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martes, diciembre 01, 2020

Grandes paradojas del siglo XXI

Grandes paradojas del siglo XXI

He estado oyendo en un podcast sobre los «sacamantecas». Se entrevistaba a una periodista e historiadora, Natalia Monje sobre su libro «Mala cosecha». Archivos aterradores de la historia de España

Parece ser que lejos de ser un mito, era una realidad y hay muchos casos documentados sobre el tema. Existía la creencia de que la tuberculosis se curaba con grasas sacadas de niños y había gente muy pudiente que pagaba cantidades enormes por obtenerlas y criminales sin escrúpulos dispuestos a proporcionársela.

Y claro, nos escandaliza, ¿quién no iba a escandalizarse? Pues resulta que ahora hacemos exactamente lo mismo. Con el pánico a enfermar y morir, que en estos momentos raya, si no sobrepasa, la paranoia, pensamos que una vacuna realizada con niños humanos asesinados vamos a burlar a la muerte. Poco importa que funcione la vacuna o que funcionaran los ungüentos, cosa muy cuestionable en ambos casos, pero es que, aunque sí funcionara ¿no es exactamente igual de aberrante y escandaloso?

Sigue hablando en este libro de las personas que tenían cualquier tipo de deformidad: hermanos siameses unidos, enanismo, hirsutismo, microcefalia, Síndrome de Proteus..., eran expuestas como espectáculo público y esto nos escandaliza. ¡Cómo no! Recuerdo cuánto me impactó la película del «hombre elefante», cuando gritaba con desesperación ¡soy un ser humano! Pero resulta que el asesinarlos antes de nacer no es escandaloso, sino que es progreso, total les ahorramos una vida de sufrimiento... ¿o no?

Puestos a recordar películas me acuerdo de una película sobre los esquimales «Nanouk, el esquimal» (en España se llamó «Los dientes del diablo») en la cual se narraba la vida de los esquimales. En ella se ve que cuando la madre de la protagonista se hace mayor se convierte en una carga «no hay sitio para bocas inútiles» y se la dejaba en el hielo para que se la zampara alegremente el oso polar «la carne debe morir para que la carne pueda vivir». ¡Qué espanto! Cuanto lloramos por la pobre abuela que, calculando la edad de la hija, igual era de mi edad. Qué incivilizados estos esquimales.

Y, sin embargo, aprobamos una ley de eutanasia para deshacernos de los débiles y de los ancianos y de algunos niños si no cumplen el estándar y esto, incluso en contra de su voluntad, puesto que en Holanda han aprobado que se les puede dar la sedación en la comida porque resulta que ¡es que se resisten! ¡cómo puede ser! ¡mira que son insolidarios!

Nos escandalizamos de los matrimonios forzados de niñas y con razón, creo que los abusos en la infancia es de las cosas más terribles y destructivas que se le pueden hacer a una persona, pero... resulta que no tenemos problema ninguno en dar clases de sexualidad y masturbación a niños desde los 4 años, proponer a los niños que exploren su cuerpo y se toquen entre ellos desde los 8 y que tengan relaciones desde los 12. Es distinto, claro, pero igualmente destructivo y aberrante, eso sí, parece que no nos escandaliza tanto.

Termino con una comparación que ya se ha hecho muchas veces. Nos escandaliza que durante un tiempo a las personas de raza negra no se las considerara humanas, igual que no se consideraba humanos a los judíos en el tercer Reich. Ciertamente son episodios terroríficos de la historia, pero... ¿y un bebé por nacer no es igual de humano? ¿por qué les negamos la indiscutible humanidad? Nos escandaliza que existiera la esclavitud y que un ser humano pueda ser propiedad de otro, pero, ¿no nos escandaliza que un bebé sea propiedad de su madre y puede decidir si nace o no en función de su «deseo»? O peor aún... que sea propiedad del Estado y sea este quien decide quien vive y quien muere, eso sí, todo lo hacen por nuestro bien y por nuestra salud ¡faltaría más!

