lunes, diciembre 09, 2013

Después del aborto... (continúa)

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Por Alejandro Ledesma Solórzano

El síndrome post aborto tarde o temprano termina por revelarse también al padre y produce en muchos casos depresión, tristeza, sensación de vacío, etcétera.

  Después del aborto para muchas mujeres (no para todas) que biológicamente fueron madres en ese determinado tiempo les es doloroso por haber provocado la muerte de su hijo, pero también lo es para los padres quienes se sienten culpables en cierto modo por no haber evitado el asesinato o incluso por haber obligado y participado en el acto.

Aunque mucho se “argumenta” de que el síndrome pot aborto es un mito y que no se presenta en las mujeres que lo han practicado, también se ha dicho que es falso el manifiesto de este en los hombres.

Pero ¿a caso el bebé no era también su hijo? Aunque no estuvo en sus entrañas, sí iba a portar su sangre, genes, rasgos y quizá mismos ojos, pelo o boca con la que aprendería a decirle “papá”.

“Mi hermano menor fue quien evitó el que yo obligara a mi novia a abortar, yo no quería ser padre puesto que aún era inmaduro e irresponsable, ya que ni trabajo tenía y mis padres no del todo me apoyaban. Afortunadamente mi hermano, a quien le agradezco infinitamente me hizo entrar en razón y me motivó para enfrentar mi más bella responsabilidad.

“Para mi sorpresa y la de mi pareja tenemos dos gemelos, a quienes amamos mucho, yo trabajo y puedo decir que la economía no es un problema porque lo básico no les hace falta, además mis amigos y familiares me ayudan por mera atención a salir adelante con lo que necesiten mis hijos; quizá si yo hubiera obligado a mi pareja a abortar, en estos momentos no estaría compartiendo mi testimonio, no creo hubiera podido cargar con el sentimiento de culpa”, relata Héctor de 23 años, quien asegura estar arrepentido de considerar por un momento el aborto como salida “fácil”.

Por otro lado, la terapeuta Carmen Aguilar Padilla, especialista en el tema señala que muchas veces las parejas jóvenes ven al aborto como la mejor salida a los problema, “pero el síndrome post aborto tarde o temprano termina por revelarse también al padre y produce en muchos casos depresión, tristeza, sensación de vacío y un gran complejo de culpabilidad”.

Aguilar Padilla, quien ofrece tratamiento y terapia para estos casos indicó que el hombre como la mujer intentan olvidar, encubrir la culpa sumergiéndose en activismo para no pensar, “pero la conciencia encuentra el resquicio para inquietarlo en momentos de soledad.

Recomendó que cuando el hombre se da cuenta de lo que ha perdido y acepta la responsabilidad de su participación o su omisión culpable, debe buscar apoyo para superar el síndrome post aborto (SPA).

Estudios revelan que al involucrarse un hombre en un aborto, le crea síntomas de depresión y ansiedad, sobre todo por no haber podido salvar la vida de su hijo. Además, se garantiza que con tratamiento psicoterapéutico se puede llegar a cerrar la herida, pero siempre va a quedar la cicatriz. O sea, el recuerdo de lo que para él resultó ser una tragedia en vez de una gran alegría, lo que hubiera sido posible si hubiera tenido a su hijo.

Aguilar Padilla enfatiza que el hombre y la mujer deben ser responsables de sus acciones, sobre todo cuando dependen de ellas la vida de un inocente.

Por su lado, el doctor Esteban Rodríguez Martín, miembro de Ginecólogos por el Derecho a Vivir, reflexiona sobre el hombre frente al aborto, alternativas para la mujer sobre el papel que el padre juega en el aborto y su repercusión para la mujer y la dinámica familiar.

En su análisis precisa las causas y consecuencias del aborto para la mujer y también en relación con el hombre, "del que nunca se habla":

En todo aborto provocado o terminación feticida de la gestación, hay un ser humano que muere, otro ser humano que mata y una madre que sufre las consecuencias de participar en la muerte de su hijo. Pero además hay un padre, del que nunca se habla. 

Lo que comprobó en su actividad clínica es que el único mensaje que una mujer deseaoír de su pareja ante un embarazo imprevisto y el único que verdad le da paz, le quita el miedo y le permite dormir: ‘yo te quiero a ti y a nuestro hijo, y no te preocupes porque yo estoy aquí contigo y voy a defender a mi familia'." 

