martes, noviembre 09, 2021

Psicosis social y colectiva y salvación de Cristo II

 


Como adelanté la semana pasada voy a seguir con el análisis del vídeo sobre la psicosis colectiva e individual en esta segunda parte del artículo, en la que aún no voy a entrar en la solución, que como ya apunte en el anterior artículo la del vídeo se me queda muy corta. Se queda corta porque el hombre no se puede salvar a sí mismo, necesita redención y el único redentor es Cristo, fuera de eso puede haber ideas más o menos acertadas, pero no dan una respuesta integral al sentido de la existencia humana ni son capaces de salvarlo.

Primer punto importante: la perversidad de las ideologías

“La ideología es la que le da al mal su justificación y al que perpetra el mal la determinación necesaria para actuar. La ideología es el marco teórico que hace que sus actos parezcan buenos en lugar de malos tanto a sus propios ojos como a los ojos de los demás y de forma que en lugar de recibir reproches o insultos reciba alabanzas y honores.” Aleksandr Solzhenitsyn

La ideología es la clave que justifica los actos más malvados. La ideología sustituye a la realidad, dejamos de vivir en la realidad, es decir, en la verdad y pasamos a vivir en la mentira.

En la definición de Aleksandr hay algo que me recuerda mucho, muchísimo al Génesis: “hacer que los actos parezcan buenos en lugar de malos”. Este es el pecado original de nuestros padres, que el hombre decida al margen de Dios lo que está bien o mal, que no es otra cosa que el relativismo moral imperante y que tan a menudo se nos cuela sin darnos cuenta.

Decía Joan Manuel Serrat en una canción “Dios echó al hombre del Edén por confundir lo que está bien con lo que le conviene” No está mal, aunque más acertado sería decir “lo que cree que le conviene, pero le destruye”.

La ideología es muy poderosa y puede hacer que pensemos lo contrario a lo que nos dice toda evidencia, toda racionalidad y todo aquello que nuestra propia naturaleza nos dice. Cuando una mujer se queda embarazada la evidencia, la razón y la naturaleza le dicen que esta embarazada de un hijo, pero la ideología inoculada la hace convencerse de que es su derecho ( ). Una ideología puede convencerme de que un hombre puede ser mujer, o una mujer, hombre o que determinado tipo de personas, como los no nacidos, no son humanos, de que para salvar el planeta hay que aniquilar a la mitad de la población o de cualquier otra cosa por absurda y aterradora que nos pueda parecer a priori.

Cuando estamos esclavizados por una ideología es muy difícil sacarnos de ella, puesto que en cuanto llega una información que no encaja en la narrativa oficial inmediatamente es desechada y la persona que la afirma vilipendiada y perseguida. La Verdad llega y nosotros la rechazamos, el Redentor llega y nosotros le crucificamos.

Segunda cuestión importante: lucha opresores-oprimidos

Desde siempre nos ha gustado echar la culpa de todos nuestros males a otro, es más fácil, nos sentimos mejor, y podemos elegir una cabeza de turco que cortar y tema solucionado o, por lo menos, eso nos parece.

Así pues, el poder nos divide en opresores y oprimidos, y nos propone como respuesta única la hostilidad, la venganza contra el grupo enemigo es un acto ejemplar. Humillar, perseguir e incluso asesinar al supuesto opresor no solo no es malo, sino que es motivo de orgullo. Supongo que les sonara familiar, y que ustedes sin arte ni parte sean parte de esos opresores, porque son varones, de raza blanca, católicos, españoles…. Sí, sí, son todos ustedes unos opresores natos, y yo también, aunque no se sea varón.

Jesucristo es Camino, Verdad y Vida. Las ideologías pasan, las personas mueren, pero Él es el mismo ahora y siempre. Por atribulados que estemos ahora mismo en la Iglesia, y vaya sí lo estamos, puesto que nos hemos adherido a la ideología dominante dejando al Evangelio, Él nos prometió que el poder de la tiniebla no prevalecería, y yo la verdad, le creo.




jueves, noviembre 04, 2021

El buenismo, nuestra perdición

El otro día estuve oyendo a unos jóvenes hablar. Jóvenes buenos y cristianos. Nada que objetar, pero se me ocurrieron varias reflexiones sobre la fe que les hemos transmitido los que peinamos canas, o nos las teñimos para estar más guapos, y me hizo recordar también las cosas que me dijeron en el colegio sobre la fe y como lo vivo ahora desde mi experiencia muchos años después.

