«El Obispado me llamó tras ver mi testimonio de vida en 'youtube'» Carlota Ruiz de Dulanto Ponente en la III Jornada Diocesana
Bajo el lema 'Dios y cultura, un encuentro recíproco', se va a desarrollar las III Jornada Diocesana Educativa de Albacete durante toda la mañana de hoy en el salón de actos de la Delegación de la Junta (antigua Fábrica de Harinas). Se pretende destacar la importancia de la religión y la creencia en el mundo educativo, por eso cuentan con la presencia de Carlota Ruiz, que pondrá su testimonio vivido en la vida pública. Una vida llena de sensaciones y sabores unida al amor más sincero, al misterio de la Cruz Gloriosa.
-¿Por qué participar en estas jornadas?
-Me llamaron desde el Obispado de Albacete para que participara en las mismas. Por lo visto habían tenido la oportunidad de ver mi testimonio de vida en un vídeo que hay colgado en youtube, les gustó, les pareció adecuado para las jornadas y se pusieron en contacto conmigo. Encajaba perfectamente en esa transmisión de valores religiosos apta para el mundo y para la cultura.
-Ante todo, ¿con qué idea quiere que se quede la gente?
-Es algo que me viene de sorpresa y que anteriormente no había hecho pero me halaga el poder hacer frente a esto puesto que tengo algo bonito y sincero que contar, para que todos sepan que detrás siempre está Dios que ayuda y dirige en todo momento. Tengo que contar que es un tesoro, que la experiencia se debe compartir con los demás, a Dios, a mi padre querido, igual que me quiere a mi y a los demás.
-¿Qué hace que esté presente en las mismas?
-Hay un final importante en todo este sendero de la vida. A través de la educación descubres lo que puede haber, en esto se basa la fe. Es una pena que los colegios hayan dejado de lado estas creencias, por eso queremos que todos aquellos que lo quieran se les refuerce este aspecto educativo porque valoro que la formación de ahora es deficiente en este aspecto puesto que antes o después vas a necesitar de estas transmisiones.
-¿Qué cambió su vida?
-En la vida te van ocurriendo cosas, nos educamos con un foco de luz que nos hace ser egoístas por eso hay que ir más allá, la vida es un regalo que nos han dado, que ha puesto en cada uno de nosotros. Siendo joven era monitora de un campamento en Estados Unidos y sufrí un grave accidente rompiéndome la columna vertebral, en pocos momentos pasé a ser parapléjica. Fue un momento donde pude tocar fondo, pasé de estar físicamente bien para dejar de hacer lo que más me gustaba, bailar, practicar deporte para quedarme postrada en la silla de ruedas. Pero realmente la vida puede ser otra cosa. Otro palo posterior fue en el nacimiento de mi hija pequeña, Paloma. Nació un 15 de agosto , era prematura y los médicos dijeron que no había nada que hacer con ella, en ese instante le grité a la Virgen María que me ayudara si como decía era mi madre. Y así lo hizo, fue todo un milagro que mi hija saliera adelante, ella me ayudó mucho, fue una prueba muy dura pero ahora es algo que cuento con detalles muy bonitos porque puedo decir que estaba y está conmigo. Otra prueba fue la muerte repentina de mi marido, Paloma tenía cinco años y me dejaba con tres niñas pequeñas. Puedo decir que una vez más el Señor me ha ayudado, me ha protegido. Todas estas experiencias considero que no han ocurrido por casualidad sino que en cada momento importante ha estado conmigo cuidándome y eso está siempre presente.
-¿Todo esto no ha hecho que pierda la fe?
-Al contrario, en esos momentos que tocas fondo, que no te puedes agarrar a nada, ante la impotencia te agarras a lo intangible, a Dios y he notado que ahí está. En ese punto de desesperación hace que creas en lo imposible, das el paso al vacío y ves que es verdad, que existen cosas mucho mejores. Esa experiencia no me la quita nadie. Siento con qué delicadeza Dios ha estado junto a mi.
-¿Qué ha sido para usted el momento más duro?
-Creo que la sensación del nacimiento de un hijo es lo más bonito que pueda ocurrir pero esa frustración que yo tuve con Paloma, esa frustración de madre te hace pensar que estaba viva pero que moría.
-¿Y el más feliz?
-He tenido muchos, pero el día del nacimiento de mis tres soles fueron preciosos. Después están todos esos regalitos que te da la vida, que Dios te da, que hacen que sean más luminosos, llenos de paz que hacen que los problemas no te agobien.