En nuestra experiencia el 80 por ciento de las mujeres a las que se les ofrece ayuda deciden seguir adelante. 

El síndrome postaborto también lo sufren los hombres. Incluso se constata que hermanos, otros hijos y madres que aconsejaron abortar a sus hijas, también lo sufren. 

Este es un tema que como señala la especialista, debe ser abordad por la pareja (hombre y mujer). Recordemos que la muerte noes la mejor vía: difundamos, apoyemos y informemos al respecto.



lunes, noviembre 25, 2013

Después de aborto…



Por Alejandro Ledesma Solórzano

El aborto, además de ser lamentable y doloroso en todo sentido, es un acto reprobable del ser humano. No hay situación que justifique esta acción: ni por evitar o posponer la maternidad, por condiciones socioeconómicas, problemas en la relación, motivos de salud, violación o simple ignorancia, ¡no la hay!, puesto que abortar, simple y concretamente es asesinar.

Después del  aborto ¿qué hacer?
Y es evidente el número de abortos que año con año se dan en todo el mundo, especialmente en  países donde cometer este crimen no es penado. Las cifras reportan miles de casos de madres que optan por privar la vida al hijo que llevan en las entrañas, pero, ¿qué se puede hacer después de cometer esta barbarie?

Más que juzgar a quien comete un aborto, se debe dar el apoyo necesario para que la mujer comprenda el por qué de su dolor, pida perdón por su acto y salga adelante con su vida y la nación.

De acuerdo con María del Carmen Aguilar Padilla, especialista en temas de rehabilitación post aborto e impartidora de terapia psicológica; existe un motivo importante que responde al dolor después del aborto.

“El dolor surge porque la maternidad y el perpetuarse a través de sus hijos es inherente a la mujer. Es un deseo muy íntimo que se guarda en el corazón de cada mujer y viene fuertemente impreso en el alma”, señala en su guía de orientación “¡Abortaste! Al rescate de ti misma”.

La especialista en atención del síndrome post aborto indica que es importante distinguir los dos tipos de aborto: “el espontaneo o el involuntario que sucede ya sea por causas naturales o por un accidente, y el provocado intencional que por voluntad propia se recurre a ciertos medios para expulsar al bebé del vientre materno”.

Aguilar Padilla quien es vicepresidenta del vicepresidenta del Instituto Para la Rehabilitación de la Mujer y la Familia A.C, (IRMA) precisó que las consecuencias de un aborto son graves y complejas, “por un momento creíste haber escapado de un problema, pero la realidad es que ahora estás más hundida que nunca, tu problema es grande. Te has quedado vacía y a obscuras, cambiaste una historia de vida por una de muerte; nadie te acompaña en tu duelo, te has quedado muy sola y con una herida muy profunda”.

Respecto al síndrome post aborto, estudios arrojan que éste suele aparecer tardíamente, pasados meses e incluso varios años desde que el aborto fue ocasionado.

Las manifestaciones más frecuentes van desde: depresión, ansiedad, rabia, vergüenza, rechazo de sí misma y gran sentimiento de culpa. Además, se ha comprobado que si la mujer padecía algún trastorno mental previo o bien tenía una cierta predisposición a padecerlo, el aborto suele agravarlo o desencadenarlo.

Por otro lado, vidahumana.org recomienda seis pasos hacia la sanación posterior al aborto, recordemos que el perdón y el arrepentimiento ante Dios es necesario.

Admitir ante Dios su participación, ya sea por acción u omisión, recordando que Dios todo lo perdona. Se sugiere hablar con un sacerdote y confesar. Si necesita ayuda adicional, dirigirse a un psicólogo cristiano si es posible.

Darle un nombre a su hijo y visualizarlo en los brazos de Dios Padre. Decirle lo mucho que lo ama y lo arrepentido que está por lo sucedido. Esto le ayudará a reconciliarse con él (o ella) y consigo mismo.

Pedirle perdón a la madre del niño (si se le obligó o inclinó hacia el aborto). Si la decisión fue sólo de ella, perdonarla.