Pongo por delante que agradezco mucho a todos los que me transmitieron la fe, y que en estos errores me incluyo a mí misma como persona no tan joven y por lo tanto transmisora de la fe. Que no se me ofendan con lo de que los juzgo, no los juzgo, ni a ellos ni a los jóvenes, simplemente comparo, saco conclusiones… en definitiva pienso, porque como dijo Chesterton «en la iglesia se nos pide que nos quitemos el sombrero y no la cabeza» y parece que en esta época de corrección política toda reflexión es juzgar y cualquier pensamiento crítico debe ser erradicado.

  • Mucho darse a los demás, pero poca mística: los tres primeros mandamientos de la ley de Dios, que, además no son los primeros por casualidad, sino por su importancia, son mandamientos que se refieren a Dios, no al prójimo, porque si yo no amo a Dios no puedo amar al prójimo. Entendamos pues lo que es el Amor que da la vida: puedo sentir compasión, puedo sentir afecto, puedo sentir atracción, puedo querer, pero no el amor cristiano porque este viene de Dios y Dios nos pide amarnos como Él nos ha amado, no de otra manera. Puedo ser «solidario» pero cuando las cosas vienen mal la solidaridad se me acaba. «Aunque yo hablara las lenguas de los ángeles… si no tengo amor, nada dice San Pablo. Este es el amor al que me refiero y ese sin vida espiritual no es posible.

Mucho darse a los demás, pero poca ascética. Si yo soy un pecador empedernido no puedo darme a los demás, es una falacia. Si yo soy lujurioso utilizaré al otro como un objeto para satisfacer mi deseo, si yo soy un codicioso pasaré por encima de quien sea necesario para satisfacer mi ansia de riqueza, si yo soy un soberbio humillaré a los demás para seguir alimentando mi ego… y así con todos los pecados capitales. Si yo no lucho contra MI pecado, mi supuesta entrega a los demás es una farsa.

  • Mucha opinión y poco conocimiento y formación. Somos hijos de nuestro tiempo y por lo tanto hijos del relativismo moral sin darnos cuenta. Yo recuerdo mis clases de religión, sentada en el pupitre opinando sobre esto y aquello y sin tener ni idea ni de esto ni de aquello. Parece que no existe la verdad, que no existe en bien y digo más que no existe la realidad, porque todo es según el cristal con que lo mire. Puesto esto se fomenta, opinar de lo humano y lo divino desde una ignorancia clamorosa.

Mucha emotividad y poca profundidad. Recuerdo una canción que cantábamos de niñas con los ojos en blanco «yo siento Jesús que tú amas, yo siento Jesús que te puedo amar...» y la emotividad no es mala, pero es una capa muy superficial de la persona, acabado el sentimiento se acaba todo, y los sentimientos son muy, pero que muy, volubles y muy, pero que muy, manipulables.

Mucha psicología (o pseudopsicología) y poca teología. Recuerdo un retiro al que acompañé a alumnos de 2º de bachillerato. Empezaba a las 9 y terminaba a la 1 del mediodía. A los 12 de la mañana la palabra Dios no había sido pronunciada. Todo era yo me conozco tú te conoces, pero de Dios ni pío. Y así estamos, no conocemos nada de Dios, ni afectivamente ni efectivamente ni intelectualmente. Durante la charla de los jóvenes se dijeron varias herejías, pero no de matiz de doctorado en teología, de primero de catecismo.

Mucho buenísimo y poca realidad: Como no nos conocemos a nosotros mismos porque solo se conoce uno en la mística y en la ascesis, en la lucha contra nuestros «demonios» que decían los padres del desierto, no somos conscientes de que la naturaleza humana es una naturaleza caída, herida por el pecado original, y nos creemos que “tor el mundo er güeno” como decía la película. Pues no, todo el mundo no es bueno, y lo sé porque yo tampoco lo soy. El pecado se redimió con la muerte en la cruz, no con flores, sonrisas y buen rollito.