-¿Cómo se siente?
-Estoy tranquila y orgullosa de haber podido seguir adelante con mis formas y mis creencias, porque es lo que me ha sacado de todo. Nunca me he sentido sola, el Señor me ha estado acompañando siempre. Él se encarga de solucionarlo todo y ha sido el que me ha regalado a mis tres hijas.
-¿Qué le enseña a sus hijas, son tan creyentes como usted?
-Soy muy pesada en cuanto a este tema, en un sentido trascendental te ayuda muchísimo la creencia, a vivir. Primero lo comparto con ellas para darles esa seguridad de que somos seres del cielo, de Dios. Hoy en día te hacen creer que eso no existe que si hay un problema te lo comes y punto, pero hay que tener presente que existe más ese valor eterno, el perdón de Dios, ser feliz sin tirar la toalla. El demonio te hace creer lo contrario. En todas mis caídas he encontrado el misterio de la Cruz Gloriosa, Él está detrás de todo abriéndonos las puertas del cielo, siempre nos acompaña y nos libera dando la vida por nosotros.
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domingo, mayo 23, 2010
Carlota Ruiz de Dulanto Ponente en la III Jornada Diocesana
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lunes, abril 20, 2009
miércoles, septiembre 21, 2005
Confía, confía, confía (actualizado)
Confía, confía, confía
Apareció en Mundo Cristiano
Me llamo Carlota Ruiz de Dulanto, nací en la década de los 60 en una familia maravillosa, soy la mayor de 3 hermanos y la única chica. La enseñanza primaria la hice parte en París, donde estaba destinado mi padre, y la secundaria en Madrid, en el colegio Montealto. Estudié la carrera de Derecho en la Autónoma de Madrid.
A los 25 años sufrí un accidente grave, estaba trabajando en Michigan (EEUU) y durante un tornado me cayó un árbol en la espalda y me rompió la columna vertebral a nivel de las lumbares. En cuestión de segundos pasé de ser una bailona, esquiadora y deportista a sentarme en una silla de ruedas para toda la vida. Luego he conseguido desplazarme también con muletas pero en aquel momento, en la sala de urgencias del hospital, el pronóstico fue taxativo: "You will never walk again" (nunca volverás a andar).
A partir de ahí, me cambiaron los planes de vida, olvidé la carrera diplomática y entré a trabajar en IBM. Javier, mi marido, que entonces era mi novio, no se fue de mi lado, caso bastante inhabitual en estas circunstancias tan difíciles. Pasaron unos años, nos casamos y hemos formado una familia.
Trabajo en un departamento de IBM de operaciones financieras de la región sur de Europa, mi discapacidad no es un problema ni para mí, ni para mis compañeros, ni para la compañía. Compagino bastante bien mi vida familiar y laboral gracias a Javier y a mi madre, que están siempre implicados, y a la política de teletrabajo de mi empresa, que me permite flexibilizar los horarios de entrada y salida y si es necesario también trabajar desde casa.
Y sobre todo porque Dios y solo ÉL es quien provee, Él me ha dado unas limitaciones y Él se encarga de solucionarlo todo, Él lo hace todo yo no hago nada. Dios nos ha regalado 3 hijas, Mencía, Mariana y Paloma. Estas tres princesas, ante los aspavientos de mi respuesta, muy a menudo me hacen esta pregunta:
- Mamá cuando te encuentres con Dios ¿qué le vas a decir?
- ¡¡¡Me lanzaré en sus brazos y me lo comeré a besos!!!
Realmente eso es lo que me produce pensar en mi Padre del Cielo. Cuando miro para atrás y veo mi vida, siento con qué delicadeza ha ido Dios guiándome... Nada de lo que me ha ocurrido ha sido por casualidad, su mirada amorosa estaba junto a mí, especialmente en los momentos más duros, que os aseguro los he tenido, quizá en esos momentos de pánico, dolor y desconcierto no lo notaba, pero sí sentía una algo firme que me decía "Carlota, confía... confía ... confía..." Me ha rodeado de ángeles, han caído en mis manos libros muy profundos, me ha protegido siempre.