Todas las épocas de la historia de la humanidad tienen sus luces y sus sombras, pero creo que esta es la más hipócrita y la más deshumanizada que hemos vivido. Pero, como siempre, tenemos una verdad inmutable, La Verdad, el Evangelio de Jesucristo y está la guía definitiva: la sacralidad de la vida humana, la dignidad de cada persona, cuerpo, alma y espíritu.



miércoles, junio 03, 2020

El momento es ahora



El momento es ahora

El otro día oí en la radio que en Madrid es imposible tener hora en el psicólogo hasta septiembre, y creo que en el psiquiatra tampoco. Al hablar con las personas es la sensación que tengo también, todo el mundo anda mal, cada uno con su especialidad, el que tiene tendencia a la depresión, pues se deprime, el que tiene algún acontecimiento traumático en el pasado como un aborto, un abuso, se le viene a la cabeza una y otra vez, el que tiene una adicción recae y esto sin hablar de aquellos a quien les ha tocado más de cerca, como el que ha tenido una perdida de un familiar, el que ha perdido su trabajo o ve su negocio hundirse o el que el mismo ha estado enfermo.
Al hilo de esto me he acordado de la historia de una persona que creo que puede ilustrar muy bien algunas reflexiones.
Esta persona, María vamos a llamarla, llevaba casi 40 años yendo al psiquiatra y sufriendo las consecuencias de su aborto provocado. Porque antes de aprobarse la ley del aborto también se abortaba en España, y no precisamente en Londres ni personas de alto nivel adquisitivo.
No quiero desacreditar la labor de los psiquiatras y la necesidad de medicación, pero es cuando menos llamativo que media España tome antidepresivos y la otra media ansiolíticos: algo está fallando.
Lo primero que creo que falla es que damos tratamientos físicos a enfermedades del alma, o por lo menos únicamente físicos y el ser humano es una unidad, y el cuerpo se resiente con las enfermedades del alma y de la psique como el alma y la psique se resienten con las enfermedades del cuerpo, pero en el momento en que lo separamos algo se rompe.
En segundo lugar, fallamos en atacar los síntomas sin ir al origen del problema, a María, nadie le había preguntado nunca si tenía algún aborto provocado y sorprendentemente, tampoco sospecharon que había sufrido abusos.
En tercer lugar, hay un porcentaje de sufrimiento psicológico que es consecuencia de un hecho traumático y que es absolutamente inevitable. Cuando perdemos un familiar tenemos que pasar el duelo, y eso duele y duele muchísimo, tanto más cuando no hemos tenido la oportunidad de despedirnos, de manifestarle cuanto le queríamos y lo importante que es en nuestra vida y cuando no hemos podido velarle y honrarle como merecía.
En cuarto lugar, lo peor del sufrimiento es la falta de sentido, y creo que eso donde también tenemos nuestro talón de Aquiles. Cuando sacamos a Dios de nuestra vida, de la sociedad las cosas empiezan a perder su sentido y empiezan a desmoronarse. Si no hay Vida Eterna, si no hay Cielo e Infierno, si no hay Bien y Verdad absolutos, si Dios no es un Padre que nos cuida y que es capaz de sacar un bien mayor de cada acontecimiento, si nuestro sufrimiento, absolutamente inevitable no tiene sentido ni valor, entonces la vida se convierte en absolutamente insoportable.
Hay una anécdota que me contó María que me hizo reír mucho pero que también tiene mucha miga. Ella iba a revisiones trimestrales, y cuando le decía a la psiquiatra que se encontraba mal, recibía estas respuestas: cuando iba en verano «mujer, con estos calores como vas a estar», cuando iba en invierno «mujer, con estos fríos como vas a estar» y cuando iba en otoño y en primavera le decía «mujer, con estos cambios de tiempo como vas a estar» y la pobre María se preguntaba «¿y en qué estación por fin voy a estar bien?»
Y es que el momento ideal nunca existe, la situación de calma total y ausencia de problemas en la cual por fin voy a ser feliz y por fin voy a poder empezar a hacer lo que tengo planeado, esa nunca va a llegar, por lo menos en esta vida.
El momento de convertirse es ahora, el momento de ser feliz es ahora, el momento de hacer lo que queremos hacer es ahora, y no hay otro. Recuerdo el soneto de Lope de Vega que dice
¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
¡verás con cuánto amor llamar porfía!»
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
¡para lo mismo responder mañana!
Se me ocurren un millón de ejemplos de como posponemos las cosas buscando el momento ideal que nunca llega, algunas pequeñas como «el lunes empiezo a comer bien o el lunes empiezo a hacer ejercicio» y otras muchas más importantes como «ahora no tengo tiempo de rezar, estoy muy ocupado» y otras verdaderamente dramáticas «Ahora no es el momento de ser madre, este bebé no puedo tenerlo, más adelante tendré otro». Y es que la más común argumentación para abortar es esa «no es el momento porque… no tengo trabajo, no tengo pareja, no tengo edad, no tengo…»
Quizá no es el mejor momento, por la crisis, por el famoso virus, por un millón de causas, todas ella razonables, pero es el momento, el único que tenemos, el hoy, aprovechémoslo para el mejor negocio de nuestra vida, convertirnos, volvernos a Dios, y por experiencia propia sé que todo lo demás viene por añadidura.



