hijos a hacer lo mismo.
Probablemente fuera el orgullo el que me hiciera aguantarme alguna lagrimilla despistada que casi se me escapa…
No pude dejar de recordar las palabras de Jesús: “mujer, ¡qué grande es tu fe!” (Mt 15:28)
Seguimos celebrando multitud de bautismos, las filas de la confesión son interminables. Es lo primero que hago al llegar a cualquiera de las capillas, y por supuesto en el templo parroquial. Dos sillas destartaladas y cualquier sombra cerca de la iglesia bastan para que se produzca el milagro cotidiano de la reconciliación. Hombres, mujeres, niños, ancianos, cada uno con su historia, su drama, su vida… derramada a los pies del Corazón de Cristo.
Gran parte de mi día, a este respecto se me pasa en el ministerio de la predicación, muchas homilías, con un fuerte componente catequético, la visita a las escuelas, clase por clase…
Particular importancia es la visita a los enfermos en sus chozas diseminada por la selva. La Santa Unción, un sacramento precioso que en realidad implica casi siempre tres sacramentos. Además de la Unción, la Santa Eucaristía en forma de viático y la Confesión. ¡Cuánto agradecen los ancianos y los enfermos que se les visite y se les lleve este consuelo espiritual!
Los mercadillos 
Sois muchísimos los que nos estáis ayudando con vuestra enorme generosidad económica a responder a tantos proyectos y desafíos, nunca os lo podremos agradecer suficientemente. Muchos a titulo particular, otros en nombre de diferentes instituciones. A todos os presentamos al Señor diariamente en nombre de estas gentes y por todos damos gracias.
Quisiera dar particulares gracias a todos los que habéis participado en los mercadillos a las puertas de las parroquias. Verdaderamente estos asombrado con todo el empeño que habéis puesto, la generosidad que habéis demostrado ofreciendo vuestro tiempo y trabajo. Recoger de cada en casa lo que la gente ha donado, ordenarlo y clasificarlo en vuestras casas, transportarlo a las parroquias, llamar a sacerdotes que quisieran dar permiso para poner el mercadillo en la puerta de su parroquia, llevarlo todo hasta allí, organizar las mesas, y pasarse mañanas enteras tiritando de frío para atender las mesas… Soy consciente del enorme esfuerzo de todos. Gracias desde lo hondo de mi corazón.

Seminarios 
Como bien sabéis, en nuestra diócesis, tenemos un problema que ya quisieran tener muchos obispos ¡no tenemos dónde meter a todos los candidatos al seminario!
Con este fin viajé con el obispo a España en diciembre y llamamos a todas las puertas que pudimos. Muchos vinisteis en nuestro auxilio ¡gracias!
Os adjunto la carta que el obispo ha escrito (en inglés) explicando la situación.
Se trata de a.- construir un pabellón o nave para poner más camas para que en las instalaciones existentes podamos de manera inmediata, acomodar a los candidatos que están esperando entrar. Quien quiera ayudar a ello puede hacer las donaciones a la Fundación Misión de la Misericordia (datos bancarios al final de la carta) y yo se lo entregaré en mano al obispo. Y b.- la edificación de un nuevo seminario que responda a las necesidades de los seminaristas en el mundo de hoy (lo que tenemos en la actualidad es un deposito de muchachos más que una verdadera casa de formación).
Adjunto con esta carta la información correspondiente.
Adorar a Jesús 
Toda esta vorágine de actividad sería imposible de sobrellevar sin una fuerte vida de contemplación cada mañana y cada tarde. Tanto en nuestra capilla de la misión antes del amanecer, como a la caída de la tarde en la iglesia, la adoración de Jesus en la sagrada Eucaristía, es la fuente de la vida, la razón de ser de la misión.
Él, sólo Él, es el centro de la misión, a Él sólo todo el honor y toda la gloria, por los siglos de los siglos.

Esta es la custodia original que trajeron los misioneros combonianos italianos, la encontré en un trastero; la llevé a España y con vuestra ayuda, hemos podido restaurarla.
En la frontera con el Congo 
No hace mucho vino a verme un catequista que me dijo que había venido por un sendero cruzando la selva, desde su poblado de Kuanyasi. Me dijo que llevaban casi siete años sin Misa. La última la había celebrado el Padre Richard, un sacerdote que murió y está enterrado en el cementerio de nuestra parroquia. Tanto me impactó que le prometí ir a visitarles la semana siguiente.
Me explicó que era imposible ir en vehículo ni de 4X4, por las pésimas condiciones del camino y porque habría que pasar por territorio en manos de los rebeldes. Solo quedaba como alternativa, buscar unas motos y recorrer el sendero por el que había venido él. Dos horas largas de camino por la selva en cada dirección.
Es difícil para mí explicar la emoción que sentimos los misioneros voluntarios y yo al llegar. La alegría de las gentes, el recibimiento tan cariñoso, pensar que llevaban tantos años sin confesión ni la Santa Misa. Aquí van algunas fotos del viaje y de la Misa celebrada.
¡Por fin la Santa Misa! Siete años esperando este día
GRACIAS CON TODO MI CORAZÓN A TODOS LOS QUE NOS HABÉIS AYUDADO CON VUESTROS DONATIVOS, ORACIONES Y SACRIFICIOS.
A todos os damos las gracias en nombre de tanta gente pobre que no pueden hacerlo por sí mismos. Porque no tienen voz, apenas un gemido estridente y ahogado en la garganta.
Le pido a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, Madre de los misioneros y Madre de los pobres, que a todos nos cubra con su manto bendito.
Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.
Padre Christopher
OS RUEGO, POR FAVOR, QUE RENVIÉIS ESTA CARTA A TODOS VUESTROS AMIGOS, A TODOS VUESTROS CONTACTOS, A TODOS LOS QUE SEPÁIS QUE NOS HAN AYUDADO Y A QUIEN NOSOTROS NO TENEMOS MANERA DE CONTACTAR ¡¡SEGUID AYUDÁNDONOS, OS LO RUEGO EN NOMBRE DE DIOS Y ESTAS POBRES GENTES!!
Para colaborar con la misión de Sudán del Sur, aquí tenéis los datos.
Titular: Fundación Misión de la Misericordia Entidad: BANKINTER Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293 Iban: ES0801280014730100029293 Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX 
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