Perdonar también a todas las demás personas que estuvieron involucradas en el aborto, de una manera u otra.

Si es posible, realizar algún tipo de labor voluntaria pro vida, que ayude a reparar el error cometido.
Continuar orando y recordar, que buscando la felicidad de los demás se obtiene la propia.

Aunque no es un acto aplaudible, el aborto puede ser más doloroso de lo que imaginamos, ayudemos a toda aquella que lo provocó y evitemos que otras más lo hagan. Quizá unas palabras para concientizar salven la vida de un pequeño

Soledad, tristeza, sentimiento de culpa y otros malestares emocionales se manifiestan después del aborto. Para muchas mujeres, el dolor físico y psicológico es grande e insoportable, llevándolas a una fuerte depresión, e incluso orillándolas al suicidio.

Consecuencias aborto voluntario
Esta carga emocional posé el nombre de síndrome post aborto, el cual afecta fundamentalmente a las mujeres que han abortado, pero también llega a presenciarse de distinta forma en el padre y en el practicante, así como en todo aquel que de algún modo participo en el asesinato. Además quienes también sufren son los niños y abuelos que han perdido a un hermano o a un nieto a través de esta terrible practica.

A pesar de que campañas pro abortistas se han dedicado a negar y subestimar los efectos psicopatológicos y de más consecuencias, la ciencia admitido la existencia de secuelas posteriores a los abortos voluntarios.

Carta anónima

Nunca terminaré de pagar este error
“Estoy muy confundida con respecto a lo que paso algún tiempo, me provoqué una succión uterina, yo en ese momento no lo deseaba y en mi mente sólo estaba el hecho de abortar a como diera lugar. 
“El papá del niño no sabe nada porque sé que de enterarse le destrozaría la vida yo lo quiero pero no me sentía preparada para una responsabilidad así, hoy me arrepiento y me gustaría regresar el tiempo y pensar más las cosas por mi maldito carácter alebrestado me hace a veces tomar decisiones muy estúpidas. 
“Tengo miedo a muchas cosas, a quedar estéril, a no ser capaz de perdonarme nunca a que Dios me castigue yo no le puedo decir a él lo que hice porque me odiaría y si el se aleja de mí perdería gran parte de mí ayúdeme por favor, nunca terminare de pagar este gran error”, señala el testimonio.

Por otro lado, la terapeuta Carmen Aguilar Padilla, especialista en el tema explica que primero creen que escapan de un problema y que se han librado de un error, “después se dan cuenta que están más hundidas que nunca”.

Aguilar Padilla, quien ha tratado casos del síndrome post aborto (SPA) indica que las manifestaciones más comunes en aspecto psicológico son las siguientes:

“Complejo de culpa, remordimiento, tristeza, depresión y enojo, son aspectos que de no ser resueltos a tiempo, pueden llevar a problemas psiquiátricos, como son las depresiones mayores como: bulimia, anorexia, incluyendo pensamientos e intentos suicidas que requieren hospitalización”.

Respecto a los problemas físicos, la especialista aseguró que pueden ir desde simples molestias, pasando por la infección, el rompimiento de la matriz y fuertes hemorragias, hasta llegar a la esterilidad y por su puesto el riesgo de morir.

“Estos problemas son donde la mayoría de la gente, especialmente los médicos ponen mayor atención y se les da mayor peso. Pero como el ser humano es todo un complejo, no podemos olvidar los demás aspectos de su ser”, externó.

Consecuencias en el aspecto espiritual

Aguilar Padilla, mencionó que en el aspecto espiritual, al estar embarazada, tu parte más interna e intima (alma y espíritu), se involucraron profundamente con otro ser, “con otro espíritu encarnado dentro de ti y que además es tu hijo, un bebé que tuvo vida y que por consiguiente formaba parte de tu mismo espíritu”.

Agregó que al abortar se rompió ese vinculo, “te mutilaste, ya no hay nadie ahí dentro. Quedó un vacío, un profundo silencio y una gran oscuridad”.

No dudes en buscar ayuda especializada, solamente así podrás salir de esa tormentosa situación.