martes, mayo 19, 2020

Pequeñas historias llenas de esperanza


En esta situación tan compleja que estamos viviendo, nos hace tanta falta mantener la llama de la esperanza, avivar nuestra confianza en Dios, dejar que nuestro corazón se esponje y descanse en el divino corazón. He rescatado algunas historias que he vivido hace algunos años acompañando a mujeres embarazadas en riesgo de aborto. Son sencillas, inocentes, pequeñas, cotidianas, pero llenas de esperanza y sobre todo llenas de Dios. Ahí va la primera.
Cada vez que me llaman para ir a hablar con una mujer en peligro de aborto conozco un poquito más a Dios, conozco un poco más su modo de actuar. Dios piensa en todos, pero necesita brazos. Así es, en este caso, Dios se acordó de Sonia y le inspiró a su hermano seminarista que fuera aquella noche por casualidad a cenar a casa de su hermana y que esta, que, ya había tomado la firme decisión de abortar y que tenía ya la cita dada, se lo dijera a su hermano. En realidad, había hecho algo más que tomar la decisión, se había tomado hasta 4 pastillas de Cytotec, así como todo tipo de cócteles caseros para abortar ella misma. Pero Dios tenía otros planes, quería darle otra oportunidad, estaba empeñado en salvarla y ninguno de esos «remedios» caseros funcionó.
Hablé con su hermano, me dijo que al oír la noticia se había ido a rezar el rosario y que había acudido a un santuario mariano y, después de eso, había decidido llamarnos. Nada en esta vida produce tanto gozo como saberse «parte» del plan salvador de Dios.
Ella vive en un pueblo a las afueras y ahí fuimos, en realidad, dos veces, porque la primera no cogía el teléfono ni respondía al whatsapp, y ya nos volvíamos, pero finalmente llegamos. Nos abrió la puerta su hijo, un precioso niño de 3 años que me dejó encandilada. ¿Su historia? la de siempre: pareja que no quiere saber nada del tema, falta de medios económicos, sentimiento de enorme soledad, verse desbordada por la situación... y como siempre, la famosa frase de parte de todos de «es tu decisión». Todo el mundo sabe que esa frase lo que en realidad significa es: «es tu problema, a mí me da igual que decidas porque igualmente tú cargarás con las consecuencias» Y como siempre, ella no quiere abortar, solo que le parece el único camino viable que la queda. Además, tiene miedo de que si continúa le haya podido afectar al bebé todo lo que se había tomado.
El niño que tiene ya, acaba de cumplir 3 años. En un momento su madre le regañó y se echó a llorar. Yo le cogí en brazos y le acuné y le acaricié y sorprendentemente él se dejó. Lo disfruté enormemente. Al irme me dio un beso y me dijo que me quería. Me derretí.
Afortunadamente ella consintió en hacerse una ecografía y la llevamos. Yo en esa no estuve, pero me dijeron que fue la ecografía más bonita que habían visto nunca, que el niño hizo toda clase de monerías ante el ecógrafo. En realidad, no le llamamos a partir de entonces «niño» sino «nuestra negrita», porque decidimos que tenía que ser niña, y que íbamos a estar locas a ponerle coletitas en un pelo rizadísimo como el de su hermano que al acariciarlo parece de velcro. Todo estaba bien, esa negrita está muy protegida por Nuestro Señor, tiene mucha gente rezando por ella y parece que ya se nos ha metido a todos en el corazón.
A la semana siguiente volvimos a verla. Había encontrado un trabajillo, aunque temporal, y seguía convencida de abortar, decía que sus amigas lo habían hecho, y que no pasaba nada, se puso a la defensiva, parecía que empezaba a sentirse molesta ya. Llegamos así al día antes de su cita para abortar y no estábamos dispuestas a asumir que íbamos a perder a nuestra negrita y el estado en el que iba a quedarse Sonia.
Así que, que Dios nos perdone, pero dijimos una mentirijilla, la llamamos para decirle que teníamos otro caso en su pueblo y de los juguetes que yo quería dar elegimos un juguete para su niño de 3 años y un peluche precioso para nuestra negrita y nos plantamos otra vez en su casa. A las 11,30 de la noche y heladas de frío fuimos a su casa, todavía no había llegado y menos mal que alguien nos abrió la puerta del portal. Mientras esperábamos en el descansillo estuvimos riendo y haciéndonos fotos con el peluche. Dios estaba con nosotros y lo sabíamos, parecíamos unas locas ahí tiritando a esas horas, pero locas por Nuestro Señor.
Cerca de las 12 de la noche llegó Sonia y nos sentamos, estábamos ya como en casa, yo hasta le puse el pijama al niño. Era la una y media de la mañana y Sonia no cedía, había decidido abortar y nada la iba a hacer cambiar de opinión. De repente, dijo: «me estáis haciendo dudar»... ¡¡¡nos alegramos tanto!!! Quedamos en hablar por la mañana nuevamente porque su cita era a las 3 de la tarde. Volvimos en el coche rezando el rosario, los misterios dolorosos, ofreciéndolo por la vida de nuestra negrita. Todo estaba en manos de Dios. Quedamos en hablarnos al día siguiente.
Yo ofrecí la misa de la mañana y llamé para tener noticias, pero aún no se sabía nada. Finalmente me llaman ¡no había ido! no iba a abortar! ¡Alabado sea el Señor!
Esta historia es real 100 por 100, aunque obviamente la mujer no se llama Sonia. El embarazo llegó a término y efectivamente nació una hermosísima nena negrita a la que conocí y tuve en brazos. No existe una sensación de alegría y plenitud tan grande como ver a esos bebés y el agradecimiento y felicidad de sus madres. Es tocar a Dios. Más, es abrazar a Dios.

