jueves, marzo 26, 2020

¿Cuánto vale una vida?


¿Cuánto vale una vida?
Cuestión de vida
26 marzo 2020
No me parece casualidad que esta tremenda crisis que estamos viviendo haya coincidido con la Jornada por la Vida y con la aprobación en España de la ley de la Eutanasia que nos han introducido a marchas forzadas nada más empezar esta legislatura, marcada por un innegable sesgo ideológico y dictatorial.
La crisis en torno a la vida es muy profunda, y tiene su raíz en el propio concepto del ser humano, en quien es y en que valor tiene su vida y en su dignidad intrínseca, es esto lo que esta en juego.
Las decisiones en torno a la vida, quien vive y quien muere, quien tiene o no derecho a vivir son siempre decisiones que tiene que ver con la dignidad, si cada vida vale lo mismo o hay una serie de criterios que están por encima de esta dignidad : ¿Vale más o menos la vida de un bebé por nacer por el hecho de que sea deseado o no deseado? ¿vale más o menos la vida de un bebé por el hecho de que sea o no discapacitado o enfermo?
Parece que este envite contra el no nacido que muchos ya consideran una batalla perdida, esta dando paso a un nuevo envite, la ancianidad y la enfermedad. Esta crisis esta siendo sin duda especialmente la de los ancianos.
Se esta marginando y abandonando a su suerte a los ancianos y a los discapacitados. Pongamos tres ejemplos
Según los datos del Ministerio de Sanidad del día 22 de marzo los pacientes de más de 80 años, que son el 25% de los hospitalizados, solo son el 7% de los derivados a las UCI y son más del 67% de los fallecidos.
La semana pasada, la Dirección General de Coordinación Sociosanitaria de Madrid envió a las residencias de mayores un documento con el protocolo, dictado por la Consejería de Sanidad, a seguir en cuanto al Covid-19. En ese documento, se indican los pasos a seguir por parte de los centros geriátricos en caso de que acumulen positivos. Este protocolo considera que no se debe mandar al hospital a aquellas personas que, aunque tengan infección respiratoria, no puedan ser independientes en sus movimientos o tengan alguna discapacidad intelectual.
Este miércoles ha habido un intento de agresión a un autobús procedente de Alcalá del Valle, donde viajaba un grupo de ancianos de la residencia donde se había producido un foco de coronavirus, con destino a la residencia Tiempo Libre de La Línea.
No soy médico para juzgar cómo se gestiona un hospital, pero me pregunto quién es el que decide quien vive y quien muere y en función de que criterios se toma esta decisión:
La edad parece ser uno de ellos puesto que mueren los ancianos y mueren los bebes no nacidos, porque parece ser que los abortorios siguen abiertos, debe de ser que es una necesidad prioritaria para el país seguir matando gente. Y por supuesto, ellos no carecen de material sanitario.
La discapacidad física o intelectual y la enfermedad también debe de ser uno de ellos puesto que a cualquier edad son discriminados
No debe de ser criterio que a alguien le importe esa vida o no, puesto que no quiero ni imaginar el sufrimiento de los hijos viendo cómo a sus familiares se les sin atención médica para atender a otros
Me pregunto en que momento empezaremos cualquiera de nosotros a ser una vida de segunda categoría en función de cualquier otro criterio que se decida.