Os puedo contar una historia muy bonita que me hizo caer rendida de fe a los pies de la Virgen María. En el año 2000 estaba embarazada de mi tercera hija y, como no iba a nacer hasta el 20 de noviembre, me fui tranquilamente de vacaciones a casa de mis suegros a Fuenterrabía. Contra todo pronóstico, el 15 de Agosto me puse de parto; en la Maternidad de Ntra. Sra. de Aranzazu de San Sebastián no pudieron pararlo y, esa misma noche, di a luz una niñita que más parecía una codorniz, de 600 gramos de peso, que me dijeron que no era viable.
Cabía en las palmas de las manos de la enfermera que se la llevó, me ofrecieron verla pero no pude, no quería recordar su carita en mis sueños. Le pedí a la enfermera que se la llevó que la bautizara. Cuando salí del quirófano me llevaron a otro cuarto con otra madre que también había perdido a su bebé y me dieron unas pastillas para cortarme la leche. A las 3 de la mañana apareció un pediatra a explicarnos la tenebrosa situación: la niña tenía un respirador y un derrame cerebral de prematura y, era tan inmadura, que el pronóstico era muy grave. Tenía pocas probabilidades de vivir y si vivía tendría graves secuelas.
La sensación de vacío, de soledad, de fracaso y tristeza me invadió por completo. Las horas cercanas a la madrugada eran metálicas y frías, oía llorar a otra madre en la cama de al lado, yo no tenía fuerzas ni para llorar, mi cabeza giraba en torno al vacío de la situación, había dado a luz a una niña que no iba a vivir.
En esos momentos de desolación absoluta, me acordé que la niña había nacido el día 15 de Agosto, la Asunción de María, a las 23:50, e hice la pirueta espiritual...
Amanecía en San Sebastián, por la ventana se veía el cielo azul con hilos de nubes rosas, y pensé en Ella, en mi querida Madre del Cielo, revestida de gloria y nubes rosas, y le pedí lo imposible. Yo soy parapléjica y al pensar que mi hija podía ser paralítica cerebral toqué fondo: "¿dónde iba yo en silla de ruedas empujando otra silla de ruedas?". Tenía que creer en lo imposible y le pedí con toda mi alma a la Virgen una niña viva y sana.
Cuando por la mañana regresó mi marido y le conté la osadía de mi petición, pensó que en esa noche fatídica, no sólo había perdido una hija, sino que además su mujer se había vuelto loca. A la mañana siguiente fuimos a la incubadora, el panorama era desolador, era el bebé más pequeño que habíamos visto nunca, a su lado un niñito en parecidas condiciones se acababa de morir. Fuimos a buscar al capellán para que le diera la Unción de Enfermos, porque ya la había bautizado la enfermera, y le pusimos de nombre Paloma. Íbamos dos veces al día a verla, a acariciarla y a sufrir a su lado. Pruebas, ecografías, vías, transfusiones, informes, el pulsímetro pitando a todas horas...
Estuvo un mes con paradas cardiorrespiratorias que se la podían llevar en cualquier momento, cada día que llegábamos al hospital estábamos preparamos para la peor noticia. En esa angustia, me colgué de Ntra. Sra. de Aránzazu en la capilla del Hospital y le pedí hasta el hastío por esa niña. Os aseguro que cuando me quedaba sola en la capilla se lo pedía a gritos.
Cuando llegó a un kilo de peso, la trasladaron en UVI móvil a La Paz a Madrid, donde nuestras otras hijas empezaban ya el colegio. Allí estuvo dos meses más. Costó mucho pero, por fin, el 22 de noviembre nos la llevamos a casa con oxígeno y mucho miedo, agotados, pero nos la llevamos. Tuvo alguna recaída en los primeros meses, os aseguro que fue una pesadilla.
Hoy Paloma tiene 4 años va al colegio Montealto, es una niña más que sana, es fuerte, es guapa, lista, resolutiva, es vital y alegre, no tiene secuelas, es una superviviente que nos recuerda cada día que para Dios no hay nada imposible. En las cruces subsiguientes que me va presentando la vida, veo a Paloma y confío: estamos en manos de Dios, en las mejores manos, el problema es que no nos lo creemos.
También he descubierto la Cruz, el misterio de la Cruz Gloriosa, como siempre, Él está detrás, liberándonos y abriéndonos con ella la puerta del cielo. Él nos ha traído a este mundo y no nos deja solos, está ahí siempre, respetando nuestra libertad y susurrándonos al oído:
"Te quiero con locura, tanto que he dado mi vida por ti,
y te creé porque te quiero y quiero que seas feliz conmigo eternamente"
Adopción Espiritual Voz Victimas
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