jueves, abril 09, 2020

Al pie de la Cruz, como María


Al pie de la Cruz, como María
María José Mansilla*
Presidenta Spei Mater

Hay algo que nos resulta insoportable, quizá más insoportable que nuestro propio sufrimiento, y es el sufrimiento de las personas a las que queremos. Nos resulta tan doloroso que a veces preferiríamos tenerlo nosotros y evitárselo a ellos. Qué madre no ha deseado cuando ha visto a un hijo suyo enfermo que fuera ella la enferma y el hijo el sano.
El sufrimiento ajeno duele y por eso tratamos de huir de él de distintas maneras. Cuando alguien está llorando y le pedimos que no llore ¿no habrá también una parte de que no soportamos verlo llorar porque nos incomoda?
Esto resulta también evidente en la eutanasia, ¿realmente estamos tratando de evitar sufrimientos al paciente o es que no soportamos verle así? A veces puede prevalecer lo segundo, puesto que un paciente sedado no sufre, ni aquellos que pasan meses o años inconscientes, el que sufre es el que lo ve y no quiere verlo.
Desgraciadamente normalmente podemos hacer poco o muchas veces nada para solucionar el sufrimiento del otro. Podemos procurarle atención médica si el sufrimiento es físico y podemos procurarle ayuda para salir de una situación que le ocasiona un grave sufrimiento emocional, pero poco más.
En una serie de televisión en la que se narran distintos casos atendidos en urgencias me llamó mucho la atención que en el encabezado de la serie sale la jefa de urgencias del hospital en el cual se ha grabado la serie y dice lo siguiente: “nosotros hacemos todo lo posible para salvar la vida de las personas que vienen a urgencias, pero lo que verdaderamente necesitan es tener la mano cogida de un ser querido y que le diga que nada malo va a pasar”. Obviamente que una cosa no quita la otra, pero resalta la importancia de sentirse acompañado y confortado y la necesidad de una esperanza.
Lo que la persona que está sufriendo necesita principalmente es estar acompañado. Recuerdo la formula antigua que se decía en los funerales “Te acompaño en el sentimiento”, verdaderamente que las frases populares a menudo tienen mucho trasfondo. 
En esta Semana Santa pensemos en el sufrimiento de María viendo los indecibles padecimientos de su hijo. No creo que haya sufrimiento comparable “ved si hay dolor semejante a mi dolor” y sin embargo Jesús no quiso ahorrárselo ni ella lo hubiera querido. Jesús también necesitó en su pasión poder mirar a los ojos de su madre entre la multitud, mirarla desde lo alto de la cruz y encontrar en ellos comprensión, apoyo, refugio.
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A veces sentimos una enorme impotencia ante el dolor y el sufrimiento y nos preguntamos '¿qué puedo hacer?' Y la respuesta es que no podemos hacer nada. ¿O sí? Lo que podemos hacer es acompañar en el sufrimiento, esto es, compartir el dolor con el que sufre y darle fortaleza para no desesperar. A menudo es lo que realmente la otra persona más necesita, sentir que no está sola, sentir que es querida, que todo tiene sentido, porque lo realmente insoportable no es tanto el sufrimiento sino el sufrir solo y sufrir sin sentido
Cuantas veces he comprobado en los distintos acompañamientos que realizamos en Spei Mater cómo simplemente “estar ahí”, ayuda más a la persona que todos los esfuerzos asistenciales por solucionar sus problemas.
En estos momentos en que nos sentimos impotentes para ayudar a todas las personas que están sufriendo por esta pandemia, hay algo que siempre podemos hacer, acompañar, estar al pie de la cruz, como María, quizá podemos físicamente, quizá solo telemáticamente quizás ni siquiera eso, sino solamente con la oración. Sea como sea y sea el sufrimiento que sea, el recurso de estar disponible, de acompañar, siempre está disponible y siempre es el remedio más eficaz.