En España Proyecto Raquel


miércoles, noviembre 20, 2013

Los niños y las imágenes. Subtitulado



Repuestas a las dudas y objeciones sobre la visión de los niños de las imágenes de abortos en sitios públicos.

domingo, octubre 06, 2013


6½ semanas de embarazo FUR
4½ semanas desde la fecundación
http://es.ehd.org/widget2.php?movie=1&nobuy=1

Más aquí

¡Una imagen vale más!


El pasado 14 de septiembre, durante la conferencia impartida en Logroño por Gregg Cunningham, Director Ejecutivo del Centro para la Reforma Bioética en EE.UU, nos contó que en cierta ocasión copió el reportaje que publicitaba a una clínica abortista de su país. En el punto donde se decía alguna mentira, él insertó imágenes de lo que es un aborto real. Cuando divulgó su vídeo para informar a la opinión pública estadounidense, la clínica lo demandó. Gregg ganó ese juicio y, hasta ahora, todos los relacionados con sus acciones pro-vida.

Nos puso el vídeo. Fue estremecedor. Algunas personas, horrorizadas, apartaban la vista de la pantalla. Yo la mantuve fija, presa de la vergüenza, la indignación y el dolor. Si alguien vuelve a negarme la atrocidad de un aborto, podré decirle: “¿Tú has visto alguno? Yo sí. Ni te atrevas a decirme lo que NO ES arrancar a un niño de las entrañas de su madre. He visto recoger su cuerpecito mutilado en una palangana metálica, pasarlo en una sábana para comprobar que estaba completo y tirarlo a la basura”

Greg insistía en esta idea fundamental: ninguna injusticia ha sido vencida mientras era desconocida. Tiene que dolerle a la sociedad para que esta reaccione. Las palabras, por sí solas, no son suficientes para provocar el cambio: ocultan parte de la verdad. Las representaciones visuales son imprescindibles para restaurar el verdadero significado de este mal tan inexplicable, sistemáticamente encubierto por las empresas interesadas, muchos políticos y parte de la sociedad, con expresiones como “solución menos dañina”, “mal necesario”, “decisión responsable”, “no es un niño”, etc. Llama la atención que la prensa utilice siempre el recurso de la imagen, menos cuando se habla del aborto.

El movimiento antiesclavista británico, o el de los derechos civiles de los negros americanos, no despegaron hasta que se publicaron los primeros grabados reflejando los abusos practicados contra los esclavos, o el rostro de las víctimas de los linchamientos racistas; el holocausto nazi, el genocidio de Camboya o el de Bosnia, necesitaron fotografías y vídeos para que las sociedad conociera y condenara el horror que vivían las personas afectadas. Por el número de víctimas y por la selección de estas que se hace, el aborto es un genocidio que debemos combatir.

Aunque el “derecho de persona” es un estado legal según el cual la sociedad concede o niega derechos a tenor de los valores que promueven sus políticos y que conforman sus leyes, la humanidad del niño -cosa distinta al derecho de persona- está fuera de discusión incluso para la comunidad científica.

Gegg Cunningham advirtió a movimientos pro-vida, iglesias, medios de comunicación, y ciudadanos en general: “si ocultáis estás imágenes, si ocultáis el rostro de las víctimas, contribuís a esta inmensa injusticia”.

Exhibir fotos de fetos y embriones humanos abortados no induce a la violencia contra los pro-abortistas; sin embargo, sí resultaría inmoral, pedir a los movimientos pro-vida que cedan en sus esfuerzos por ganar derechos constitucionales básicos y por contar a la opinión pública la verdad completa del aborto.



Conferencia en Madrid



El desarrollo embrionario puede verse en su web EHD

jueves, junio 20, 2013

Recuerdos del niño que no nació


miércoles, junio 19, 2013

Cinco pasos para sanar las heridas del aborto

Manfred Müller, editor de la revista Medizin und Ideologie ("medicina y ideología"), una asociación de médicos pro-vida en Europa de habla alemana, es el autor de un pequeño libro de 40 páginas, Fünf Schritte - die Heilung der Abtreibungswunden ("Cinco pasos para sanar las heridas del aborto"), pone de manifiesto formas de curar el "Síndrome post Aborto" (Abreviatura en Inglés "PAS", en español SPA). 