Como siempre no quiero despedirme sin esperanza. Hay jóvenes cristianos, hay jóvenes dispuestos a dar testimonio de Cristo, hay futuro en la Iglesia, pero ayudémosles a profundizar en su fe para que el demonio no robe esta semilla.




martes, noviembre 02, 2021

Psicosis colectiva e individual y la salvación de Cristo (I)

 

Psicosis colectiva e individual y la salvación de Cristo (I)



De los tropecietentosmil vídeos que recibimos cada día todos por WhatsApp me he fijado en uno en concreto que me ha parecido puede dar lugar a muchas reflexiones «Psicosis colectiva: cómo nuestra sociedad cayó mentalmente enferma (y cómo escapar de este delirio)» de Jorge Benito https://www.youtube.com/watch?v=8Ccpobip-Fs

Por una parte, su análisis de la manipulación de las masas me parece excelente. Después da soluciones para salir de ese esclavitud de la manipulación y del reino del fanatismo ideológico. Aquí su respuesta a mi entender deja mucho que desear frente al análisis anterior, no importa: es que sin Cristo nada tiene sentido y en Él la encontraremos.

Explica primeramente el objetivo: creación de un sistema de tiranía global donde el poder lo abarque todo. No hay policía para vigilar a 6000 millones de personas luego para lograr una tiranía global la batalla esta en el individuo particular, que los individuos pierdan su individualidad y se adhieran a una mentalidad de grupo. Ahí está el quid de la cuestión y la repuesta, la batalla siempre ha estado en el corazón del hombre.

Tres disparadores que el poder usa para manipular al individuo o convertirlo en masa aborregada:

  • Miedo

  • Confusión

  • Deseo de seguridad

El origen es un grave problema que amenaza a la sociedad, ese problema es obviamente fabricado, para inducir el temor a un peligro inminente.

Después se usa la propaganda para confundir al individuo lo cual aumenta el miedo, noticias constantes y contradictorias entre si. Esto se hace a través de «olas de terror», etapas donde la tensión aumenta exponencialmente seguidas de pequeños momentos de relajación seguidos nuevamente de mayor tensión.

Después el poder presenta una única solución al problema y el pueblo le suplica que la aplique. Por supuesto que para implementar esta solución necesita de medidas excepcionalísimas que destruyen la libertad del individuo, pero no importa, porque ya cuenta con el beneplácito de las masas que le suplican que le arrebate sus derechos para acabar con la amenaza inminente.

Hay un elemento más que utiliza: aislar al individuo y restringir sus relaciones sociales, lo cual le hace más susceptible a ser manipulado. Le lleva a un estado de infantilización que le hace ceder el control de su vida y sus decisiones a otros.

Bien, no creo que tenga yo que decir lo evidente de como describe a la perfección la situación actual, pero si apuntar que esto que sucede a nivel colectivo sucede también a nivel individual, que es como he dicho donde la batalla principal tiene lugar.

Me recuerda mucho al proceso de victimización de una víctima de maltrato o de abuso sexual: el arma del miedo, el alternar periodos de violencia y tensión con periodos de paz y hasta de luna de miel, la técnica del aislamiento para someter a la víctima…

Pero me falta una que el autor de no menciona, pero que me parece una de las más importantes si no la más, la inversión de la culpa. El abusador convence a la víctima de que es culpable, es culpable de sus abusos, es culpable de que la tenga que pegar porque su mal comportamiento o es culpable de matar a su abuelo o de la nueva ola.

Sigue comentando que el individuo enajenado no solo no sabe que lo está, que solo sigue los mandatos prefabricados de su colectivo, sino que se siente superior, siente una superioridad moral a los miembros del grupo opuesto, los que están fuera son enemigos que amenazan con destruirlo todo y eso le autoriza a cometer toda seria de atrocidades justificadas por el bien común.

Esta ceguera merece también meditación. Nos preguntamos como una persona puede apoyar el aborto incluso hasta el noveno mes y no solo eso, sino que acusa a los provida de estar en contra de los derechos de la mujer. Esto es la «ceguera de la razón» o, más bien, la ceguera que produce el pecado, es como estar en una secta que te impide ver la realidad. Solo la luz de Cristo nos devuelve la visión, empezando por hacernos ver que estamos ciegos.

Merece la pena también comentar el bien común y los sacrificios por el bien común. El bien común no existe independientemente del bien de todos y cada uno de los individuos. El bien no se contradice, no puede ser bien para uno y mal para otro. El concepto de bien común no es un concepto cristiano y puede justificar cualquier cosa. Las civilizaciones antiguas sacrificaban niños por el bien común. Aunque las modernas también lo hacemos ¿verdad?

Es importante comprender lo que está pasando en nuestro corazón y lo que está sucediendo en la sociedad, pero esto solo es posible desde la luz de Cristo y solo encontraremos una respuesta desde Él. En el próximo articulo seguiré con este tema.


 
Usamos cookies propias y de terceros para ayudarte en tu navegación. Si continuas navegando consideramos que aceptas el uso de cookies. OK Más información