Publicado en REl

*María José Mansilla es la fundadora y presidenta de la Asociación Spei Mater. Es Licenciada en Ciencias Económicas y empresariales (ICADE) y miembro certificado del Consejo Europeo de Coaching y Mentoring y de la Asociación Internacional de Coaching pastoral. Después de varios años en el mundo de la empresa y la docencia decidió dedicarse en cuerpo y alma a su vocación: la proclamación del Evangelio de la Vida y la Misericordia y la atención a las víctimas de la cultura de la muerte a través de la fundación de Spei Mater, del acompañamiento individualizado y  de la impartición de diversos cursos, capacitaciones (Proyecto Raquel y Proyecto Ángel) y conferencias sobre la implantación de la Cultura de la Vida.



viernes, abril 03, 2020

Resulta que sí que hay Vida Eterna


Resulta que sí que hay Vida Eterna
María José Mansilla
Presidenta Spei Mater


En estos tiempos de crisis se está hablando mucho de la vida, de la importancia de salvar vidas. A pesar de que está saliendo a la luz una ética utilitarista de que unas vidas son más prioritarias que otras, resulta esperanzador pensar que ahora por lo menos se hable de la vida, de su sacralizad y de que todos los esfuerzos son pocos cuando se trata de salvarla. Si no hay vida no hay nada, esto es una obviedad, que sin embargo se pone en duda cuando el derecho a la vida choca con los deseos y la ideología de algunos. El primer derecho y del que emanan todos los demás es el derecho a la vida

Pero hay algo de lo que se habla poco o nada. La vida no es solo la vida corporal, es que la vida es eterna, no acaba aquí, aquí solo estamos de paso y aquí no nos quedamos nadie.

Hay otro detalle del que se habla también poco o nada. Resulta que no solo hay vida eterna, sino que hay cielo y hay infierno, y son eternos. Y ya que vamos con los detalles importantes el cielo y el infierno depende de nuestra vida aquí, de que acojamos o no la salvación de Jesucristo, y acoger la salvación de Jesucristo no es decir si o no, que también, sino hacer su voluntad “no todo el que dice Señor, Señor se salvará sino el que hace la voluntad de mi Padre”. Hasta aquí nada nuevo, los novísimos.

La primera implicación de que se me ocurre es si a la vida temporal le quitamos la dimensión de la eternidad, pierde su sentido y su horizonte y las personas estamos como estamos, como ovejas sin pastor.

En la dimensión de la eternidad y el plan de Dios puedo dar un sentido a mi vida y a mi muerte, puedo saber para que vivo, puedo establecer prioridades en función de ello y tengo una base solida para asentar mi vida.

Si solo tenemos esta vida ¿qué sentido tiene arriesgarla por los demás? ¿qué sentido tiene esforzarme cuando de un día para otro puedo perderlo todo? ¿por qué voy a tener un comportamiento moral si a menudo los que no tienen escrúpulos son los que mejor les va (o por lo menos eso parece). Todo el edificio se derrumba si no hay vida eterna.

La segunda implicación es que si el infierno no existe yo no soy libre, porque entonces Dios se me impone y Dios no se impone nunca, si yo no quiero ser salvado, si yo no quiero ser redimido, Él respeta mi decisión. Y si el infierno no existe no habría justicia, sería indiferente ser Santa Teresa de Calcuta que Mao, que según las estadísticas es el mayor genocida de la historia.