Tres preguntas a este especialista de literatura y que también es teólogo


ASME: Sr. Müller, qué actitudes se debe evitar con las mujeres que han tenido abortos?
Manfred M. Müller: En primer lugar, los juicios de los que lo saben todo, y segundo, igualmente devastador, la palabras tranquilizadoras sin limite. Y aquí está el porqué.
Ninguno de nosotros sabe la historia de las mujeres que tienen abortos, ni los hombres. ¿Qué heridas hay en sus vidas? ¿Cual a sido el detonante, empujándoles a este mortal corto-circuito que es el aborto? ¿Cual han sido las presiones o egoísmos, los móviles decisivos?
Sin embargo, no podemos concluir que es necesario minimizar el aborto. El hombre o mujer, saben muy bien, en el fondo, que su decisión es errónea.

¿Cuáles son las resistencias que deben renunciar la mujeres afectadas al SPA, para ir hacia su sanación?
La represión, la proyección y la justificación. 
La represión puede ser tan violenta que una mujer sin duda recordará otras operaciones, pero no un aborto; aunque sea solo de un año. La proyección significa el hecho de descargar en los demás su propia responsabilidad. La justificación, en actuar a la ofensiva: se defiende, se aprueba alto y claro el aborto bloqueando de inmediato cualquier confrontación con lo vivido.

¿Qué pasos debe afrontar una mujer afectada por  SPA para su curación?

1. La mujer tuvo que decir sí a su sufrimiento. Este sufrimiento no se oculta o reprime. La mujer admitió que el sufrimiento tiene que ver con el aborto.

2. La mujer le llama por su nombre a lo que pasó. El aborto no es una interrupción voluntaria del embarazo, sino el asesinato de su hijo.

3. La mujer confiesa su culpa. Puede que haya sido sometida a una gran presión cuando acepto abortar. Pero es necesario que la mujer diga que también es responsable de la aborto.

4. La mujer quiso la reconciliación. La reconciliación con su hijo muerto. La reconciliación con los que la empujaron a abortar. Pero también la reconciliación consigo misma, y la reconciliación con Dios, el Creador de la vida, a través del arrepentimiento y la confesión.

5. La mujer elige la vida. Durante el aborto, resultó que apagó la vida de un niño no nacido. Ahora la mujer entiende que la vida es un regalo que ahora elige la vida, que antes negó.

El aborto no resuelve los problemas, sino que crea unos más grandes. Y esto es especialmente para la mujer que no sirve para nada de minimizar y de desdramatizar las consecuencias del aborto. Muy concretamente, ASME proporciona asesoramiento y ayuda para encontrar una solución que permita mantener con vida a los niños y preservar las mujeres de las pesadas consecuencias del aborto.

 Fuente ASME

miércoles, junio 12, 2013

La sanación de las heridas desde el amor de Jesucristo

María José Mansilla, directora nacional de Spei Mater, nos habla de cómo la Divina Misericordia perdona y cura el corazón de todos y en especial relación con la sanación de las heridas producidas por el aborto. Muy interesante para todos.


Capacitación del Proyecto Raquel en la Argentina

 Durante los días 18,19,20,21 del presente mes tendrá lugar la capacitación del Proyecto Raquel, para el acompañamiento pastoral de sanación y reconciliación postaborto.

Está dirigida a sacerdotes, voluntarios y colaboradores de GRAVIDA, la red de CAMs de Argentina.
Para obtener mas informacion pueden escribir a capacitacion.praquel @ gmail.com 


«Queremos llevar el "aceite del consuelo y el vino de la esperanza»  a esos corazones heridos y desconsolados en la búsqueda de la paz y perdón, con la convicción de que es el mismo Señor que sana cuando abraza con su misericordia.

Grávida 2013


viernes, junio 07, 2013

Mantener el derecho al aborto es sostener la corrupción del Estado

Mons. Reig: «Mantener el derecho al aborto es sostener la corrupción del Estado»


Parece mentira que cueste tanto derogar la ley actual del aborto que consagra como bien jurídico el “derecho” a destruir una vida inocente en el seno de la madre. Ante el retraso, en la anunciada derogación de esta ley, y la supuesta incertidumbre del partido que sustenta al gobierno de la nación, se ha desatado otra vez toda la maquinaria de propaganda pro-abortista, utilizando, como siempre, casos límite para manipular los sentimientos de las personas y generar confusión.