Se me ha venido a la cabeza la película sobre el Titanic, no sé que hasta que punto fiel a los hechos o no, pero el criterio fue “las mujeres y los niños primero”.
Me llama la atención que en la supuesta sociedad “heteropatriarcal” se salvaran primero las mujeres, y esto era porque el valor de la mujer como santuario donde se gesta la vida era innegable, mientras nacieran niños había esperanza, la supervivencia de la especie humana estaba asegurada. Ya no es así, la dignidad de las mujeres ha sido degradada hasta extremos inimaginables por el feminismo marxista y la supervivencia de la especie ya no está asegurada porque en los países occidentales hay más defunciones que nacimientos.
También en el Titanic se salvaron muchas menos personas de las que pudieron por aplicar criterios económicos: primero el no tener botes para todos para ahorrarse costes y segundo porque se priorizaba a los pasajeros de primera clase y hubo botes que salieron a medio llenar. Todo esto suena muy actual ¿verdad?
El meollo de la cuestión es si una vida tiene un valor intrínseco e infinito por el hecho de ser vida humana, porque si es así, no es aplicable ningún otro criterio que la haga de mayor o menor valor según las circunstancias cambiantes.
El valor de una vida, de una sola vida es infinito, su valor es el de la sangre de Cristo, así de sencillo. El universo entero no puede contener al Creador y una persona humana si, con 3 días de concebido o con 90 años, con una enfermedad o sano, productivo económicamente o dependiente.
Y el valor de la vida, no lo trae la democracia, la democracia es una forma de organización del Estado, sin duda de momento la mejor que hemos encontrado hasta la fecha, pero no es la fuente de los valores y cada vez es más evidente que el hecho de votar cada 4 años no implica que la sociedad tenga más valores ni que seamos más libres.
Los valores sobre los que se asienta la cultura occidental son los valores cristianos. Cuando desechamos estos valores en pro de los “nuevos derechos” que no son más que imposición de los deseos de unos pocos sobre los verdaderos derechos de todos, caemos en el abismo de la destrucción.
Como explica Antonio Socci en su libro “El genocidio censurado”, el valor de la persona no la ha traído la declaración de los derechos humanos, ni la revolución francesa, ni muchísimo menos las supuestas ideologías liberadoras del siglo XX, el convencimiento de que todo ser humano es intocable y que nadie puede disponer de su vida y de su dignidad es algo que nos trajo Jesús de Nazaret y que solo Él puede restaurar.
En todas las civilizaciones precristianas ser un humano no era suficiente para tener derecho a la vida, no había respeto para la vida de los esclavos, ni extranjeros, ni neonatos, y de repente ocurrió algo, un cambio radical e impensable, la difusión de que todo ser humano es sagrado.
Evidentemente, cuando la sociedad se descristianiza, cuando se intenta erradicar de las democracias modernas su raíz cristiana se vuelve a los dioses paganos, todo el edificio de la libertad y de la dignidad humana cruje y se precipita hacia la barbarie.
Tenemos un mensaje que transmitir al mundo, un mensaje de Esperanza, la buena noticia del Evangelio de la Vida, que toda vida es sagrada y toda vida tiene un valor infinito, y que ningún criterio ni económico ni de ningún otro tipo puede decidir que una vida valga más que otra. 