Y vamos con la tercera implicación que es de la que quería hablar: me pregunto si el mismo esfuerzo o prioridad que tenemos en salvar vidas (por lo menos de los afectados por el coronavirus) lo tenemos también para que esas personas tengan Vida con mayúsculas, es decir, que una vez pasado el umbral en la muerte gocen de la felicidad eterna en el Señor.

Porque es muy importante salvar la vida física de las personas, y todo esfuerzo es poco para salvar una vida, pero tan importante o más si cabe el destino eterno de las personas, salvar su alma.

No es verdad que todo el mundo se salva, Jesús nos los repite continuamente en el Evangelio, no podemos caer en el “buenismo” de pensar que nuestras acciones en nuestra vida son indiferentes porque total Dios es bueno.

Tanto en estos tiempos de pandemia como en el tiempo ordinario no podemos centrarnos únicamente en ayudar solo materialmente, socialmente o médicamente a las personas, que, por supuesto es fundamental, sino también en las obras de misericordia espirituales: Enseñar al que no sabe, corregir al que se equivoca, dar buen consejo al que lo necesita, orar por los vivos y los muertos…

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” No hay mayor bien para una persona que anunciarle la verdad y salvación de Jesucristo... Incluyendo la verdad sobre el pecado, porque el seguimiento de Jesucristo implica una moral bien concreta y esta no es opcional

Entonces, pongamos también todo nuestro esfuerzo y afán en que la salvación de Jesucristo llegue a todas las almas, puesto que esta es la mayor obra de misericordia, el mayor bien para las personas y finalmente nuestra principal misión como Iglesia.


Publicado en REl  Cuestión de vida 02 abril 2020

jueves, marzo 26, 2020

¿Cuánto vale una vida?