Analicemos brevemente el engaño de los eslóganes a favor del aborto y, en general, la manipulación del lenguaje que se utiliza. Cuando hablamos del aborto, ¿se trata de una ‘interrupción’ del embarazo? No. El aborto procurado es la eliminación de un ser humano inocente. ¿Se trata de una cuestión de salud reproductiva o sexual? En absoluto. El aborto no cura nada, sólo destruye. ¿Se trata de afirmar el derecho de la madre a decidir? Tampoco. La madre tiene derecho a decidir aquellas cosas – entendemos que buenas – que afectan a su vida personal, pero no tiene derecho a matar a nadie por el hecho de llevarlo en su seno. Pero ¿y si el feto es un agresor – como algunos aseguran con falsedad – contra la salud de la madre? El hijo concebido y no nacido es siempre inocente. Nunca es un agresor y merece acogida y respeto, y más dada su precariedad e indefensión. 

Nada debe hacerse – ni como fin ni como medio – que atente directamente contra él. Ahora bien, siempre que se cumplan los pertinentes criterios, se podrá intervenir con los tratamientos legítimos que correspondan, para curar a la madre, aunque se produzca – indirectamente y sin pretenderlo –, la muerte del hijo. [Cuando hablamos de ‘los pertinentes criterios’ para intentar la curación de la madre nos referimos a los siguientes: que la acción en sí misma – prescindiendo de sus efectos – sea buena o al menos indiferente; que el fin del agente sea obtener el efecto bueno y se limite a permitir el malo; que el efecto primero e inmediato que se sigue sea el bueno; y que exista una causa proporcionalmente grave para actuar]. En todo caso, nada impide que la madre renuncie a tratamientos legítimos por salvar la vida de su hijo.

Hechas estas aclaraciones vayamos al núcleo de la cuestión. Cuando hablamos de la vida humana concebida ¿hablamos de un ser humano? Por supuesto. Afirmar lo contrario supone prescindir de las evidencias científicas. Entonces ¿cuál es la razón para continuar afirmando el derecho al aborto? A mí modo de ver dos son, al menos, las razones. En primer lugar se trata de prolongar la misma ceguera espiritual que llevó a mantener la esclavitud como buena durante siglos. En segundo lugar se trata de afirmar un concepto de libertad perverso, despótico e insolidario. Mantener el derecho al aborto es sostener la corrupción del Estado. Si se puede matar al inocente indefenso, toda corrupción imaginable es posible y podría ser garantizada como «derecho».

La mujer no debe caer en este engaño. Ella también es víctima del aborto y merece el apoyo y la estima de toda la sociedad. La verdadera ayuda a la madre es sostenerla en su embarazo y ayudarla en la crianza de los hijos. Así pasaríamos de la cultura de la muerte a poner las bases para la civilización del amor.


+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares

lunes, mayo 27, 2013

Lo hombres y el aborto, un silencio impuesto




Cada año, desde 1974, se celebra en Washington la "Marcha por la vida" un acto reivindicativo en el que se pide la revocación de la ley Roe vs. Wade, por la que se legalizó el aborto en Estados Unidos en 1973. 

Desde no hace mucho tiempo, Chris Aubert participa en esa marcha o en la marcha que se hace en su localidad. Lo hace consciente de lo que vale una vida después de darse cuenta de que, en lugar de los cinco hijos que le hacen inmensamente feliz, esa cifra podría ser de siete. En 1985, su por entonces novia le dijo que estaba embarazada y que iba a abortar. Él le dio 200 dólares y se marchó a ver un partido de béisbol. En 1991, la historia se repitió con otra novia. "Era totalmente irrelevante para mí", cuenta en su blog. Él creía que aquello no repercutiría en su vida, pero, un día, en la consulta del ginecólogo, viendo, con su actual esposa, una ecografía de uno de sus hijos -esta vez sí deseado-, sintió una punzada en el pecho, un arrepentimiento profundo por lo que había hecho. "Si pudiera volver atrás, salvaría a esos niños", confiesa; "Hay una mancha que no se irá de mi alma".