MARÍA JOSÉ MANSILLA

Publicado en REL
María José Mansilla es la fundadora y presidenta de la Asociación Spei Mater. Es Licenciada en Ciencias Económicas y empresariales (ICADE) y miembro certificado del Consejo Europeo de Coaching y Mentoring y de la Asociación Internacional de Coaching pastoral. Después de varios años en el mundo de la empresa y la docencia decidió dedicarse en cuerpo y alma a su vocación: la proclamación del Evangelio de la Vida y la Misericordia y la atención a las víctimas de la cultura de la muerte a través de la fundación de Spei Mater, del acompañamiento individualizado y  de la impartición de diversos cursos, capacitaciones (Proyecto Raquel y Proyecto Ángel) y conferencias sobre la implantación de la Cultura de la Vida.

viernes, marzo 20, 2020

La Providencia

La Providencia
por
María José Mansilla, Presidenta de Spei Mater
Hay un refrán que me gusta mucho y que dice “Si quieres hacer a Dios reír, cuéntale tus planes”. Parece ser que existe en otros idiomas porque me sorprendió oírselo a Abby Johnson, directora de una clínica abortista y actual activista provida después de que Dios le abriera los ojos a la maldad del aborto y se encontrará a si misma rezando a la puerta de la clínica de Planned Parenthood que ella misma había dirigido.
La Providencia es un tema capital no solo de nuestra fe sino de nuestra vida y sin ella nos derrumbamos sin solución.
Las personas necesitamos una seguridad, nos genera una inquietud insoportable no saber que es lo que va a pasar, pensar que nuestra vida está en manos de un destino que no controlamos y que nos pueden ocurrir cosas terribles a nosotros y a nuestros seres queridos.
Intentamos buscar esa seguridad en cosas que no son Dios: pensamos que si nos ponemos malos los médicos nos cuidaran, que si nos quedamos en paro la Seguridad Social nos subsidiará, que si tenemos dinero en la cuenta podremos afrontar todos los imprevistos, que si tenemos un buen plan de pensiones tendremos una vejez tranquila y a veces hasta acudimos al tarot y a los horóscopos para saber que va a pasar.
Y de repente nos damos cuenta que todas estas cosas no sirven, que los médicos no lo pueden todo, que nuestro negocio y nuestro empleo está en peligro de un día para otro, que todo lo que habíamos previsto se viene abajo y nuestro mundo se cae al suelo.
Y es que nuestra vida no está en nuestras manos y está muy bien ser previsor, pero finalmente nos chocamos ante nuestra impotencia y nuestra pequeñez.
Solo hay una solución que hace que podamos tener paz y que nuestra casa este construida sobre roca: confiar en la Divina Providencia, saber que todo lo que pasa es permitido por Dios, que Dios nos ama y busca nuestro bien y salvación mucho más que nosotros mismos y que todo lo que ocurre, por desconcertante y doloroso que pueda ser, es parte de su plan amoroso que no comprendemos.
Claro que es más fácil confiar en determinados momentos que en otros. Puede que sea más difícil cuando el dolor de la separación de un ser querido o de una enfermedad nos desgarra el corazón, pero es más necesario y es un bálsamo que los suaviza.
Dice Jacques Philippe, “el principal enemigo de nuestra paz no son las circunstancias externas o el comportamiento de los demás, sino nuestra falta de fe en Dios, que nos hace perder la seguridad de que Él puede obtener un bien de cualquier cosa que nos suceda y de que no nos abandonará”.
Y es que nos gusta mucho hacer planes, nos gusta tener el control de nuestra vida, nos gusta la planificación.
Cuántas veces no se sigue adelante con un embarazo porque no es planificado, porque ahora no entraba en mis planes, o porque no entraba en mis planes tener un hijo con una discapacidad.
Cuántas veces se piensa en la eutanasia porque el estado de mi familiar ya no es el previsto y a veces nos preocupa más lo que vamos a sufrir viéndole a él y no lo que sufre él o lo que es un bien para él.
Tenemos un error de cálculo, que es creer saber lo que nos conviene y lo que no nos conviene, pero solo Dios lo sabe. En el fondo, lo que queremos es ser dueños de nuestra vida y que todo se ajuste a nuestros deseos y no somos capaces de aceptar la voluntad de Dios.
Confiar en la Providencia es preguntarse el para qué de las cosas y no el por qué. Recuerdo siempre el testimonio de unos amigos, padres de un hijo con una discapacidad grave que cuentan como la pregunta diabólica del 'por qué' es una trampa que destruye vidas, mientras que la pregunta para qué nos abre a un mundo de posibilidades.
El ¿POR QUÉ? es una pregunta sin respuesta, que muere en sí misma. Te instala en el pasado, cuando lo que necesitas es fuerza para afrontar el presente y estímulos para abordar el futuro. El por qué se genera en el YO. ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo debo soportar esta cruz?
Y entonces surgió el ¿PARA QUÉ? Ahí sí que había respuestas y todas ellas lanzadas al futuro, respuestas a favor de la unidad, la esperanza y la alegría, respuestas que identifican la acción de Dios en nuestras vidas

Los planes del Señor siempre son mejores que los nuestros por desconcertante que nos parezcan a veces. Pongamos nuestra seguridad solo en Él y dejemos sorprender con cuanto bien puede sacar incluso de estas circunstancias que estamos viviendo tan impensables para nosotros hace apenas una semana.
Publicado en REL
 
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