¿Cuánto vale una vida?
Cuestión de vida
26 marzo 2020
No me parece casualidad que esta tremenda crisis que estamos viviendo haya coincidido con la Jornada por la Vida y con la aprobación en España de la ley de la Eutanasia que nos han introducido a marchas forzadas nada más empezar esta legislatura, marcada por un innegable sesgo ideológico y dictatorial.
La crisis en torno a la vida es muy profunda, y tiene su raíz en el propio concepto del ser humano, en quien es y en que valor tiene su vida y en su dignidad intrínseca, es esto lo que esta en juego.
Las decisiones en torno a la vida, quien vive y quien muere, quien tiene o no derecho a vivir son siempre decisiones que tiene que ver con la dignidad, si cada vida vale lo mismo o hay una serie de criterios que están por encima de esta dignidad : ¿Vale más o menos la vida de un bebé por nacer por el hecho de que sea deseado o no deseado? ¿vale más o menos la vida de un bebé por el hecho de que sea o no discapacitado o enfermo?
Parece que este envite contra el no nacido que muchos ya consideran una batalla perdida, esta dando paso a un nuevo envite, la ancianidad y la enfermedad. Esta crisis esta siendo sin duda especialmente la de los ancianos.
Se esta marginando y abandonando a su suerte a los ancianos y a los discapacitados. Pongamos tres ejemplos
Según los datos del Ministerio de Sanidad del día 22 de marzo los pacientes de más de 80 años, que son el 25% de los hospitalizados, solo son el 7% de los derivados a las UCI y son más del 67% de los fallecidos.
La semana pasada, la Dirección General de Coordinación Sociosanitaria de Madrid envió a las residencias de mayores un documento con el protocolo, dictado por la Consejería de Sanidad, a seguir en cuanto al Covid-19. En ese documento, se indican los pasos a seguir por parte de los centros geriátricos en caso de que acumulen positivos. Este protocolo considera que no se debe mandar al hospital a aquellas personas que, aunque tengan infección respiratoria, no puedan ser independientes en sus movimientos o tengan alguna discapacidad intelectual.
Este miércoles ha habido un intento de agresión a un autobús procedente de Alcalá del Valle, donde viajaba un grupo de ancianos de la residencia donde se había producido un foco de coronavirus, con destino a la residencia Tiempo Libre de La Línea.
No soy médico para juzgar cómo se gestiona un hospital, pero me pregunto quién es el que decide quien vive y quien muere y en función de que criterios se toma esta decisión:
La edad parece ser uno de ellos puesto que mueren los ancianos y mueren los bebes no nacidos, porque parece ser que los abortorios siguen abiertos, debe de ser que es una necesidad prioritaria para el país seguir matando gente. Y por supuesto, ellos no carecen de material sanitario.
La discapacidad física o intelectual y la enfermedad también debe de ser uno de ellos puesto que a cualquier edad son discriminados
No debe de ser criterio que a alguien le importe esa vida o no, puesto que no quiero ni imaginar el sufrimiento de los hijos viendo cómo a sus familiares se les sin atención médica para atender a otros
Me pregunto en que momento empezaremos cualquiera de nosotros a ser una vida de segunda categoría en función de cualquier otro criterio que se decida.
Se me ha venido a la cabeza la película sobre el Titanic, no sé que hasta que punto fiel a los hechos o no, pero el criterio fue “las mujeres y los niños primero”.
Me llama la atención que en la supuesta sociedad “heteropatriarcal” se salvaran primero las mujeres, y esto era porque el valor de la mujer como santuario donde se gesta la vida era innegable, mientras nacieran niños había esperanza, la supervivencia de la especie humana estaba asegurada. Ya no es así, la dignidad de las mujeres ha sido degradada hasta extremos inimaginables por el feminismo marxista y la supervivencia de la especie ya no está asegurada porque en los países occidentales hay más defunciones que nacimientos.
También en el Titanic se salvaron muchas menos personas de las que pudieron por aplicar criterios económicos: primero el no tener botes para todos para ahorrarse costes y segundo porque se priorizaba a los pasajeros de primera clase y hubo botes que salieron a medio llenar. Todo esto suena muy actual ¿verdad?
El meollo de la cuestión es si una vida tiene un valor intrínseco e infinito por el hecho de ser vida humana, porque si es así, no es aplicable ningún otro criterio que la haga de mayor o menor valor según las circunstancias cambiantes.
El valor de una vida, de una sola vida es infinito, su valor es el de la sangre de Cristo, así de sencillo. El universo entero no puede contener al Creador y una persona humana si, con 3 días de concebido o con 90 años, con una enfermedad o sano, productivo económicamente o dependiente.
Y el valor de la vida, no lo trae la democracia, la democracia es una forma de organización del Estado, sin duda de momento la mejor que hemos encontrado hasta la fecha, pero no es la fuente de los valores y cada vez es más evidente que el hecho de votar cada 4 años no implica que la sociedad tenga más valores ni que seamos más libres.
Los valores sobre los que se asienta la cultura occidental son los valores cristianos. Cuando desechamos estos valores en pro de los “nuevos derechos” que no son más que imposición de los deseos de unos pocos sobre los verdaderos derechos de todos, caemos en el abismo de la destrucción.
Como explica Antonio Socci en su libro “El genocidio censurado”, el valor de la persona no la ha traído la declaración de los derechos humanos, ni la revolución francesa, ni muchísimo menos las supuestas ideologías liberadoras del siglo XX, el convencimiento de que todo ser humano es intocable y que nadie puede disponer de su vida y de su dignidad es algo que nos trajo Jesús de Nazaret y que solo Él puede restaurar.
En todas las civilizaciones precristianas ser un humano no era suficiente para tener derecho a la vida, no había respeto para la vida de los esclavos, ni extranjeros, ni neonatos, y de repente ocurrió algo, un cambio radical e impensable, la difusión de que todo ser humano es sagrado.
Evidentemente, cuando la sociedad se descristianiza, cuando se intenta erradicar de las democracias modernas su raíz cristiana se vuelve a los dioses paganos, todo el edificio de la libertad y de la dignidad humana cruje y se precipita hacia la barbarie.
Tenemos un mensaje que transmitir al mundo, un mensaje de Esperanza, la buena noticia del Evangelio de la Vida, que toda vida es sagrada y toda vida tiene un valor infinito, y que ningún criterio ni económico ni de ningún otro tipo puede decidir que una vida valga más que otra. 

MARÍA JOSÉ MANSILLA

Publicado en REL
María José Mansilla es la fundadora y presidenta de la Asociación Spei Mater. Es Licenciada en Ciencias Económicas y empresariales (ICADE) y miembro certificado del Consejo Europeo de Coaching y Mentoring y de la Asociación Internacional de Coaching pastoral. Después de varios años en el mundo de la empresa y la docencia decidió dedicarse en cuerpo y alma a su vocación: la proclamación del Evangelio de la Vida y la Misericordia y la atención a las víctimas de la cultura de la muerte a través de la fundación de Spei Mater, del acompañamiento individualizado y  de la impartición de diversos cursos, capacitaciones (Proyecto Raquel y Proyecto Ángel) y conferencias sobre la implantación de la Cultura de la Vida.

miércoles, noviembre 28, 2018

Una de cada 4 personas con síndrome postaborto es varón

ReL Ha publicado estos días una nota. ¡No olvidéis a quienes han abortado! Necesitan ayuda para superarlo.