Sobreproteger o destruir

Vicky Thorn es activista provida desde antes de que existiera el movimiento como tal. Es la fundadora del Proyecto Raquel, que ayuda a las mujeres tras un aborto provocado. También a los hombres, aunque asegura a Misión que las secuelas de esta práctica en ellos son aún "un tabú, porque se considera al aborto como un asunto de mujeres". Tras no permitir el nacimiento de un hijo, Thorn describe una doble reacción en los hombres: por un lado, están los que, al tener hijos deseados, se vuelven sobreprotectores y viven en constante angustia por que les suceda algo. Por otro, se encuentran los que han pasado por un infierno de alcohol, drogas, adicciones sexuales y autodestrucción. La experiencia de Thorn es que, tras la pérdida, el varón pasa por la ira, la rabia, la frustración, el sufrimiento profundo, el arrepentimiento y la tristeza. "Les cuesta aceptar que han mirado hacia otro lado", afirma. A estos sentimientos se une la vergüenza por haber permitido que les arrebataran a sus hijos, a los que debían de haber protegido.

Otra de las ideas que apoya esta pretendida desvinculación del hombre de la paternidad es la de que "se trata del cuerpo de la mujer y por eso ella debe decidir". "Un embarazo es cosa de dos y hay que hablado, más incluso si es inesperado. No se puede dejar al hombre de lado", asegura Samuel, que, dentro de apenas cuatro meses, se convertirá en padre a los 20 años de edad. Ni sus padres, ni los padres de su novia, ni su novia, ni él trabajan. Aún así, estamos todos muy contentos. En mi familia, nos gustan mucho los niños, y yo quería tener hijos, aunque no tan pronto", concluye. Les preocupa el futuro, y por eso acudieron a Red Madre. Desde esta organización les procurarán todo lo necesario para que a su pequeño no le falte de nada.

Pero la mentira sobre el papel del hombre en la procreación se extiende como una mancha de aceite. En ese pilar se apoyan muchos de los abortorios para esgrimir sus argumentos, cimentados desde una profunda visión feminista. Sin ir más lejos, una visita a la página web de la clínica Dator nos da la respuesta. En su apartado "Hombre y aborto", la primera frase reza así: "Es la mujer quien debe tomar la decisión final sobre tener o no un aborto".

Ondina Vélez, médica y miembro del Instituto CEU de Estudios de la Familia, afirma que los hombres se sienten muy heridos tras el aborto, de tal forma que, en muchos casos, incluso pueden no volver a retomar la relación con su pareja: "En muchos matrimonios y parejas, la actitud más frecuente es que los hombres se encuentren expectantes y aceptan la decisión de ellas, precisamente porque sienten que 'el aborto es cosa de mujeres' y que ellos no tienen derecho a opinar". Por ejemplo, dos de los varones que ha atendido Ondina en su consulta no estaban de acuerdo con deshacerse del hijo que venía en camino. "Al poco tiempo, rompieron la relación con sus parejas", apostilla Vélez.

Son los que, o miran para otro lado, o inducen a la mujer a cometer un aborto. Parece que no se pueden desvincular de esa "mala prensa". Sin embargo, también son víctimas de un entorno que muchas veces les presiona. Como dice Thorn, "fueron animados a permitir que ella eligiera, cuando en realidad ellos querían ser padres". 

Para más información: redmadre.es proyecto-raquel.com 
Leído en  revistamision.com 

domingo, mayo 19, 2013

Lidia Esther: Cada vez que veía a un niño pequeño por la calle, me estremecía


"Abortar a mi hijo me llevó al pozo”, cuenta Lidia Esther, tinerfeña de 33 años. Un pozo de angustia que le condujo a la separación, la droga, la pérdida del trabajo, la desesperación. Abortó al feto de dos meses en 2007, cuando ella tenía 27 años, y desde entonces no levanta cabeza. 

“No es cierto que el aborto no deja huella, como dicen algunas. No hay día que no recuerde aquella terrible experiencia. Acabar con mi hijo me hizo muy desgraciada”, afirma Lidia Esther. La joven llevaba cinco años viviendo con su novio y tenían pensado casarse, cuando ella se quedó embarazada. “Teníamos trabajo los dos, económicamente no estábamos mal, el feto no tenía malformaciones. Y vivíamos una vida de lujos: hoteles casi todos los fines de semana, ropa de marcas, fiestas. Pero mi pareja me obligó”. Motivo: aún no estaba preparado para ser padre. Lidia se dejó convencer y pasó por el quirófano. 