La decisión del Papa de extender a todos los sacerdotes la facultad que les había concedido, con ocasión del Jubileo de la Misericordia, de levantar la excomunión por el aborto, hasta entonces reservada al obispo del lugar, fue acogida con ilusión por las personas que trabajan en el Proyecto Raquel en España. Llevan a cabo una tarea de ayuda a  mujeres que han abortado y hombres que lo han impulsado o consentido y padecen el síndrome postaborto, y dicha facilidad es un instrumento decisivo en el proceso de sanación.
El síndrome postaborto son las secuelas psicológicas que mujeres y hombres sufren después de haber abortado, es un dolor que en ocasiones los acompaña toda una vida. Entre los síntomas destacan la ansiedad, las pesadillas, el estrés post-traumático y la depresión acompañada de un sentimiento de culpa que se agudiza en la fecha en la que el bebé hubiera nacido.
En conversación con Blanca Ruiz Antón para ACI Prensa, la presidenta de Spei Mater y Proyecto Raquel en EspañaMaría José Mansilla, dijo que además de agradecer el anuncio del Santo Padre, es necesario “acompañar a estas personas, darles luz y acogida. Esto es un reto tanto para los sacerdotes como para los laicos”.
Según Mansilla, lo que hace su organización es “una ayuda psicológica y espiritual, porque se trata de un problema que afecta a toda la persona” y que se divide en diez sesiones que se realizan en unos tres meses aproximadamente, pero “todo depende de las necesidades de cada una de las personas que participan”. En ese itinerario hay tres figuras fundamentales: el consejero, el sacerdote y el profesional de la salud mental, que en ocasiones puede obviarse.
“Se sigue una metodología de acompañamiento y no de terapia para que, como dice San Juan Pablo II en la Evangelium Vitae, ‘se comprenda lo que ha sucedido y asuma la verdad de las cosas’”.
En ese sentido, Mansilla manifestó que, si bien es muy importante “el perdón y la reconciliación sacramental, muchas personas no son capaces de asimilarlo y por eso necesitan un proceso para también perdonarse a sí mismas”.
Es necesario “vivir el duelo por la pérdida del bebé, despedirse de él. En el proyecto se les hace un pequeño funeral en el que los padres y las madres se despiden del pequeño no físicamente sino con la oración”, sostuvo.
Pero no sólo las mujeres acuden al Proyecto Mater, sino que “una de cada cuatro personas afectadas por el síndrome postaborto es un hombre”. Ellos lo sufren de manera parecida a las mujeres, pero con algunas diferencias, “en muchos casos no se sienten con derecho a estar tristes y sufrir la pérdida de ese hijo”.
“El plan está adaptado en algunos puntos ya que ellos no han pasado por la experiencia física, y también depende del papel que tuvieron en ese aborto: si se negaron, si dejaron a la mujer sola o si lo supieron años después”, aseguró la presidenta.
“Los casos que más me llaman la atención son las personas que abortaron hace muchos años y que llevan como 40 años con ese dolor en su corazón y que llegan buscando acabar con un sufrimiento que les ha acompañado toda una vida”.
“A veces, después del acompañamiento dejan una medicación que tomaban desde años. Ahí se ve la mano de Dios, al igual que cuando acuden chicas muy jóvenes de apenas 15 años que tienen un dolor en el corazón que les hace pensar que nada tiene sentido”, expresó Mansilla.
“Tras esta ayuda vuelven a nacer. También hay quienes cambian su vida por completo y llegan a decir, que a pesar de que parece increíble, de algo tan horrible, puede salir algo bueno, porque conoces la misericordia y eso cambia la vida”.
El Proyecto Raquel comenzó en 2010 y actualmente se encuentra en unas 33 diócesis españolas. Si bien la institución no lleva una estadística “podemos atender a unas trescientas mujeres al año entre todas las diócesis, pero sería lo mismo si atendiéramos tan solo a una”, aseguró Mansilla.
Este proyecto de ayuda a mujeres y hombres afectados por este síndrome nació en Estados Unidos pero se ha extendido a distintos países en el mundo

lunes, mayo 23, 2011

El proyecto Raquel Sindrome post aborto



María Jose Mansilla, coordinadora del Proyecto Raquel en España, nos cuenta los primeros pasos de esta aventura que acaba de ponerse en marcha en nuestro pais para atender a las mujeres que sufren el sindrome post-aborto.