“Para mi fue un mero trámite”, relata. A los dos meses se casaron. “Si en ese momento me hubieran preguntado si el aborto era bueno, les hubiera dicho que sí, que era un derecho de la mujer (nosotras parimos, nosotras decidimos). Si me hubieran hablado del síndrome post-aborto me hubiera reído. Me sentía bien, creía ser feliz, pero no era así”. Nada más casarse empezaron los problemas. 

“La relación se convirtió en un infierno. Yo empecé a odiarle a él y él a maltratarme. A los pocos meses, nos separamos”. Lidia entró en depresión y su vida comenzó a deslizarse por un tobogán sin fin. “Perdía los trabajos, me metí en drogas, tenía relaciones sexuales sin control. No veía salida por ningún lado”. Está convencida de que la causa de todo aquello era el aborto. “Cada vez que veía a un niño pequeño por la calle, me estremecía”. Lidia perdió las ganas de vivir y “en tres ocasiones intenté quitarme la vida”. El infierno se prolongó durante casi seis años. Hasta que su madre la llevó a un sacerdote de su parroquia. “Yo no era religiosa, pero mi madre insistió”. El cura fue “la única persona que me comprendió y no me juzgó”. 

Lidia Esther experimentó la necesidad del perdón y la angustia fue cediendo poco a poco. Pero “seguía sin asumir la carga del aborto, hacia esfuerzos por borrarlo de mi vida”. Empezó a asumirlo cuando se introdujo en la vida parroquial: “Me relajaba, me hacía sentir querida y perdonada”. Pero el gran paso lo dio, cuando una psicóloga le recomendó que fuera a una concentración en contra del aborto. “Fui a apoyar -cuenta Lidia- lo que no sabía era que esa mañana mi vida cambiaría de verdad”. 

"Me sinceré con una chica; y esa conversación me hizo ser consciente de que lo malo que me había pasado era consecuencia de todo eso. Me habló del Síndrome post-aborto y todo cobró sentido. Lo primero que hice a partir de ahí fue confesarme de este gran pecado que había cometido”. Más tarde, estuvo en el Santuario de Medjuroge, donde se confesó. “No te acabas de quitar de la cabeza que has acabado con la vida de tu hijo, pero una vez te has reconciliado con Dios, piensas que está en el Cielo”. Lo llama Iván y habla con él. “Recé a la Virgen y salí de allí con la satisfacción de que mi hijo me había perdonado. Me dio mucha paz, me sentí querida”. 

A partir de ese momento, “supe que debía ayudar a que nadie más pasara por lo que yo he pasado”. Ahora ha vuelto a trabajar y se siente diferente. Colabora con grupos pro-vida y ha participado en varios “rescates” de chicas que iban a abortar. “Les digo que acabar con el hijo no es la solución”. Algunas se convencen y otras no, pero “ninguna de las que han decidido seguir adelante, se ha arrepentido de tener al niño”. Cree que no basta con reformar la actual ley del aborto. 

“Si volvemos a la ley anterior, se salvarán vidas, pero la ley antigua era un coladero y tampoco es la panacea”. Lidia Esther cree que el riesgo psíquico era una excusa, y que ni siquiera las malformaciones son razón suficiente para abortar. “Creo que si mi feto hubiera tenido malformaciones, yo habría seguido adelante”. Pero los médicos recomiendan hacerse pruebas y más pruebas a las embarazadas para detectar malformaciones.  “Pienso que no es motivo para acabar con una vida. Además, una persona con malformaciones puede ser un bendición”. Sabe de lo que habla: tuvo una hermana con parálisis cerebral, que falleció a los 35 años. “Te cambia la vida, te hace valorar lo importante”. Defender la vida no es asunto de derechas, ni de izquierdas, asegura, ni tampoco de ser o no religioso. Aunque añade: “si todos fuésemos más religiosos no abortaríamos”. “Nadie tiene derecho a matar a nadie. Aunque yo no soy quien para juzgar a nadie”.

Alfonso Basallo en Época 19-05-13